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Conocidas como mocihuaquetzqueh, mujeres
que se yerguen, ixcuiname, lagañosas(?),
cihuapipiltin, princesas, o cihuateteoh,
diosas (fig. 1), las mujeres muertas
en un primer parto tenían una función
muy particular en la religión náhuatl
prehispánica. El hecho de haber muerto en
una etapa de su preñez o en el momento de
dar a luz, es decir, en lo que se consideraba como
un combate contra fuerzas antagónicas, les
confería un estatuto divino parecido al de
los hombres que habían fallecido en la guerra
o en sacrificio. Dichos hombres llevaban al Sol
desde el este hasta el cenit, mientras que las mocihuaquetzqueh
lo recibían en el cenit y lo bajaban hasta
el poniente, cihuatlampa, literalmente lugar
de las mujeres.
Los nombres propios con los cuales se les designaban
revelan algunos de sus aspectos. Dos de ellos, mocihuaquetzqueh
e ixcuiname, son plenamente onomásticos,
mientras que los otros dos, cihuapipiltin
y cihuateteo, tienen un carácter nominativo
derivado y son, de alguna manera, sobrenombres calificativos.
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EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Patrick Johansson K. Doctor en letras por
la Universidad de París (Sorbona). Investigador
en el Instituto de Investigaciones Históricas
y profesor de literatura náhuatl en la Facultad
de Filosofía y Letras, ambos en la UNAM.
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