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El sacrificio humano asociado a cenotes
fue una práctica cultural con una prolongada duración
en Yucatán. En documentos históricos se
registran diferentes formas de sacrificios rituales en
esos cuerpos de agua característicos del norte
de la península de Yucatán. Es interesante
que en 93% de los sacrificios mencionados en los documentos
de Sotuta y Homún-Hocabá se realizó
la extracción del corazón y que 79% se depositó
en algún cenote. En esos documentos se mencionan
víctimas predominantemente entre los 6 y los 12
años, así como adultos masculinos jóvenes.
Los estudios indican que la muestra esquelética
procedente del Cenote Sagrado de Chichén Itzá
coincide con los grupos de edad y sexo de los individuos
descritos en esas crónicas. El estudio de las fuentes
históricas, aunado a la iconografía y la
evidencia arqueológica, revela que en la sociedad
maya antigua los sacrificios humanos tenían características
particulares relacionadas con el contexto físico
y el tiempo en el que tuvieron lugar. Durante los periodos
Clásico y Posclásico, las representaciones
iconográficas de sacrificio humano y violencia
en el momento de la muerte aumentaron en las Tierras Bajas
mayas del norte. Un ejemplo claro de esto se encuentra
en Chichén Itzá; en las fuentes etnohistóricas
se describen con detalle sacrificios humanos asociados
a su principal cenote.
RESTOS
ESQUELÉTICOS PROCEDENTES DEL CENOTE SAGRADO
La muestra esquelética que nos ocupa fue recobrada
en el Cenote Sagrado como producto de las investigaciones
realizadas en 1961 bajo la dirección de William
Folan, y entre 1967-1968 por Román Piña
Chán. En este primer análisis tafonómico
(tafonomía: estudio de los procesos que forman
el yacimiento arqueológico) de la muestra se esperaba
encontrar indicadores esqueléticos de violencia
en el momento de la muerte, que pudieran estar relacionados
con algunas de las formas documentadas de muerte ritual.
La muestra fue analizada sistemáticamente empezando
con las características de los individuos y sus
condiciones de vida. Debido a la naturaleza colectiva
de la muestra, y al hecho de que el material se obtuvo
muy mezclado, las características se basaron en
los atributos de 78 de los 81 cráneos y 47 de las
54 mandíbulas. Sobre esta base de datos, la distribución
por edad de los individuos indica que 80 son infantiles
o subadultos (64%) y 45 son adultos (36%). Respecto al
sexo en el grupo de los adultos, 68% es masculino y 32%
femenino. Esta distribución es consistente con
la muestra del Cenote Sagrado recobrada por Edward Thompson,
que se encuentra en el Museo Peabody de Cambridge, Massachusetts.
Asimismo, se intentó separar los marcadores esqueléticos
producidos por agentes naturales de aquellos creados por
manipulación cultural. En la investigación
se distinguieron patrones de marcas culturales, y se puso
especial énfasis en su localización y asociación
con regiones anatómicas específicas, con
el propósito de determinar el tipo de actividad
que las originó. Los patrones de marcas parecen
estar relacionados con actos de violencia en el momento
de la muerte, o con tratamientos póstumos, como
la desarticulación, el descarnado, el desollamiento
y la exposición al calor.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Guillermo de Anda Alanís.
Universidad Autónoma de Yucatán, Departamento
de Arqueología Subacuática. Licenciado en
ciencias antropológicas con especialidad en arqueología
y maestro en antropología esquelética. Se
especializa en prácticas mortuorias asociada a
los cenotes. |