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Cenotes en el área maya

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DESCUBRIMIENTO: Hallazgo de lápida monumental, Tlaltecuhtli. Los huesos del Cenote Sagrado. Chichén Itzá, Yucatán

La diosa Tlaltecuhtli

Cementerios acuáticos mayas
DOSIER: Los cenotes en el área maya El cenote Ziiz Ha.
Los cenotes de la península de Yucatán Los cenotes en la actualidad
Cenotes y asentamientos humanos en Yucatán Guía de Viajeros. Cenotes en la península de Yucatán
Bolonchén, Campeche PIEZA: El Cascajal, Jaltipan, Veracruz
El cenote Xlacah. Dzibilchaltún, Yucatán ARQUEOLOGÍA: Artesanos y barro
El Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán DOCUMENTO: Códice de Huichapan

DOSIER

Cementerios acuáticos mayas
Carmen Rojas Sandoval

En memoria de nuestro maestro y amigo Santiago Analco.
Buen viaje, Santa, por las aguas del Xibalbá

 

 

 

Para los mayas, los cenotes –al igual que las cuevas– eran entradas al mundo de los muertos, el Xibalbá, lo cual los convertía en cámaras funerarias naturales. En diversos cenotes hemos localizado esqueletos humanos, en un caso más de 100. Creemos que esos cenotes fueron utilizados por ciertos grupos como verdaderos cementerios acuáticos, y que los restos no siempre corresponden a sacrificios humanos.

 

 

Las características de los cenotes y las cuevas inundadas–entre ellas la falta de luz, las condiciones químicas del agua y los sedimentos finos– permiten una preservación extraordinaria de la evidencia arqueológica.
Foto: Eugenio Acévez / INAH

La península de Yucatán alberga un gran número de cuevas inundadas y cenotes. Este nombre es una derivación de la palabra maya ts’onot, que significa “abismo, profundidad”, lago de agua dulce muy hondo o pozo; también está el término ts’ono’ot, caverna con agua depositada, receptáculo de agua profunda (Diccionario maya, 2001).
Las características de los cenotes y cuevas inundadas, como la falta de luz, las condiciones químicas del agua y los sedimentos finos, permiten una preservación extraordinaria de la evidencia arqueológica.

LOS SITEMAS KÁRSTICOS Y EL INFRAMUNDO MAYA
Para los mayas, las cuevas y las fuentes de agua eran pasos simbólicos entre el mundo terrestre y el subterráneo. De ahí su relación con el mundo de los muertos, llamado Xibalbá, pero al mismo tiempo su asociación con la fertilidad. Eran considerados como lugares del nacimiento de la vida, punto de origen de algunos grupos o linajes y contenedores de agua virgen o suhuy ha’. Por todo ello han sido espacios adecuados para llevar cabo diversos ritos.
El inframundo maya estaba relacionado con diversos seres mitológicos y animales fantásticos, como el ave moan, manifestación del dios de la muerte (De la Garza, 1995). Algunas representaciones del ave moan muestran una combinación de ave y perro, por lo que ambos animales son considerados como seres fantásticos de carácter nocturno. Además, el perro era el que conducía las almas de los muertos al Xibalbá, y su relación con el hombre le permitía incluso sustituirlo como víctima del sacrificio humano. Otros animales cuyo reino es nocturno y subterráneo eran los jaguares, los murciélagos y los búhos. Las serpientes eran símbolo de la inmortalidad y encarnación del espíritu de la muerte, que mora en las profundidades de la Tierra.
La mitología fantástica del inframundo y su asociación con las cuevas como puertas de acceso al mundo de los muertos quedó plasmada en esa gran obra universal que es el Popol Vuh. La travesía de los héroes gemelos Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú por el Xibalbá nos lleva a conocer los reinos de la noche y la oscuridad, donde habitan los dioses que dan vida y muerte a todos los seres.

LOS CENOTES COMO SITIOS DE CULTO
Uno de los rituales más conocidos en relación con los cenotes era el llamado chen ku, que consistía en arrojar víctimas a sus aguas, como en el caso del Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán; sin embargo, los cenotes eran propicios para una gran variedad de ceremonias. Los hallazgos en el Cenote Sagrado han generado la idea de que los cenotes son poseedores de grandes riquezas; pero este cenote es un caso extraordinario, ya que hasta la fecha no se conoce otro con tal variedad de ofrendas, como objetos de jade, cobre, oro e incluso textiles.
La evidencia de ritos asociados a los cenotes y cuevas con cuerpos de agua es variada e incluye decoraciones en las paredes de las cuevas, como las conocidas “caritas”, y estructuras pequeñas localizadas en los accesos, formadas por rocas apiladas que probablemente constituían adoratorios o templos. Asimismo, en la superficie los mayas construyeron diversos tipos de estructuras cerca de los cenotes, como templos, plataformas, escaleras, etc.
En la actualidad pueden encontrarse pequeños adoratorios con tres cruces, elaboradas en madera o roca y vestidas con los característicos bordados yucatecos de flores. En el interior de cenotes y cuevas los mayas depositaban vasijas, usualmente en nichos o grietas ocultos. Bajo el agua hemos localizado importantes conjuntos de vasijas, en un gran porcentaje de cerámica suntuaria. Por sus características, es posible que esas vasijas fuesen utilizadas para colectar el agua virgen o para ser ofrendadas después de haber sido “matadas”, práctica en la que se realizaban perforaciones circulares pequeñas o bien un corte en la boca en forma de V.
Uno de los cenotes en los que se ofrendó una gran cantidad de vasijas es el que se localiza en el interior del conjunto conocido como Xcanyuyum, en Chichén Itzá, Yucatán. Aquí se encontraron 21 piezas de cerámica local, correspondientes al Posclásico Temprano, con algunos elementos foráneos. En su mayoría se trata de objetos suntuarios de los tipos Dzitas, Nabula, Dzibiac Rojo Local, Balantun y Cumpich Inciso o Chakmaj.
En las cercanías de Uxmal hay otro cenote en el que se localizó una gran variedad de vasijas-ofrenda. La boca del cenote se encuentra cubierta por una laja de roca y para llegar al espejo de agua, que está 9 m por debajo de la superficie, se debe hacer un descenso a rappel. En el fondo del cenote se localizaron 22 vasijas de tipos y formas muy variados, entre ellas algunas vertederas o “chocolateras”, vasos decorados y un tejo. Los tejos son piezas circulares extraídas de las propias vasijas; se desconoce su función pero se cree que podrían ser una especie de fichas para algún tipo de juego. En algunas vasijas procedentes de cenotes se depositaron ofrendas y restos de carbón.

LOS CENOTES COMO SITIOS FUNERARIOS
Desde el arribo de los españoles en el siglo XVI a la península de Yucatán se supo de la realización de sacrificios humanos por parte de los mayas, quienes arrojaban los cuerpos de los sacrificados a los cenotes. Las crónicas coloniales de los frailes fomentaron la idea de que eran doncellas y niños los que se sacrificaban. Las primeras recuperaciones realizadas por Edward Thompson en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá, a principios del siglo xx, mostraron que efectivamente se realizaron sacrificios y ofrendas. Sin embargo, los trabajos arqueológicos en la década de 1960, bajo la coordinación de Román Piña Chán (Chase, 1994), desmitificaron la idea de que sólo se sacrificaban mujeres jóvenes, ya que se encontraron individuos tanto masculinos como femeninos que incluían desde niños hasta adultos.
Hay diversas hipótesis para explicar el origen de las concentraciones esqueléticas en los cenotes, conocidas de forma genérica como “depósitos mortuorios”. Es posible que esos depósitos respondan a más de una causa, entre las cuales está el sacrificio humano, el uso funerario a manera de cementerios acuáticos o bien a mortandad por guerras, enfermedades o catástrofes naturales, como las sequías y los huracanes. En todos los depósitos mortuorios estudiados hasta la fecha se ha observado que los cráneos presentan deformación tabular erecta y tabular oblicua, lo que indica que corresponden a individuos mayas del periodo prehispánico o del contacto europeo. Así, se descarta la posibilidad de que sean depósitos de épocas coloniales, producto de las pestes, de las insurgencias indígenas o de los posteriores movimientos armados de la época revolucionaria. El caso más extraordinario de depósito mortuorio se localiza en el estado de Quintana Roo, en un cenote con restos óseos de por lo menos 118 individuos. Es un cenote-dolina de boca reducida (1.20 m) cuyo espejo de agua se encuentra a 13 m por debajo de la superficie. La mayor concentración de restos óseos se encuentra hacia el sur del cenote, sobre un talud natural formado por sedimentos terrígenos. En su mayoría, los huesos se encuentran desarticulados, a diferencia de otros cenotes en que es posible apreciar algunos esqueletos en conexión anatómica. La mayor parte es de adultos, lo cual es una característica de los cenotes con depósitos mortuorios que se han estudiado, por lo que pensamos que no corresponden a sacrificios humanos, donde encontraríamos infantes y jóvenes. Además, la marcada ausencia de otro tipo de evidencia, a manera de ofrendas, nos hace pensar en un recinto funerario, al parecer un osario donde se redepositaron los esqueletos de ciertos personajes.

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Carmen Rojas Sandoval. Arqueóloga. Investigadora de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH. Codirectora del proyecto “Atlas arqueológico subacuático para el registro, estudio y protección de los cenotes en la península de Yucatán” y directora del proyecto “Cementerios acuáticos mayas”.

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