Dirán ahora algunos lectores muy curiosos que
cómo pudimos alcanzar a saber que en el cimiento
de aquel gran cu echaron oro y plata y piedras de chalchihuís
ricas y semillas, y lo rociaban con sangre humana de
indios que sacrificaban, habiendo sobre mil años
que se fabricó y se hizo. A esto doy por respuesta
que desde que ganamos aquella fuerte y gran ciudad y
se repartieron los solares, que luego propusimos que
en aquel gran cu habíamos de hacer la iglesia
de nuestro patrón y guiador señor Santiago,
y cupo mucha parte de la del solar del alto cu para
el solar de la santa iglesia para aquel cu de Huichilobos,
y cuando habrían los cimientos para hacerlos
más fijos, hallaron mucho oro, plata, chalchihuís,
perlas, aljófar y otras piedras (Díaz
del Castillo, t. I, 1943).
Con estas palabras se refiere Bernal Díaz del
Castillo al Templo Mayor de Tlatelolco, aunque exagera
en la antigüedad del monumento. Es fácil imaginar
que de aquellos hallazgos se desconoce la suerte que tuvieron,
aunque es posible pensar que quienes abrieron los cimientos
para construir los primeros asentamientos del lugar se
hicieron de ellos y sólo quedan las palabras de
Bernal Díaz del Castillo, que son a todas luces
elocuentes: como parte de la destrucción de los
templos indígenas considerados como obra del demonio,
ahora se iniciaba la obra de los ángeles con el
pillaje producto del triunfo militar.
Un dato interesante al respecto lo tenemos en la Iglesia
de Santiago, ubicada sobre la parte posterior del Templo
Mayor de Tlatelolco, como lo dice el cronista soldado.
La destrucción de este último y de otros
templos traía aparejada la utilización de
la piedra para la edificación de la iglesia, como
se puede apreciar en los muros de la misma. En efecto,
en la parte externa del ábside de la iglesia aún
se ve, empotrado, un bloque de piedra con el rostro de
una deidad que podría ser un Tláloc que
ve hacia el norte. Otras piedras muestran talla prehispánica.
Siglo
XVIII
Asentado el poder peninsular, muchos años debieron
de pasar para que se volviera a poner atención
en Tlatelolco, último reducto de la resistencia
mexica. Correspondió al sabio don Antonio León
y Gama hacer mención de las riquezas que allí
podrían encontrarse en el “Discurso preliminar”
de su Descripción histórica y cronológica
de las dos piedras…, publicada en 1792, en la que
dice:
Siempre he tenido el pensamiento de que en la plaza
principal de esta ciudad, y en la del barrio de Santiago
Tlatelolco se habían de hallar muchos preciosos
monumentos de la antigüedad mexicana […]
y habiendo sido la segunda plaza de Tlatelolco el último
lugar donde se retiraron y mantuvieron los indios hasta
el día de la toma de la ciudad; es de creer que
allí hubieran ido conduciendo así sus
penates, ó ligeros idolillos, que de todas materias
(aún de las más preciosas, según
las facultades de sus dueños) fabricaban y guardaban
dentro de sus propias casas, como todas las alhajas
y tesoros que poseían […] es, pues, de
creer, que todo esto, o la mayor parte de ello esté
debajo de la tierra de Tlatelolco (León y Gama,
1990, pp. 1-2).
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
_____________________
Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas
por la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Profesor emérito del INAH y miembro de El Colegio
Nacional. Coordinador general del Proyecto Templo Mayor
y del Programa de Arqueología Urbana. Miembro del
Comité Cientifico-Editorial de esta revista. |