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Estudios sobre la extensión y estructura interna
de la antigua ciudad de Tula permitieron establecer que
el asentamiento original se remonta al siglo vii y que
abarcaba un área aproximada de 3 km2 alrededor
del centro ceremonial de Tula Chico. A lo largo de 500
años la ciudad fue creciendo y ocupando parte del
valle, al oriente, y las faldas de los cerros, al poniente,
siguiendo el cauce del río Tula, hasta alcanzar
los 15 km2. Durante este crecimiento su traza se transformó
(Mastache et al., 2002).
A partir del siglo x, Tula Grande fue el eje de la segunda
traza. Su orientación se determinó mediante
la observación de fenómenos estelares y
a partir de ella se proyectaron las edificaciones rectoras
de la ciudad (Getino, 2007). La población se agrupó
en barrios, y se construyeron templos y palacios que funcionaron
como referentes ideológicos y políticos
de cada uno de ellos (Mastache y Cobean, 2003). En cada
barrio se erigieron conjuntos habitacionales de dos tipos,
de acuerdo con la jerarquía de sus residentes (Healan,
1989).
Los conjuntos habitacionales eran aquellos en que las
familias desarrollaban su vi-da en común y constituían
el núcleo principal en la organización espacial
del asentamiento urbano. Ya fueran residencias de la elite
o los grupos de casas más comunes, ambos se construyeron
cerca de los templos localizados sobre altos basamentos,
los que a su vez simbolizaban el centro religioso de cada
barrio. Los palacios eran construcciones de mayor envergadura,
vinculadas directamente con los templos, en las que se
seguía el modelo del recinto principal de la ciudad
(Getino, 2007).
Los conjuntos arquitectónicos se construyeron sobre
terrenos nivelados cubiertos con empedrados que conformaban
plazas y calles, las cuales separaban los barrios. Éstos
se identificaban por el culto a sus deidades y por los
oficios particulares de cada familia extensa (Morales,
1993).
Durante los trabajos del proyecto “Salvamento arqueológico
en la carretera de libramiento norte de la ciudad de México”,
realizados entre 2004 y 2005, se descubrieron conjuntos
arquitectónicos que representan los componentes
principales de un barrio característico de Tula.
La investigación sigue su curso y aquí se
presentan algunos avances del proyecto.
TEMPLO DOBLE
Los templos de barrio descubiertos hasta ahora en Tula
muestran diferencias en el diseño de sus basamentos,
pero siguen los principios constructivos de la arquitectura
tolteca en sus revestimientos y decoraciones. Destacan
los basamentos cuadrangulares con pórticos o de
forma circular, como el edificio de El Corral. El templo
doble localizado en la Zona Urbana Norte es el ejemplo
más antiguo en su tipo (siglos x-xi), anterior
a los basamentos similares de Tenayuca, Tlatelolco y Tenochtitlan
(siglos XIII-XV).
En uno de los barrios del norte de la ciudad se erigieron
suntuosas construcciones, sobre un amplio espacio cubierto
por un empedrado, de lo cual quedan como vestigios un
templo doble y parte de un palacio (parcela 6), ambos
resultado de un largo proceso constructivo. El templo
doble tuvo cuatro etapas principales. El edificio localizado
al norte fue el primero en levantarse; se trata de una
construcción pequeña cuya forma original
se desconoce, aunque se sabe que fue construida a partir
de un núcleo de tierra. La edificación corresponde
a la fase Corral Terminal (850-900 d.C.) y es contemporánea
de la última época de Tula Chico.
Durante la segunda etapa se levantaron paramentos de piedra
en talud, que cubrieron el edificio original hasta alcanzar
más de tres metros de altura, y se agregó
una escalinata al poniente. Se colocaron lápidas
formando dos tableros que dividen el basamento en dos
cuerpos, y la superficie se recubrió con pequeñas
lajas de tepetate y aplanado de estuco. En la tercera
etapa se construyó, al sur, otro cuerpo con dimensiones
similares, lo que dio como resultado dos edificios gemelos,
cada uno con una escalinata al poniente. Aunque se conservó
el mismo estilo arquitectónico, el segundo basamento
se erigió sobre un núcleo de piedras en
un cajón de cimentación, muestra del avance
en los sistemas constructivos de la ciudad durante su
apogeo (900-1150 d.C.).
En el vértice inferior de la unión de los
edificios había un pequeño espacio, pero
en la cuarta etapa constructiva los edificios quedaron
unidos y la entrecalle que los separaba quedó oculta.
Mediante un muro transversal en la parte central de la
fachada oeste se formó un solo basamento, que conservó,
sin embargo, la doble escalinata. Finalmente, se levantaron
plataformas bajas en los costados norte y sur del templo,
separadas de éste por un muro, y se agregaron tres
pequeños altares, frente a las escalinatas y en
el vértice de los templos. Las piedras labradas
que se encontraron diseminadas alrededor del edificio
permiten suponer que el templo estaba profusamente adornado
con lápidas y remates esculpidos. Es probable que
el edificio tuviera su apariencia final hacia 1000 d.C.,
cuando comenzó el declive del poder tolteca.
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LA EDICIÓN IMPRESA
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Fernando Getino Granados. Arqueólogo por la ENAH.
Candidato a maestro en estudios mesoamericanos por la
UNAM. Investigador de la Dirección de Salvamento
Arqueológico, INAH. Director del proyecto “Salvamento
arqueológico en la carretera de libramiento norte
de la ciudad de México”.
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