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En arquitectura, la forma obedece a la función;
es por eso que la arquitectura antigua puede revelarnos
funciones sociales que no podríamos reconstruir
por otras vías. La respuesta a la manera en que
funcionaba el Estado tolteca puede buscarse en la comparación
de la arquitectura de sus residencias de la elite con
la de los aztecas, cuya organización política
conocemos mejor.
Entre los aztecas, el palacio del gobernante era llamado
tecpan, “lugar de señor”, y se trataba
de un espacio en el que se combinaban funciones residenciales
y de administración política. El plano del
palacio de Nezahualcóyotl, en Texcoco, nos muestra
que la vida política se concentraba en dos espacios:
el patio principal del palacio y la sala del trono. Esta
sala se ubicaba en una plataforma, que daba al patio principal,
y veía hacia la entrada del palacio, que de-sembocaba
en una plaza pública. De esta manera, esos tres
espacios –plaza, patio principal y sala del trono–
llevaban desde el área más accesible a la
población a una zona más restringida, donde
se debatían los asuntos públicos, para rematar
en el espacio más privilegiado de todos, la sala
en que residía el poder del gobernante.
El modelo palaciego estuvo presente de manera sistemática
en la Cuenca de México durante el Posclásico
Tardío, de acuerdo con las descripciones históricas
sobre los grandes palacios imperiales y las excavacione
de palacios menores de ciudades-Estado, como el tecpan
de Chimalhuacan Atenco y la residencia de la elite en
el poblado rural de Cihuatecpan, cerca de Otumba, en el
valle de Teotihuacan.
EL MODELO PALACIEGO AZTECA
El modelo refleja la forma de gobierno azteca: despotismo
combinado con el consenso de los nobles. El dirigente
ejercía un poder absoluto, pero no podía
ignorar los consejos de los nobles que conformaban su
corte y se reunían en su patio. Estos nobles, a
su vez, como lo indican las anotaciones en el plano del
palacio de Nezahualcóyotl, encabezaban otras entidades
–casi siempre ciudades-Estado– y regresaban
a sus dominios para ocupar su sala en su propio palacio
y reunirse con nobles de menor rango e importantes cabezas
de familias de sus localidades. Estos nobles menores,
a su vez, discutían los asuntos con sus vasallos
en las grandes aldeas y asentamientos rurales.
En cada nivel de la jerarquía política azteca,
los asuntos se discutían con los encargados de
ejecutarlos, con quienes recogían los tributos
y con los encargados de que las milicias estuvieran siempre
preparadas para la contienda. Los dirigentes también
encabezaban las ceremonias y festejos que se realizaban
en los patios.
El análisis de este característico rasgo
arquitectónico permite entender la evolución
del modelo político azteca. ¿Qué
cultura influyó en los aztecas? Reverenciaban a
los teotihuacanos, pero para el Posclásico los
monumentos a lo largo de la Calzada de los Muertos llevaban
cientos de años en ruinas. Durante el apogeo de
Teotihuacan, sus construcciones residenciales, los llamados
“conjuntos departamentales”, estaban formados
por cuartos alrededor de pequeños patios interiores.
TULA Y TEOTIHUACAN
El lugar con más probabilidades de haber sido el
palacio real de Teotihuacan, durante el Clásico
Temprano, es el llamado Complejo de la Calzada de los
Muertos. Se ubica justo al sur de la Pirámide del
Sol y debido a que se distribuye en ambos lados de la
Calzada de los Muertos, incluye una parte de esta vía,
conformando así una compleja versión de
un conjunto departamental. La Plaza Oeste de ese complejo
tiene una estructura elevada que permite ver la parte
central de la Calzada de los Muertos y debe haber estado
complementada, de manera simétrica, con una plaza
y estructura elevada semejantes, al otro lado de la calzada.
Tal vez se trate de las salas desde las cuales los gobernantes
teotihuacanos dirigían las audiencias, utilizando
la Calzada de los Muertos como patio.
Desde allí el dirigente podía supervisar
las procesiones que avanzaban por la Calzada de los Muertos,
rasgo del ritual que sin duda era un elemento fundamental
en la vida ceremonial de Tula, como lo muestran las representaciones
en bajorrelieves de esa ciudad. Los edificios con columnatas
de Tula, que ven hacia la plaza central de su recinto
sagrado, parecen haber sido adaptados para los desfiles
o las reuniones de nobles, mercaderes y guerreros.
Las diferencias entre los patrones de asentamiento de
Tula y Teotihuacan muestran que debieron tener formas
de gobierno diferentes. Teotihuacan era una enorme ciudad,
con pocos asentamientos fuera de sus límites. Tula,
en cambio, estaba rodeada de comunidades cuyos líderes
debían consultar al rey de Tula, y recibir órdenes
de él –tal vez como miembros de la corte
real–, para lo cual debían reunirse en el
patio del rey.
ARTÍCULO COMPLETO EN
LA EDICIÓN IMPRESA
Traducción:
Elisa Ramírez
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Dra. Susan Toby Evans. Catedrática en el Departamento
de Antropología de la Universidad Estatal de Pennsylvania.
Autora de Ancient Mexico and Central America: Archaeology
and Culture History (2004) y editora, con David Webster,
de Archaeology of Ancient Mexico and Central America:
An Encyclopedia (2001). |