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Guanajuato

ÍNDICE 92 El Cóporo, Guanajuato
DOSIER: Gto., historia y arqueología La cerámica de la cultura de Chupícuaro
Guanajuato en la historia Fray Diego de Chávez y el convento de Yuriria
La arqueología de Guanajuato ARQUEOLOGÍA: Más de cien años de exploraciones
Plazuelas, Guanajuato ANTROPOLOGÍA FÍSICA: A través de los huesos
Cañada de la Virgen, Guanajuato PIEZA: Portaincensario del dios GI. Chiapas
El Cerro Barajas, Guanajuato DOCUMENTOS: Códice Tudela
Peralta, Guanajuato CONCURSO: Mariposa sagrada

Guanajuato en la historia
Beatriz Braniff C.


En este mapa de 1580, se ve San Miguel de Allende, Guanajuato, así como a los guamares cazando ganado y a los españoles que los combatían. Guanajuato fue parte del territorio que los mexicas llamaban la Chichimecatlalli (tierra de los chichimecas) y los españoles la Gran Chichimeca. Los guamares eran nómadas sobrevivientes de la gran sequía que ocurrió en la región entre los siglos X a XI, causante de que los grupos agrícolas abandonaran esas tierras.tomada de rené acuña, 1987. repro.: m.a.p. / raíces
Zona de frontera entre Mesoamérica y lo que los españoles llamaron la Gran Chichimeca, Guanajuato fue escenario del desarrollo en distintos momentos de sociedades nómadas de cazadores-recolectores, los llamados chichimecas, y de sociedades agrícolas. Los grupos de la región, además de dar lugar a importantes expresiones locales, influyeron en el surgimiento de la gran ciudad de Tula.

En el siglo XVI, la bien conocida área cultural de Mesoamérica, en su mayor parte bajo el control del imperio mexica, se extendía al norte hasta el río Lerma; el “Occidente”, dominado por el imperio tarasco, tenía como límite norteño hacia el poniente ese mismo río.
Es evidente que en esos tiempos, Guanajuato no pertenecía a ninguna de esas dos regiones culturales, al igual que otros territorios vecinos y los situados más al norte, como Aguascalientes, Zacatecas, el altiplano potosino, Coahuila, Sonora, Chihuahua, Arizona y Nuevo México. Todos conformaron en su momento la región septentrional del México prehispánico, y posteriormente fueron territorios de la Nueva España y del México independiente hasta 1850.
En el siglo XVI, todos esos territorios norteños eran parte de lo que los mexicas llamaban la Chichimecatlalli (tierra de los chichimecas) y los españoles la Gran Chichimeca, habitada tanto por grupos nómadas como por grupos de agricultores sedentarios. Sin embargo, debido a que los españoles, en su primer intento por dominar los territorios al norte del imperio mexica, se encontraron con gente nómada, ha persistido la confusión de considerar a los chichimecas sólo como gente sin agricultura. Pero pronto los mismos españoles llegaron a las regiones del noroeste (Chihuahua, Sonora, Nuevo México y Cíbola), donde se encontraron con grupos que vivían en los grandes Pueblos mantenidos por una agricultura eficaz.

El río Lerma: una frontera ecológica
En cierta medida, el río Lerma también es una frontera ecológica, pues si bien al sur la lluvia es suficiente para una agricultura segura que permite el desarrollo de los pueblos sedentarios, hacia el norte generalmente es escasa y las poblaciones sedentarias debieron crear ingeniosos sistemas para cuidar el agua de la lluvia para el cultivo. Nuestra Gran Chichimeca y por supuesto Guanajuato estuvieron siempre amenazados por la sequía y debieron adecuarse a una vida nómada dependiente de la caza y la recolección en tiempos de mayor aridez, y en los buenos tiempos a una sedentaria, asociada a una agricultura siempre en riesgo.
En un extraordinario mapa de finales del siglo XVI se muestra al oriente la región de San Miguel de Allende y las pocas casas que por entonces se edificaron. De ahí partía el camino hacia Bocas de Ojuelos y Zacatecas, al poniente, por el que se transportaban los bastimentos para los mineros, resguardados siempre por soldados bien armados, pues por todas partes aparecían forajidos y nómadas chichimecas conocidos como guamares, quienes con arco y flecha cazaban al ganado, robaban bienes y amenazaban a los españoles, quienes pronto decidieron dominarlos y acabarlos “a sangre y fuego”.
Esos guamares fueron los últimos sobrevivientes de una prolongada sequía que entre los siglos X y XI d.C. –o incluso antes– causó que los grupos agrícolas abandonaran toda aquella región. Esa sequía también fue sufrida por los españoles radicados en Guanajuato en el siglo XVI; debieron pasar unos 200 años para que lograran establecerse como pueblos sedentarios y agrícolas en un territorio difícil para la agricultura, sólo apto para el ganado y la minería. En otros momentos, algunos pueblos mesoamericanos –entre otros Tula en Hidalgo– también padecieron sequía; en los documentos que hacen referencia a aquella época (1150-1200 d.C.) se dice que era de tal naturaleza, que los animales salían a los caminos a buscar agua y comida.
Así, mientras en el sur de Mesoamérica se formó una amplia población de españoles, criollos, mestizos e indígenas, hacia el norte sólo sobrevivió la española, acompañada a veces por esclavos africanos o indígenas tlaxcaltecas. Por la parte indígena sólo supervivió la misión de chichimecas en San Luis de la Paz. Evidentemente, la historia colonial de esta región fue muy diferente de la del mundo sureño, y como veremos adelante su historia prehispánica también lo fue.

Las investigaciones
Fue hasta el siglo XX que tanto por el estudio de las referencias históricas como por las primeras investigaciones arqueológicas se comenzó a reconocer que en Guanajuato, antes de aquellos agresivos nómadas, habían existido sociedades sedentarias. Esto se deduce gracias a la mención en las fuentes de “pueblos de indios” y a los hallazgos de restos de poblados, como cimientos y cerámica.
En las excavaciones en Chupícuaro –al sur de la entidad y a un lado del río Lerma– realizadas en los cuarenta del siglo XX (publicadas en 1956) se localizaron entierros con una bellísima cerámica, con lo que comenzó el extraordinario interés por el antiguo Guanajuato, como zona en la que se dio una muy importante secuencia de pueblos agricultores y se desarrollaron complejas civilizaciones.
A partir de la publicación de esos trabajos se iniciaron muchísimas investigaciones que han permitido conocer una gran cantidad de sitios, así como su cronología e interrelaciones. Desafortunadamente, también comenzó un descarado saqueo, incluso por parte de las autoridades guanajuatenses.
En un mapa elaborado en 1966 se encuentran algunos de los sitios prehispánicos localizados hasta entonces, tanto de Guanajuato como del vecino San Luis Potosí. Las respectivas excavaciones permitieron reconocer sus materiales, sus relaciones con otras culturas y elaborar un primer cuadro cronológico en el que Chupícuaro y la fase Morales (del sitio del mismo nombre, cerca de Comonfort) se ubicaron en el Preclásico (antes de l a.C.). Ya en el Clásico (1 a.C.-900 d.C.), la siguiente fase de Morales, llamada San Miguel, se caracteriza por una serie de vasijas decoradas con líneas rojas sobre fondo claro y por varias versiones del tipo llamado Blanco Levantado, característico de Guanajuato. Al Clásico también pertenece El Cóporo, al noroeste de la entidad, con materiales que incluyen tiestos de Teotihuacan, Blanco Levantado, una ollita del tipo Valle de San Luis y figurillas del llamado tipo I que muestran relaciones con Zacatecas.
Dentro de esa secuencia cronológica se encuentra el enorme y complejo sitio de Tierra Blanca, cercano a San Miguel de Allende, que puede considerarse como una verdadera ciudad y que ha sido despiadadamente saqueado y prácticamente destruido. Afortunadamente, hubo oportunidad de fotografiar y registrar sus valiosos materiales. Este sitio, u otro de similar complejidad, debió influir fundamentalmente en el desarrollo de Tula, Hidalgo, pues la mayoría de sus elegantes materiales aparecen allí sobre todo en la fase Tollan, entre 950 y 1150 d.C. De acuerdo con lo anterior, y a pesar de no conocerse su cronología precisa, se cree que Tierra Blanca es anterior a 950 d.C., y es probable que, como no incluye materiales toltecas que se encuentran en el sitio de Carabino, sea todavía más antiguo.

Influencia tolteca
Por otra parte, en Carabino, localizado al noreste de la entidad, se encontraron los típicos materiales de la gran ciudad de Tula, correspondientes a su época de mayor fuerza política y económica: la fase Tollan (900-1150 d.C.). En Carabino se encontraron tipos característicos de la gran ciudad, como el plomizo, por lo que podemos inferir que fue producto de una colonización (¿o sólo de una presencia?) por una elite del Centro de México. En Villa de Reyes (o Electra), en el valle de San Luis, al norte de Guanajuato, se detectó también presencia tolteca, indicada por los mismos materiales. Una buena estratigrafía y fechas de carbono 14 demuestran que ese sitio fue abandonado entre 549 y 710 d.C., y ocupado por toltecas 200 o 300 años después.
Si bien estos sitios representan una intrusión de Tula, para entonces ya plenamente desarrollada, sobre o a un lado de la ocupación local del Clásico, nos quedan dos situaciones por mencionar. Por una parte, podemos asegurar que esa intrusión tolteca constituye la última ocupación de la región por grupos agrícolas, aun cuando no hay evidencia alguna de que esos toltecas se hayan dedicado a la agricultura. Cabe preguntarse si esos grupos son tan sólo los representantes de una ampliación militar por parte del Estado tolteca.
Por otra parte, como lo mencionamos antes, sabemos que los grupos de Guanajuato participaron en la estructuración original de Tula, por lo que puede sugerirse que esa región fue abandonada por los grupos agrícolas antes de 900 d.C., posiblemente desde 600-700 d.C.
Muchos detalles sobre esas excavaciones se consignan en la bibliografía respectiva y sólo habría que insistir en que no existen vestigios de grupos sedentarios después del siglo VIII, o después del siglo XI, si consideramos a estos toltecas como agricultores.

Una unidad político-territorial
Después de aquellas viejas propuestas, gracias a las nuevas investigaciones se han reconocido muchos otros sitios de la tradición Chupícuaro en el sur de Guanajuato, y se ha propuesto que en su tiempo conformaban una “unidad político-territorial”.
El diseño en cruz característico de la cerámica Chupícuaro, que ha sido interpretado como un motivo relacionado con los cuatro puntos cardinales, ha sido considerado como la base de los diseños de la cerámica de Altavista, Zacatecas, de donde se habrían difundido a la cultura Hohokam, en Arizona.
Se sabe que a partir de esta primera relación con los grupos agrícolas del noroeste, comenzó una importante interacción con la cultura Hohokam, en la que se llevaban guacamayas a aquella región mientras que Altavista, Zacatecas, comenzaba a recibir la maravillosa turquesa, traída desde las minas norteñas probablemente por medio de los Hohokam.
Hay un mapa muy interesante, producto de recientes investigaciones en la entidad, en el que se añaden muchos sitios más, todos ellos pertenecientes al Clásico y todos con estructuras del tipo llamado patio hundido, arquitectura que ha sido ya reconocida y dibujada por varios investigadores.
En Tula, además de la presencia de rasgos culturales de Guanajuato, es patente la extraordinaria influencia de la zona de Zacatecas, en la que entre los siglos I y IX d.C. se desarrollaron pueblos agrícolas. De esa zona Tula heredó la arquitectura de las salas-claustro, así como el tzom-pantli (plataforma para exhibir los cráneos de los sacrificados), el coatépantl (pórtico antepuesto a un basamento piramidal), el motivo del águila devorando a la serpiente, la técnica decorativa del cloisonné y la figura del Chac Mool. Es más, la impresionante ciudad de La Quemada, Zacatecas, ha sido considerada como el sitio por excelencia de “aquellos migrantes fundadores de Tula, los guerreros cazcanes identificados como los tolteca-chichimeca de Mixcóatl”.
Podemos entonces concluir que tanto Guanajuato como Zacatecas tuvieron mucho que ver en Tula, Hidalgo, aunque en coincidencia con el abandono general de sus respectivas áreas. Por su parte, en Tula se iniciaría la época que concluiría con los mexicas, herederos de muchos elementos toltecas.
Si bien nos interesa sobre todo Guanajuato, no es posible entenderlo sin conocer los sucesos relacionados con sus vecinos. Como sucedió en Zacatecas y en Guanajuato, es evidente que hubo un abandono general por la gente que conocía la agricultura de las regiones norteñas, esas tierras que acabaron en manos de grupos nómadas, como los guamares en Guanajuato, los guachichiles en San Luis Potosí y los zacatecos en Zacatecas.

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Beatriz Braniff C. Arqueóloga. Dirección de Etnohistoria, INAH. Interesada en el Norte de México y la Gran Chichimeca, así como en las conexiones entre el noroeste y el Occidente de México.

ESPECIAL 28
VIGENTE
TEOTIHUACAN

NÚMERO 93
VIGENTE
LA PINTURA MAYA

ARTÍCULOS EN LÍNEA

Hallazgos en el recinto
ceremonial de Tenochtitlan

Raúl Barrera Rodríguez,
Gabino López Arenas

A partir de las investigaciones realizadas hasta ahora es posible proponer, de manera preliminar, que la edificación encontrada sea el calmécac.


El Códice Madrid.
Un viejo documento revela nuevos secretos

Gabrielle Vail,
Anthony Aveni

En sus 112 páginas, contienen augurios agrícolas y astronómicos.

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