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La
península de Yucatán alberga un gran número
de cuevas inundadas y cenotes. Este nombre es una derivación
de la palabra maya ts’onot, que significa “abismo,
profundidad”, lago de agua dulce muy hondo o pozo;
también está el término ts’ono’ot,
caverna con agua depositada, receptáculo de agua
profunda (Diccionario maya, 2001).
Las características de los cenotes y cuevas inundadas,
como la falta de luz, las condiciones químicas
del agua y los sedimentos finos, permiten una preservación
extraordinaria de la evidencia arqueológica.
LOS
SITEMAS KÁRSTICOS Y EL INFRAMUNDO MAYA
Para los mayas, las cuevas y las fuentes de agua eran
pasos simbólicos entre el mundo terrestre y el
subterráneo. De ahí su relación con
el mundo de los muertos, llamado Xibalbá, pero
al mismo tiempo su asociación con la fertilidad.
Eran considerados como lugares del nacimiento de la vida,
punto de origen de algunos grupos o linajes y contenedores
de agua virgen o suhuy ha’. Por todo ello han sido
espacios adecuados para llevar cabo diversos ritos.
El inframundo maya estaba relacionado con diversos seres
mitológicos y animales fantásticos, como
el ave moan, manifestación del dios de la muerte
(De la Garza, 1995). Algunas representaciones del ave
moan muestran una combinación de ave y perro, por
lo que ambos animales son considerados como seres fantásticos
de carácter nocturno. Además, el perro era
el que conducía las almas de los muertos al Xibalbá,
y su relación con el hombre le permitía
incluso sustituirlo como víctima del sacrificio
humano. Otros animales cuyo reino es nocturno y subterráneo
eran los jaguares, los murciélagos y los búhos.
Las serpientes eran símbolo de la inmortalidad
y encarnación del espíritu de la muerte,
que mora en las profundidades de la Tierra.
La mitología fantástica del inframundo y
su asociación con las cuevas como puertas de acceso
al mundo de los muertos quedó plasmada en esa gran
obra universal que es el Popol Vuh. La travesía
de los héroes gemelos Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú
por el Xibalbá nos lleva a conocer los reinos de
la noche y la oscuridad, donde habitan los dioses que
dan vida y muerte a todos los seres.
LOS
CENOTES COMO SITIOS DE CULTO
Uno de los rituales más conocidos en relación
con los cenotes era el llamado chen ku, que consistía
en arrojar víctimas a sus aguas, como en el caso
del Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán;
sin embargo, los cenotes eran propicios para una gran
variedad de ceremonias. Los hallazgos en el Cenote Sagrado
han generado la idea de que los cenotes son poseedores
de grandes riquezas; pero este cenote es un caso extraordinario,
ya que hasta la fecha no se conoce otro con tal variedad
de ofrendas, como objetos de jade, cobre, oro e incluso
textiles.
La evidencia de ritos asociados a los cenotes y cuevas
con cuerpos de agua es variada e incluye decoraciones
en las paredes de las cuevas, como las conocidas “caritas”,
y estructuras pequeñas localizadas en los accesos,
formadas por rocas apiladas que probablemente constituían
adoratorios o templos. Asimismo, en la superficie los
mayas construyeron diversos tipos de estructuras cerca
de los cenotes, como templos, plataformas, escaleras,
etc.
En la actualidad pueden encontrarse pequeños adoratorios
con tres cruces, elaboradas en madera o roca y vestidas
con los característicos bordados yucatecos de flores.
En el interior de cenotes y cuevas los mayas depositaban
vasijas, usualmente en nichos o grietas ocultos. Bajo
el agua hemos localizado importantes conjuntos de vasijas,
en un gran porcentaje de cerámica suntuaria. Por
sus características, es posible que esas vasijas
fuesen utilizadas para colectar el agua virgen o para
ser ofrendadas después de haber sido “matadas”,
práctica en la que se realizaban perforaciones
circulares pequeñas o bien un corte en la boca
en forma de V.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Carmen Rojas Sandoval. Arqueóloga.
Investigadora de la Subdirección de Arqueología
Subacuática del INAH. Codirectora del proyecto
“Atlas arqueológico subacuático para
el registro, estudio y protección de los cenotes
en la península de Yucatán” y directora
del proyecto “Cementerios acuáticos mayas”. |