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RUTAS Y Caminos en el México prehispánico

ÍNDICE 81  
DOSIER: Rutas y caminos en el México prehispánico NATURALEZA Y CULTURA:

Arqueología de los caminos prehispánicos y coloniales

La codorniz, animal mítico
De los Valles Centrales de Oaxaca al Golfo de México RITOS MESOAMERICANOS :
Caminos y rutas de intercambio prehispánico Antigüedad y distribución de la danza de los Voladores
Los caminos prehispánicos de Yucatán ARQUEOLOGÍA DE CENTROAMÉRICA:
Tira de la Peregrinación. La migración mexica Pieza olmeca en la Cueva Hato Viejo Olancho, Honduras
Rutas y caminos de los mexicas El jaguar iguana
La conformación del espacio novohispano PIEZA: Quetzalcóatl-Tlaltecuhtli
Veredas y caminos en tiempos del automóvil DOCUMENTO: Códice Vindobonensis núm. 1

Dosier

La conformación del espacio novohispano
Bernardo García Martínez

Los rasgos de la organización del espacio novohispano (construido desde su origen sobre la base de la subsistencia y continuidad de la ciudad de México) siguen teniendo gran peso en la estructura geográfica actual del país del mismo nombre y definen algunos de sus rasgos fundamentales.

Las líneas gruesas demarcan las áreas culturales prehispánicas determinadas con base en estudios arqueológicos e históricos. Las áreas del Golfo y del Occidente corresponden de manera general a las vertientes del altiplano. Estas vertientes no sólo lo eran en el sentido fisiográfico, sino también en el sentido de que implicaban una relación de dependencia o subordinación, establecida probablemente desde la época del florecimiento de Teotihuacan.
Las áreas coloreadas corresponden a los territorios de los principales estados: Michoacán y el imperio de la Triple Alianza. Este último tenía una extensión que claramente abarcaba casi toda el área cultural del altiplano y parte considerable de las vertientes adyacentes, que era hacia donde había orientado su expansión.
Las flechas sombreadas ubican de manera aproximada la dirección de las influencias políticas y culturales que penetraban el área maya. Hacia esas zonas apuntaban los proyectos imperiales más ambiciosos de la Triple Alianza.

 

 

 

La información sobre los caminos de la época colonial es abundante, como lo muestra este mapa de Tepeji del Río en la segunda mitad del siglo XVI. Con toda probabilidad, la mayoría de los caminos representados son prehispánicos, pero al introducir caballos y carros se hizo necesario acondicionarlos. Así, en dos de ellos (los que se dirigen al norte, que en el mapa está a la izquierda) se ven no sólo huellas de pies, al estilo prehispánico, sino también de herraduras. Sin embargo, la información que obtenemos de mapas como éstos es de carácter local. Para entender la disposición general de los caminos en todo el territorio novohispano es necesario recurrir a otras fuentes y hacer una interpretación cuidadosa de la evidencia.

La ciudad de México tiene gran preeminencia en la historia del país: ha sido un centro indiscutible de poder político y económico y en ella se han tomado muchas de las decisiones más trascendentales. Tan es así que a menudo se da por hecho que la historia de México se entiende con sólo tomar en cuenta lo ocurrido en esta ciudad –por ejemplo, la caída de Tenochtitlan, la obra de los virreyes o las vicisitudes de la silla presidencial. Esto provoca una gran distorsión en nuestro conocimiento, pues en realidad casi toda la historia de México, el país, ha ocurrido fuera de México, la ciudad. Sin embargo, hemos de reconocer que lo ocurrido en ésta ofrece una pauta invaluable para organizar el conocimiento que tenemos de otras áreas. De no ser así sería difícil armar una historia “nacional”.
Con la geografía ocurre algo parecido. Una “geografía de México” es una geografía “nacional”. Y aunque la geografía de carne y hueso sólo se conoce examinando región tras región, una geografía “nacional” requiere de un elemento que la estructure y nos dé una pauta útil para organizar nuestro conocimiento. El conocimiento, en este caso, es el geográfico, que (en esencia) es el que nos lleva a comprender cómo el espacio cobra forma, se organiza o se modifica. El elemento estructurador que viene en nuestro auxilio es, nuevamente, la ciudad de México, como se verá en este artículo al comentar los rasgos de la organización del espacio prehispánico y analizar su conservación o cambio en la época colonial y aun después.
Principiemos reflexionando sobre la toponimia: la república de México, el Estado de México, el valle de México, Nuevo México, aun el Golfo de México, toman su nombre de una ciudad fundada en el siglo XIV a 2 200 msnm. Son sólo nombres, pero nos dicen mucho de la influencia de la ciudad sobre su entorno. Cuando Nueva España llegó a su fin, México, el país, decidió tomar el nombre de México, la ciudad. (Es el único país de gran tamaño que ha tomado el nombre de su capital.) Ese centro tan relevante es el que define al conjunto y norma la explicación de su geografía y su historia.
No existía “México” antes del siglo XIV, pero sí se había formado en el altiplano, desde tiempos de Teotihuacan y Tula, un centro hegemónico sobre el que no es necesario abundar aquí. México (o, si se quiere precisar, México-Tenochtitlan) heredó su posición y encarnaba esa hegemonía en el momento del contacto indoeuropeo. Las conquistas de la Triple Alianza consolidaban el dominio del altiplano sobre las sierras y las tierras bajas, es decir, las vertientes que daban frente a uno y otro mar (lo que hoy llamamos el Golfo y el Pacífico). El frío y seco altiplano y las vertientes cálidas y húmedas armaban una excelente simbiosis ecológica y funcional. Las segundas abastecían con sus tributos a la gran ciudad del altiplano, y ésta respondía con el ejercicio de su poder y su ascendiente cultural o ideológico. Los principales caminos estaban dispuestos de modo de atender a las necesidades de estos intercambios.

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Bernardo García Martínez. Doctor en historia; profesor de El Colegio de México. Autor de estudios sobre historia de los pueblos de indios, historia rural y geografía histórica. Ha publicado obras de síntesis sobre la historia y la geografía de México. Miembro del Comité Científico-Editorial de esta revista y guía oficial del Club de Exploraciones de México. Entre las actividades de esta institución, fundada en 1922, se cuentan excursiones en las que se recorre muchas de estas antiguas veredas en todas partes del país.

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La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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