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RUTAS Y Caminos en el México prehispánico

ÍNDICE 81  
DOSIER: Rutas y caminos en el México prehispánico NATURALEZA Y CULTURA:

Arqueología de los caminos prehispánicos y coloniales

La codorniz, animal mítico
De los Valles Centrales de Oaxaca al Golfo de México RITOS MESOAMERICANOS :
Caminos y rutas de intercambio prehispánico Antigüedad y distribución de la danza de los Voladores
Los caminos prehispánicos de Yucatán ARQUEOLOGÍA DE CENTROAMÉRICA:
Tira de la Peregrinación. La migración mexica Pieza olmeca en la Cueva Hato Viejo Olancho, Honduras
Rutas y caminos de los mexicas El jaguar iguana
La conformación del espacio novohispano PIEZA: Quetzalcóatl-Tlaltecuhtli
Veredas y caminos en tiempos del automóvil DOCUMENTO: Códice Vindobonensis núm. 1

Dosier

Veredas y caminos en tiempos del automóvil
Bernardo García Martínez

Muchos de los caminos antiguos, incluidos los prehispánicos, aún se usan el día de hoy. Se les hallará con algunas ligeras modificaciones, probablemente muy erosionados, interrumpidos aquí y allá por la irrupción de caminos más modernos, cubiertos por la mancha urbana de las poblaciones que han crecido a su vera, pero subsistentes en lo esencial.


Los “Corredores” de Hueytlalpan son el resultado de las obras de acondicionamiento de los caminos antiguos llevadas a cabo en la Sierra Norte de Puebla durante la segunda mitad del siglo XIX. Al mismo tiempo se construyeron puentes y otras obras de ingeniería. Caminos como éstos, que durante muchos años fueron objeto de afanoso cuidado por los pueblos que comunicaban, deben considerarse parte del patrimonio cultural de la nación.

Saliendo por la autopista a Puebla, después de la caseta de pago y justo cuando termina el último de los bloques de casas recién construidas, hay que voltear la vista al lado derecho y descubrir como a un kilómetro de distancia un pequeño edificio de color amarillento, con seis arcos, que se alza en una colina paralela a la que sube la autopista. Una pequeña barranca nos separa de ella, pero se cruza fácilmente a pie, si se desea, en menos de media hora. Este edificio es lo que queda de la Venta Nueva, uno de los puntos en que los viajeros que cruzaban del Valle de México al de Puebla durante el siglo XIX pasaban la noche antes de emprender la subida hacia los valles de Río Frío, que en esa época eran tristemente célebres por sus bandidos. La siguiente noche, si nada grave ocurría, la pasarían en otra venta por el rumbo de San Martín Texmelucan. El lugar, que merece ser conservado y protegido, se presta para hacer una reflexión a propósito del contraste entre los caminos antiguos y los modernos, así como para ponderar el valor como patrimonio cultural de aquellos caminos antiguos que aún subsisten.
Los caminos tienen la función de encauzar y facilitar el desplazamiento entre un punto y otro. Si no los hubiera, la mayoría de los movimientos entre poblaciones serían erráticos y requerirían de grandes habilidades para la orientación, como seguramente lo fueron en un principio muy remoto. De hecho, los caminos surgieron precisamente de la experiencia, que fue determinando la ruta más conveniente en función del tiempo, el costo y el esfuerzo necesarios para recorrerla. Desde luego, los primeros caminos fueron diseñados para recorrerse a pie, y para ello bastaba con que fueran estrechas veredas, que libraban las pendientes zigzagueando por cuestas empinadas y cruzaban los ríos (excepto los muy grandes) por vados o puentes de varas. Así eran los caminos prehispánicos, o al menos los caminos ordinarios, excepción hecha de algunas rutas privilegiadas como los sacbeob mayas o las calzadas que enlazaban a Tenochtitlan.
La introducción de caballos y de recuas para el transporte de mercaderías impuso varias alteraciones en los caminos, especialmente en cuanto a su anchura y la forma de afrontar pendientes y cruzar ríos, pero no en cuanto a su disposición básica. Los principales caminos prehispánicos sufrieron modificaciones de este tipo durante la época colonial y se convirtieron en “caminos de herradura”. Más impactante fue la introducción de carros y otros vehículos con ruedas, para los que a menudo hubo que abrir nuevos trazos, con menores pendientes y puentes adecuados. Pero de esto se hizo poco en dicho periodo y menos aún en las zonas montañosas. Los cambios más significativos ocurrieron después, con la aparición de ferrocarriles y automóviles, que dieron lugar a otra dimensión en la geografía de los caminos, especialmente por la tecnología que permitió hacer túneles y viaductos. Del mismo modo, la expansión del poblamiento por diversas partes del país implicó abrir caminos donde antes no los hubo. Pero el criterio básico, el de buscar la ruta más conveniente, subsiste a la fecha, de modo que no es de extrañar que algunos tramos de los caminos más modernos repliquen el trazo de las antiguas rutas que se recorrían a pie.

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Bernardo García Martínez. Doctor en historia; profesor de El Colegio de México. Autor de estudios sobre historia de los pueblos de indios, historia rural y geografía histórica. Ha publicado obras de síntesis sobre la historia y la geografía de México. Miembro del Comité Científico-Editorial de esta revista y guía oficial del Club de Exploraciones de México. Entre las actividades de esta institución, fundada en 1922, se cuentan excursiones en las que se recorre muchas de estas antiguas veredas en todas partes del país.

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La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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