|
El estudio de la arquitectura prehispánica se
ha realizado tradicionalmente desde la perspectiva de
la “historia de los estilos”, en especial
gracias a los enfoques y publicaciones de los historiadores,
arqueólogos, historiadores del arte e incluso arquitectos
más inclinados a esta formación y metodología.
Se han resaltado más los valores formales y estéticos
que los históricos y arqueológicos, y se
ha abordado a la arquitectura en forma parcial, es decir,
como una obra de arte única, que regularmente se
estudia en forma aislada y descontextualizada de su entorno
cultural y natural.
Generalmente, en los estudios se hacen descripciones de
atributos plásticos, formales y decorativos. En
pocas ocasiones se habla del edificio en su conjunto y
en la mayor parte de los casos sólo se hace un
análisis de las fachadas principales, sin mencionar
los edificios asociados, las plazas, los patios, etc.,
relacionados directamente con la obra, y menos aún
se habla de las características y relaciones con
el medio, la topografía, etc.
La arquitectura no se ha estudiado en forma integral,
incluyendo sus valores estéticos, históricos
y funcionales, y se ha dejado de lado, en la mayor parte
de los casos, la arquitectura utilitaria, doméstica
y no monumental, lo cual no nos permite entender en conjunto
las diversas formas sociales de la producción arquitectónica
prehispánica.
El enfoque equivocado de esos estudios no permite ocuparse
del aspecto fundamental de la arquitectura, lo que constituye
su materia prima, que es el espacio arquitectónico.
En la arquitectura prehispánica se argumenta la
existencia o inexistencia del espacio interior de la arquitectura,
y se ha olvidado que en esas culturas la creación
de espacios interiores era importante para cubrir sus
funciones básicas, pero la creación de espacios
exteriores fue mucho más relevante, particularmente
en los espacios cívicos, religiosos y, claro está,
en los espacios arquitectónicos monumentales.
El diseño de los espacios exteriores requirió
de elementos arquitectónicos que los delimitaran
tanto a escala humana como cosmogónica. Por ello
la integración de esta arquitectura con su entorno
natural es fundamental como principio y motivo de su creación
original. Así, la arquitectura prehispánica
reconstruye el espacio cósmico sagrado de los dioses.
APROPIACIÓN DE LOS
ESPACIOS NATURALES
El origen de la arquitectura se encuentra en la apropiación
de los espacios naturales, que fueron utilizados por los
primeros habitantes que poblaron el continente americano.
Por ejemplo, el hombre habitó en las cuevas –abrigos
naturales– y representó en ellas en forma
pictórica las primeras escenas de su vida cotidiana,
con lo cual creó la primera expresión artística:
el arte rupestre. Como sabemos, los espacios fueron modificados
al poner barreras de protección contra agentes
naturales como el viento y el frío. De esta forma
se crearon los primeros elementos arquitectónicos,
con el fin de mejorar las condiciones de vida. En esos
sitios, los primeros espacios interiores habitados, se
llevaron a cabo las tareas básicas de protección,
alimentación, almacenamiento y trabajo, además
de actividades de culto y de carácter funerario.
Esta primera etapa, que podemos definir como de apropiación
de espacios naturales, fue cambiando conforme se desarrolló
el hombre, y se transformó en una etapa que sería
propiamente la de la producción de espacios artificiales
y de creación arquitectónica.
PRODUCCIÓN Y CREACIÓN
DE ESPACIOS ARQUITECTÓNICOS
El hombre requirió de una larga experimentación
para la producción de espacios artificiales, y
así satisfacer sus necesidades de protección
y de habitación, y conocer el medio circundante;
asimismo, tuvo que aprender a obtener los recursos y los
conocimientos tecnológicos necesarios para producir
esos espacios. Esos primeros grupos tenían una
gran movilidad en un amplio territorio y obtenían
sus recursos de subsistencia de este microambiente o nicho
ecológico; esa movilidad probablemente requirió
de la construcción de espacios simples de protección,
con base en barreras exteriores: pieles, cubiertas vegetales
y bloques de hielo en la zona ártica.
El desplazamiento de esos grupos a otras latitudes implicó
que tuvieran que adquirir nuevos conocimientos y recursos
para solucionar problemas climáticos, topográficos,
etc., para lo cual tuvieron que apoyarse en su experiencia
anterior, transmitida en forma oral, lo cual generó
una tradición constructiva que desarrolló
nuevas tecnologías.

En los edificios teotihuacanos se advierten varios aspectos
de un programa arquitectónico, entre ellos están
los siguientes: funcionales (a),
relaciones internas (b),
relaciones externas (c),
trayectorias o circulaciones (d),
ambientales (e), expresivos
(f), métrica (g),
proporción (h), dimensionalidad
(i), estabilidad (j),
instalaciones (k).
ARTÍCULO COMPLETO EN
LA EDICIÓN IMPRESA
__________________________
Juan Antonio Siller Camacho. Maestro de arquitectura en
la ENCRM, INAH, y arqueólogo por la ENAH. Candidato
a doctor en arquitectura por la UNAM. Editor de los Cuadernos
de Arquitectura Mesoamericana y miembro del Seminario
de Arquitectura Prehispánica del Centro de Investigaciones
y Estudios de Posgrado de la Facultad de Arquitectura
de la UNAM.
|