En el siglo XVI, la
bien conocida área cultural de Mesoamérica,
en su mayor parte bajo el control del imperio mexica,
se extendía al norte hasta el río Lerma;
el “Occidente”, dominado por el imperio
tarasco, tenía como límite norteño
hacia el poniente ese mismo río.
Es evidente que en esos tiempos, Guanajuato no pertenecía
a ninguna de esas dos regiones culturales, al igual
que otros territorios vecinos y los situados más
al norte, como Aguascalientes, Zacatecas, el altiplano
potosino, Coahuila, Sonora, Chihuahua, Arizona y Nuevo
México. Todos conformaron en su momento la región
septentrional del México prehispánico,
y posteriormente fueron territorios de la Nueva España
y del México independiente hasta 1850.
En el siglo XVI, todos esos territorios norteños
eran parte de lo que los mexicas llamaban la Chichimecatlalli
(tierra de los chichimecas) y los españoles la
Gran Chichimeca, habitada tanto por grupos nómadas
como por grupos de agricultores sedentarios. Sin embargo,
debido a que los españoles, en su primer intento
por dominar los territorios al norte del imperio mexica,
se encontraron con gente nómada, ha persistido
la confusión de considerar a los chichimecas
sólo como gente sin agricultura. Pero pronto
los mismos españoles llegaron a las regiones
del noroeste (Chihuahua, Sonora, Nuevo México
y Cíbola), donde se encontraron con grupos que
vivían en los grandes Pueblos mantenidos por
una agricultura eficaz.
El
río Lerma: una frontera ecológica
En cierta medida, el río Lerma también
es una frontera ecológica, pues si bien al sur
la lluvia es suficiente para una agricultura segura
que permite el desarrollo de los pueblos sedentarios,
hacia el norte generalmente es escasa y las poblaciones
sedentarias debieron crear ingeniosos sistemas para
cuidar el agua de la lluvia para el cultivo. Nuestra
Gran Chichimeca y por supuesto Guanajuato estuvieron
siempre amenazados por la sequía y debieron adecuarse
a una vida nómada dependiente de la caza y la
recolección en tiempos de mayor aridez, y en
los buenos tiempos a una sedentaria, asociada a una
agricultura siempre en riesgo.
En un extraordinario mapa de finales del siglo XVI se
muestra al oriente la región de San Miguel de
Allende y las pocas casas que por entonces se edificaron.
De ahí partía el camino hacia Bocas de
Ojuelos y Zacatecas, al poniente, por el que se transportaban
los bastimentos para los mineros, resguardados siempre
por soldados bien armados, pues por todas partes aparecían
forajidos y nómadas chichimecas conocidos como
guamares, quienes con arco y flecha cazaban al ganado,
robaban bienes y amenazaban a los españoles,
quienes pronto decidieron dominarlos y acabarlos “a
sangre y fuego”.
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