|
La vida humana está
conformada por múltiples procesos y eventos cotidianos
particulares. Estas historias forjan seres humanos únicos
y a la vez permiten descubrir los rasgos compartidos que
los identifican con un tiempo, un espacio y un universo
específicos. Para conocer el devenir de grupos
humanos, la fuente de estudio son principalmente los vestigios
materiales, es decir, la evidencia del medio bioecoarqueológico
en su conjunto.
Asimismo, los restos humanos de contextos arqueológicos
conforman un acervo importante para conocer la vida del
hombre antiguo y su devenir histórico (Sofaer,
2006). Con ayuda de disciplinas como la antropología
(que incluye lingüística, antropología
física, etnohistoria y arqueología), la
paleontología, la geología, la paleocología,
la paleopatología, la antropología forense,
la historia y la anatomía –además
de la participación de médicos, físicos,
químicos, geólogos y biólogos, entre
otros especialistas–, es posible ampliar el conocimiento
del ser humano.
En cada esqueleto quedan las huellas de muchas de las
experiencias individuales y del grupo al que pertenece.
Estos restos representan una parte de la memoria de su
acontecer en una sociedad durante un tiempo y un ecosistema
determinados.
LOS ESTUDIOS
A lo largo del periodo de crecimiento y desarrollo y en
la etapa adulta, la vida en sociedad ejerce su influencia
en la dieta y la nutrición, las enfermedades, el
modo y calidad de vida y la actividad física. Al
mismo tiempo, los huesos y los dientes responden a diferentes
eventos que dejan su registro en estos tejidos. De este
modo, los datos bioecoarqueológicos reflejan la
vida y el transcurrir del hombre de manera continua, incluso
antes que otras fuentes de información como los
documentos. Así, mediante esas huellas se puede
percibir la microevolución, la adaptación,
la susceptibilidad genética, la historia y las
posibles causas de los cambios y transiciones prehistóricas
e históricas que conllevan beneficios y costos
en términos de salud y bienestar, es decir, en
calidad de vida. Asimismo, se pueden analizar el significado
de la variabilidad y las diferencias en el crecimiento
y el desarrollo infantil, las nuevas enfermedades y su
dispersión, los cambios significativos en la dieta
y la nutrición, así como las alteraciones
por la carga de trabajo, las actividades realizadas, la
presencia de violencia, la migración, la afinidad
étnica y el contacto entre grupos. Otros elementos
que se pueden analizar son los diferentes comportamientos
entre hombres, mujeres y niños, relacionados a
su vez con el contexto funerario y el rango de poder en
las relaciones sociales, políticas y económicas.
De la misma forma, se puede conocer el tratamiento del
cuerpo después del fallecimiento y su posterior
alteración (Larsen, 2000).
Comparar muestras esqueléticas permite, a su vez,
plantear hipótesis acerca de lo que estaba pasando
en diferentes regiones, periodos y sociedades. También
se pueden obtener analogías temporales de diferentes
grupos, para examinar transiciones y contrastes entre
periodos o contextos, como ocurre por ejemplo con los
cambios climáticos y los desastres naturales. Asimismo,
se puede conocer el estado de salud de grupos con modo
de vida diferente, como los de entornos urbanos o rurales,
los efectos de la colonización y el contacto entre
grupos y las estrategias de subsistencia, entre otros
aspectos. Por lo tanto, esta perspectiva muestra la evidencia
de la existencia de un ser humano más allá
de un simple esqueleto.
Los vestigios modernos se estudian de manera similar,
para contestar las preguntas que se plantean los antropólogos
forenses y lograr la identificación de personas
y resolver investigaciones criminales.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
_____________________
• Josefina Mansilla Lory. Doctora
en antropología física por la UNAM. Investigadora
de la Dirección de Antropología Física
del INAH en donde coordina los proyectos “Estudio
de las agresiones ambientales (estrés) en poblaciones
desaparecidas de México” y “Las momias
de México”. Especialista en estudios sobre
poblaciones desaparecidas.
• María Elena Salas Cuesta.
Maestra en ciencias antropológicas, con especialidad
en antropología física. Investigadora de
la Dirección de Antropología Física
del INAH, en donde coordina el proyecto “Rasgos
no-métricos o discontinuos en cráneos prehispánicos
y coloniales (parentesco)”. |