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Si el Bajío era
ya conocido por sus bellas ciudades coloniales, ahora
los recientes trabajos arqueológicos nos llevan
a valorar un importante patrimonio prehispánico.
Dentro de esta región, el suroeste de Guanajuato
destaca por su notable riqueza. Al igual que sitios como
Plazuelas y Peralta, los del Cerro Barajas forman parte
de este acervo. Localizado en el municipio de Pénjamo,
el Cerro Barajas alberga uno de los conjuntos arqueológicos
más grandes y mejor conservados del estado. Los
vestigios de imponentes edificios cuyos muros de laja
aún alcanzan los tres metros de altura forman parte
de los extensos conjuntos arquitectónicos de Los
Nogales, el sitio mayor del cerro. Esos vestigios plantean
importantes interrogantes históricas: situados
al norte del río Lerma –en un área
ocupada, en tiempos de la conquista española, por
grupos nómadas de cazadores-recolectores–,
los sitios del Cerro Barajas no podrían atribuirse
a esos pobladores tardíos, pues por sus características
podemos afirmar que sus habitantes eran sedentarios, cuya
forma de vida se asemejaba más bien a la de las
sociedades mesoamericanas. Por eso se cree que la población
original de estos sitios habría abandonado la zona
antes del siglo XVI. Con el estudio de estos asentamientos
esperábamos entender mejor la identidad de aquellas
antiguas poblaciones sedentarias y sacar a la luz los
motivos por los cuales abandonaron esos lugares.
En realidad, los trabajos realizados en el Cerro Barajas
se relacionan con una problemática general que
abarca la frontera norte de Mesoamérica. Desde
los trabajos pioneros de Pedro Armillas se admite que
el límite norte de dicha área tuvo variaciones
importantes a lo largo del tiempo. Fue durante el primer
milenio después de Cristo que Mesoamérica
tuvo su mayor expansión. En ese periodo, los grupos
sedentarios formaban una abundante población que
llegó a colonizar las regiones áridas del
norte de México, 200 km más allá
de los límites reconocidos a comienzos del siglo
XVI. Alrededor de 1000 d.C., por razones (¿climáticas?,
¿sociopolíticas?) aún desconocidas,
los agricultores abandonaron estas zonas, las cuales volvieron
a ser territorio de las tribus nómadas de las culturas
del desierto. Este proceso tuvo un gran impacto en el
mundo mesoamericano: se sabe por las tradiciones orales
y pictográficas indígenas del Posclásico,
que en los cinco siglos que preceden a la irrupción
de los conquistadores hubo frecuentes migraciones procedentes
del norte. Y también se sabe que los mismos toltecas,
aztecas y tarascos reivindicaban estos orígenes
norteños. Los sitios barajeños bien pudieron
ser un punto de partida de alguno de estos grupos migrantes.
Por lo tanto, su estudio aporta valiosos datos sobre la
compleja historia del mundo prehispánico.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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• Grégory Pereira. Doctor en arqueología
por la Universidad de Paris I-La Sorbona. Investigador
del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS)
de Francia y del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericano
(CEMCA). Coordinador del Proyecto Arqueológico
Barajas.
• Dominique Michelet. Doctor en arqueología
por la Universidad de Paris I-La Sorbona. Director de
la unidad de investigación UMR 8096-Archéologie
des Amériques del CNRS de Francia. Coordinador
de varios proyectos en San Luis Potosí, Michoacán
y Campeche.
• Gérald Migeon. Doctor en arqueología
por la Universidad de Paris I-La Sorbona. Curador en el
Ministère de la Culture, Service Régional
de l’Archéologie de Guyane. Investigador
de la unidad UMR 8096-Archéologie des Amériques
del CNRS. Ha participado en proyectos arqueológicos
en Michoacán y Guanajuato. |