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Guanajuato
en la historia
Beatriz Braniff C.
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En este mapa de 1580, se ve
San Miguel de Allende, Guanajuato, así
como a los guamares cazando ganado y a los españoles
que los combatían. Guanajuato fue parte
del territorio que los mexicas llamaban la Chichimecatlalli
(tierra de los chichimecas) y los españoles
la Gran Chichimeca. Los guamares eran nómadas
sobrevivientes de la gran sequía que ocurrió
en la región entre los siglos X a XI, causante
de que los grupos agrícolas abandonaran
esas tierras.tomada
de rené acuña, 1987. repro.: m.a.p.
/ raíces |
Zona
de frontera entre Mesoamérica y lo que los
españoles llamaron la Gran Chichimeca, Guanajuato
fue escenario del desarrollo en distintos momentos
de sociedades nómadas de cazadores-recolectores,
los llamados chichimecas, y de sociedades agrícolas.
Los grupos de la región, además de
dar lugar a importantes expresiones locales, influyeron
en el surgimiento de la gran ciudad de Tula. |
En el siglo XVI, la
bien conocida área cultural de Mesoamérica,
en su mayor parte bajo el control del imperio mexica,
se extendía al norte hasta el río Lerma;
el “Occidente”, dominado por el imperio
tarasco, tenía como límite norteño
hacia el poniente ese mismo río.
Es evidente que en esos tiempos, Guanajuato no pertenecía
a ninguna de esas dos regiones culturales, al igual
que otros territorios vecinos y los situados más
al norte, como Aguascalientes, Zacatecas, el altiplano
potosino, Coahuila, Sonora, Chihuahua, Arizona y Nuevo
México. Todos conformaron en su momento la región
septentrional del México prehispánico,
y posteriormente fueron territorios de la Nueva España
y del México independiente hasta 1850.
En el siglo XVI, todos esos territorios norteños
eran parte de lo que los mexicas llamaban la Chichimecatlalli
(tierra de los chichimecas) y los españoles la
Gran Chichimeca, habitada tanto por grupos nómadas
como por grupos de agricultores sedentarios. Sin embargo,
debido a que los españoles, en su primer intento
por dominar los territorios al norte del imperio mexica,
se encontraron con gente nómada, ha persistido
la confusión de considerar a los chichimecas
sólo como gente sin agricultura. Pero pronto
los mismos españoles llegaron a las regiones
del noroeste (Chihuahua, Sonora, Nuevo México
y Cíbola), donde se encontraron con grupos que
vivían en los grandes Pueblos mantenidos por
una agricultura eficaz.
El
río Lerma: una frontera ecológica
En cierta medida, el río Lerma también
es una frontera ecológica, pues si bien al sur
la lluvia es suficiente para una agricultura segura
que permite el desarrollo de los pueblos sedentarios,
hacia el norte generalmente es escasa y las poblaciones
sedentarias debieron crear ingeniosos sistemas para
cuidar el agua de la lluvia para el cultivo. Nuestra
Gran Chichimeca y por supuesto Guanajuato estuvieron
siempre amenazados por la sequía y debieron adecuarse
a una vida nómada dependiente de la caza y la
recolección en tiempos de mayor aridez, y en
los buenos tiempos a una sedentaria, asociada a una
agricultura siempre en riesgo.
En un extraordinario mapa de finales del siglo XVI se
muestra al oriente la región de San Miguel de
Allende y las pocas casas que por entonces se edificaron.
De ahí partía el camino hacia Bocas de
Ojuelos y Zacatecas, al poniente, por el que se transportaban
los bastimentos para los mineros, resguardados siempre
por soldados bien armados, pues por todas partes aparecían
forajidos y nómadas chichimecas conocidos como
guamares, quienes con arco y flecha cazaban al ganado,
robaban bienes y amenazaban a los españoles,
quienes pronto decidieron dominarlos y acabarlos “a
sangre y fuego”.
Esos guamares fueron los últimos sobrevivientes
de una prolongada sequía que entre los siglos
X y XI d.C. –o incluso antes– causó
que los grupos agrícolas abandonaran toda aquella
región. Esa sequía también fue
sufrida por los españoles radicados en Guanajuato
en el siglo XVI; debieron pasar unos 200 años
para que lograran establecerse como pueblos sedentarios
y agrícolas en un territorio difícil para
la agricultura, sólo apto para el ganado y la
minería. En otros momentos, algunos pueblos mesoamericanos
–entre otros Tula en Hidalgo– también
padecieron sequía; en los documentos que hacen
referencia a aquella época (1150-1200 d.C.) se
dice que era de tal naturaleza, que los animales salían
a los caminos a buscar agua y comida.
Así, mientras en el sur de Mesoamérica
se formó una amplia población de españoles,
criollos, mestizos e indígenas, hacia el norte
sólo sobrevivió la española, acompañada
a veces por esclavos africanos o indígenas tlaxcaltecas.
Por la parte indígena sólo supervivió
la misión de chichimecas en San Luis de la Paz.
Evidentemente, la historia colonial de esta región
fue muy diferente de la del mundo sureño, y como
veremos adelante su historia prehispánica también
lo fue.
Las
investigaciones
Fue hasta el siglo XX que tanto por el estudio de las
referencias históricas como por las primeras
investigaciones arqueológicas se comenzó
a reconocer que en Guanajuato, antes de aquellos agresivos
nómadas, habían existido sociedades sedentarias.
Esto se deduce gracias a la mención en las fuentes
de “pueblos de indios” y a los hallazgos
de restos de poblados, como cimientos y cerámica.
En las excavaciones en Chupícuaro –al sur
de la entidad y a un lado del río Lerma–
realizadas en los cuarenta del siglo XX (publicadas
en 1956) se localizaron entierros con una bellísima
cerámica, con lo que comenzó el extraordinario
interés por el antiguo Guanajuato, como zona
en la que se dio una muy importante secuencia de pueblos
agricultores y se desarrollaron complejas civilizaciones.
A partir de la publicación de esos trabajos se
iniciaron muchísimas investigaciones que han
permitido conocer una gran cantidad de sitios, así
como su cronología e interrelaciones. Desafortunadamente,
también comenzó un descarado saqueo, incluso
por parte de las autoridades guanajuatenses.
En un mapa elaborado en 1966 se encuentran algunos de
los sitios prehispánicos localizados hasta entonces,
tanto de Guanajuato como del vecino San Luis Potosí.
Las respectivas excavaciones permitieron reconocer sus
materiales, sus relaciones con otras culturas y elaborar
un primer cuadro cronológico en el que Chupícuaro
y la fase Morales (del sitio del mismo nombre, cerca
de Comonfort) se ubicaron en el Preclásico (antes
de l a.C.). Ya en el Clásico (1 a.C.-900 d.C.),
la siguiente fase de Morales, llamada San Miguel, se
caracteriza por una serie de vasijas decoradas con líneas
rojas sobre fondo claro y por varias versiones del tipo
llamado Blanco Levantado, característico de Guanajuato.
Al Clásico también pertenece El Cóporo,
al noroeste de la entidad, con materiales que incluyen
tiestos de Teotihuacan, Blanco Levantado, una ollita
del tipo Valle de San Luis y figurillas del llamado
tipo I que muestran relaciones con Zacatecas.
Dentro de esa secuencia cronológica se encuentra
el enorme y complejo sitio de Tierra Blanca, cercano
a San Miguel de Allende, que puede considerarse como
una verdadera ciudad y que ha sido despiadadamente saqueado
y prácticamente destruido. Afortunadamente, hubo
oportunidad de fotografiar y registrar sus valiosos
materiales. Este sitio, u otro de similar complejidad,
debió influir fundamentalmente en el desarrollo
de Tula, Hidalgo, pues la mayoría de sus elegantes
materiales aparecen allí sobre todo en la fase
Tollan, entre 950 y 1150 d.C. De acuerdo con lo anterior,
y a pesar de no conocerse su cronología precisa,
se cree que Tierra Blanca es anterior a 950 d.C., y
es probable que, como no incluye materiales toltecas
que se encuentran en el sitio de Carabino, sea todavía
más antiguo.
Influencia
tolteca
Por otra parte, en Carabino, localizado al noreste de
la entidad, se encontraron los típicos materiales
de la gran ciudad de Tula, correspondientes a su época
de mayor fuerza política y económica:
la fase Tollan (900-1150 d.C.). En Carabino se encontraron
tipos característicos de la gran ciudad, como
el plomizo, por lo que podemos inferir que fue producto
de una colonización (¿o sólo de
una presencia?) por una elite del Centro de México.
En Villa de Reyes (o Electra), en el valle de San Luis,
al norte de Guanajuato, se detectó también
presencia tolteca, indicada por los mismos materiales.
Una buena estratigrafía y fechas de carbono 14
demuestran que ese sitio fue abandonado entre 549 y
710 d.C., y ocupado por toltecas 200 o 300 años
después.
Si bien estos sitios representan una intrusión
de Tula, para entonces ya plenamente desarrollada, sobre
o a un lado de la ocupación local del Clásico,
nos quedan dos situaciones por mencionar. Por una parte,
podemos asegurar que esa intrusión tolteca constituye
la última ocupación de la región
por grupos agrícolas, aun cuando no hay evidencia
alguna de que esos toltecas se hayan dedicado a la agricultura.
Cabe preguntarse si esos grupos son tan sólo
los representantes de una ampliación militar
por parte del Estado tolteca.
Por otra parte, como lo mencionamos antes, sabemos que
los grupos de Guanajuato participaron en la estructuración
original de Tula, por lo que puede sugerirse que esa
región fue abandonada por los grupos agrícolas
antes de 900 d.C., posiblemente desde 600-700 d.C.
Muchos detalles sobre esas excavaciones se consignan
en la bibliografía respectiva y sólo habría
que insistir en que no existen vestigios de grupos sedentarios
después del siglo VIII, o después del
siglo XI, si consideramos a estos toltecas como agricultores.
Una
unidad político-territorial
Después de aquellas viejas propuestas, gracias
a las nuevas investigaciones se han reconocido muchos
otros sitios de la tradición Chupícuaro
en el sur de Guanajuato, y se ha propuesto que en su
tiempo conformaban una “unidad político-territorial”.
El diseño en cruz característico de la
cerámica Chupícuaro, que ha sido interpretado
como un motivo relacionado con los cuatro puntos cardinales,
ha sido considerado como la base de los diseños
de la cerámica de Altavista, Zacatecas, de donde
se habrían difundido a la cultura Hohokam, en
Arizona.
Se sabe que a partir de esta primera relación
con los grupos agrícolas del noroeste, comenzó
una importante interacción con la cultura Hohokam,
en la que se llevaban guacamayas a aquella región
mientras que Altavista, Zacatecas, comenzaba a recibir
la maravillosa turquesa, traída desde las minas
norteñas probablemente por medio de los Hohokam.
Hay un mapa muy interesante, producto de recientes investigaciones
en la entidad, en el que se añaden muchos sitios
más, todos ellos pertenecientes al Clásico
y todos con estructuras del tipo llamado patio hundido,
arquitectura que ha sido ya reconocida y dibujada por
varios investigadores.
En Tula, además de la presencia de rasgos culturales
de Guanajuato, es patente la extraordinaria influencia
de la zona de Zacatecas, en la que entre los siglos
I y IX d.C. se desarrollaron pueblos agrícolas.
De esa zona Tula heredó la arquitectura de las
salas-claustro, así como el tzom-pantli (plataforma
para exhibir los cráneos de los sacrificados),
el coatépantl (pórtico antepuesto a un
basamento piramidal), el motivo del águila devorando
a la serpiente, la técnica decorativa del cloisonné
y la figura del Chac Mool. Es más, la impresionante
ciudad de La Quemada, Zacatecas, ha sido considerada
como el sitio por excelencia de “aquellos migrantes
fundadores de Tula, los guerreros cazcanes identificados
como los tolteca-chichimeca de Mixcóatl”.
Podemos entonces concluir que tanto Guanajuato como
Zacatecas tuvieron mucho que ver en Tula, Hidalgo, aunque
en coincidencia con el abandono general de sus respectivas
áreas. Por su parte, en Tula se iniciaría
la época que concluiría con los mexicas,
herederos de muchos elementos toltecas.
Si bien nos interesa sobre todo Guanajuato, no es posible
entenderlo sin conocer los sucesos relacionados con
sus vecinos. Como sucedió en Zacatecas y en Guanajuato,
es evidente que hubo un abandono general por la gente
que conocía la agricultura de las regiones norteñas,
esas tierras que acabaron en manos de grupos nómadas,
como los guamares en Guanajuato, los guachichiles en
San Luis Potosí y los zacatecos en Zacatecas.
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Beatriz Braniff C. Arqueóloga. Dirección
de Etnohistoria, INAH. Interesada en el Norte de México
y la Gran Chichimeca, así como en las conexiones
entre el noroeste y el Occidente de México.
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