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Las
tapas de bóveda pintadas en el área maya
Leticia Staines Cicero
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El
arte pictórico maya se plasmó
en distintas manifestaciones plásticas,
una de las cuales es la arquitectura. Una interesante
modalidad de este rico acervo es la conocida
como tapas de bóveda pintadas, entre
cuyos elementos característicos se encuentran:
un soporte arquitectónico específico,
un color uniforme y el uso de la imagen de una
deidad.
Tapa de bóveda 6, Ek’
Balam, Yucatán. Alfonso Arellano identificó
el glifo mak y lo tradujo como “tapa”.
La tapa es el símbolo del ritual de dedicación
o terminación del aposento, en tanto
que cierra o tapa la bóveda una vez concluida.
En los textos de algunas de éstas se
incluyen fechas de conclusión de los
edificios. El texto glífico de ésta,
según Alfonso Lacadena, dice: “(En)
el día 2 men en el octavo de
chakat, fue cerrado el cuarto; es el
recinto de Ukit Kan Le’k”.
Foto: Javier Hinojosa
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La
bóveda maya es una solución arquitectónica
empleada para crear espacios interiores y exteriores,
y es similar a un arco. También llamada bóveda
en saledizo, se sustenta en muros verticales y paralelos,
y se construye con hileras de piedras que se van superponiendo;
cada hilera sobresale de la anterior hasta que la bóveda
se cierra en la parte superior con la llamada piedra
tapa. Una tapa de bóveda forma parte de los sillares
de piedra caliza rectangulares que en hilada cierran
la bóveda; en la tapa, que quedaba al centro,
antes de ser colocada se pintaba una escena. A la piedra
se le aplicaba una capa de estuco con la cual se lograba
uniformar la superficie; después se dibujaban
las figuras con color. Al colocar la piedra en su lugar,
era necesario cubrir con un aplanado de estuco el resto
de la bóveda y al concluir este proceso, la piedra
quedaba integrada de tal manera que, sobre una superficie
homogénea en muros y bóveda, destacaba
una imagen pintada.
Varias de estas piezas todavía se encuentran
in situ, otras fueron desprendidas o se hallaron
en escombros y se resguardan en bodegas y museos. Los
ejemplos con que contamos actualmente se han localizado
en sitios de Campeche y Yucatán, y corresponden
a las regiones del estilo arquitectónico Chenes
y Puuc; sin embargo, también se han localizado
en Ek’ Balam, que no corresponde a ninguno de
esos estilos. Además, la mayoría de las
piezas, salvo algunas excepciones, como las de Chichén
Itzá que son posteriores, pertenecen al periodo
Clásico Tardío (600-850 d.C.).
Características
generales
El registro del corpus de las piedras tapa
con imágenes pictóricas fue iniciado por
Christopher Jones en 1975; más adelante continuaron
su estudio, entre otros, Martine Fettweis, Karl Herbert
Mayer y Leticia Staines. Sumados los nuevos hallazgos,
actualmente se cuenta con más de 160; sin embargo,
pocas han conservado completa la capa pictórica,
pues un gran número se encuentra en mal estado
de conservación. Las dimensiones de las que se
han desprendido varían, pero en promedio miden
1m de largo por 50 cm de ancho, aunque el área
pintada es menor.
Mayer sugirió una nomenclatura con el fin de
diferenciarlas de otras manifestaciones artísticas
mayas, y propuso numerar cada una por sitio arqueológico
y según el orden en que fueron descubiertas;
hay sitios como Kiuic, Santa Rosa Xtampak, Dzibilnocac
y Chichén Itzá en los que se han encontrado
varios ejemplos.
La distribución de las imágenes es sencilla:
consiste en una figura central, que es una deidad, enmarcada
por los cuatro lados, o sólo arriba y abajo,
por franjas en las que se dibujó un texto glífico
o distintos diseños. Hasta la fecha, sólo
se conocen dos en que se representó a un par
de personajes.
El marco es un elemento esencial y distintivo en el
arte pictórico maya; franjas de colores intensos
se usan para separar las escenas. En el caso de las
tapas pintadas, estas franjas, cuya función parece
ser exclusivamente delimitar el espacio, poseen un lenguaje
propio y a la vez complementario respecto de la imagen
central. Este contenido iconográfico y epigráfico
tiene un doble uso; por un lado ambas líneas,
la interior y la exterior de la franja, determinan el
lugar de los diseños, los separan de la figura
principal pero además la enmarcan.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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Leticia Staines Cicero. Historiadora de arte. Investigadora
del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE),
UNAM. Miembro del proyecto “La pintura mural prehispánica
en México”. Realiza el doctorado en historia
del arte.
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ESPECIAL
29
VIGENTE
CÓDICE NUTTALL
Segunda parte
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