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LOS TOLTECAS Y TULa

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Los barrios de Tula
DOSIER: Los toltecas y Tula Los toltecas de Chichén Itzá, Yucatán

Tollan en Hidalgo. La Tollan histórica

SERIE: Arquitectura en Mesoamérica. II.
Investigaciones en Tula (2002-2006) ETNOGRAFÍA: La escalera del Padre Sol. Los Coras
El Palacio Quemado, Tula PIEZA: Los señores de Zazacatla, Morelos
Los orígenes de la dinastía real de Tula DOCUMENTO: Códice de Otlazpan
El Edificio 4. Palacio del rey tolteca EXPOSICIÓN: Miguel Covarrubias en el Museo Amparo
Las raíces toltecas de la política azteca CUENTO: Exvoto a san Roque y a santa Imprenta

DOSIER

Las raíces toltecas de la política azteca: los palacios
Susan Toby Evans


El palacio de Nezahualcóyotl, en Texcoco, representado en el Mapa Quinatzin, documento elaborado alrededor de 1542 d.C. Nezahualcóyotl y su hijo Nezahualpilli aparecen en la sala del trono (en la parte superior), mientras que los señores de las ciudades-Estado del territorio acolhua se encuentran en el patio principal. La entrada al patio comunicaba con la plaza de Texcoco.
Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces

Es probable que la forma de gobierno de los aztecas, reflejada en elementos arquitectónicos como el palacio –con sus tres espacios más importantes: plaza, patio principal y sala del trono–, sea una influencia de los toltecas, en especial de la ciudad de Tula.

En arquitectura, la forma obedece a la función; es por eso que la arquitectura antigua puede revelarnos funciones sociales que no podríamos reconstruir por otras vías. La respuesta a la manera en que funcionaba el Estado tolteca puede buscarse en la comparación de la arquitectura de sus residencias de la elite con la de los aztecas, cuya organización política conocemos mejor.
Entre los aztecas, el palacio del gobernante era llamado tecpan, “lugar de señor”, y se trataba de un espacio en el que se combinaban funciones residenciales y de administración política. El plano del palacio de Nezahualcóyotl, en Texcoco, nos muestra que la vida política se concentraba en dos espacios: el patio principal del palacio y la sala del trono. Esta sala se ubicaba en una plataforma, que daba al patio principal, y veía hacia la entrada del palacio, que de-sembocaba en una plaza pública. De esta manera, esos tres espacios –plaza, patio principal y sala del trono– llevaban desde el área más accesible a la población a una zona más restringida, donde se debatían los asuntos públicos, para rematar en el espacio más privilegiado de todos, la sala en que residía el poder del gobernante.
El modelo palaciego estuvo presente de manera sistemática en la Cuenca de México durante el Posclásico Tardío, de acuerdo con las descripciones históricas sobre los grandes palacios imperiales y las excavacione de palacios menores de ciudades-Estado, como el tecpan de Chimalhuacan Atenco y la residencia de la elite en el poblado rural de Cihuatecpan, cerca de Otumba, en el valle de Teotihuacan.

EL MODELO PALACIEGO AZTECA
El modelo refleja la forma de gobierno azteca: despotismo combinado con el consenso de los nobles. El dirigente ejercía un poder absoluto, pero no podía ignorar los consejos de los nobles que conformaban su corte y se reunían en su patio. Estos nobles, a su vez, como lo indican las anotaciones en el plano del palacio de Nezahualcóyotl, encabezaban otras entidades –casi siempre ciudades-Estado– y regresaban a sus dominios para ocupar su sala en su propio palacio y reunirse con nobles de menor rango e importantes cabezas de familias de sus localidades. Estos nobles menores, a su vez, discutían los asuntos con sus vasallos en las grandes aldeas y asentamientos rurales.
En cada nivel de la jerarquía política azteca, los asuntos se discutían con los encargados de ejecutarlos, con quienes recogían los tributos y con los encargados de que las milicias estuvieran siempre preparadas para la contienda. Los dirigentes también encabezaban las ceremonias y festejos que se realizaban en los patios.
El análisis de este característico rasgo arquitectónico permite entender la evolución del modelo político azteca. ¿Qué cultura influyó en los aztecas? Reverenciaban a los teotihuacanos, pero para el Posclásico los monumentos a lo largo de la Calzada de los Muertos llevaban cientos de años en ruinas. Durante el apogeo de Teotihuacan, sus construcciones residenciales, los llamados “conjuntos departamentales”, estaban formados por cuartos alrededor de pequeños patios interiores.

TULA Y TEOTIHUACAN
El lugar con más probabilidades de haber sido el palacio real de Teotihuacan, durante el Clásico Temprano, es el llamado Complejo de la Calzada de los Muertos. Se ubica justo al sur de la Pirámide del Sol y debido a que se distribuye en ambos lados de la Calzada de los Muertos, incluye una parte de esta vía, conformando así una compleja versión de un conjunto departamental. La Plaza Oeste de ese complejo tiene una estructura elevada que permite ver la parte central de la Calzada de los Muertos y debe haber estado complementada, de manera simétrica, con una plaza y estructura elevada semejantes, al otro lado de la calzada. Tal vez se trate de las salas desde las cuales los gobernantes teotihuacanos dirigían las audiencias, utilizando la Calzada de los Muertos como patio.
Desde allí el dirigente podía supervisar las procesiones que avanzaban por la Calzada de los Muertos, rasgo del ritual que sin duda era un elemento fundamental en la vida ceremonial de Tula, como lo muestran las representaciones en bajorrelieves de esa ciudad. Los edificios con columnatas de Tula, que ven hacia la plaza central de su recinto sagrado, parecen haber sido adaptados para los desfiles o las reuniones de nobles, mercaderes y guerreros.
Las diferencias entre los patrones de asentamiento de Tula y Teotihuacan muestran que debieron tener formas de gobierno diferentes. Teotihuacan era una enorme ciudad, con pocos asentamientos fuera de sus límites. Tula, en cambio, estaba rodeada de comunidades cuyos líderes debían consultar al rey de Tula, y recibir órdenes de él –tal vez como miembros de la corte real–, para lo cual debían reunirse en el patio del rey.

ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

Traducción: Elisa Ramírez
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Dra. Susan Toby Evans. Catedrática en el Departamento de Antropología de la Universidad Estatal de Pennsylvania. Autora de Ancient Mexico and Central America: Archaeology and Culture History (2004) y editora, con David Webster, de Archaeology of Ancient Mexico and Central America: An Encyclopedia (2001).

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La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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