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DOCUMENTO
Códice Madrid
Merideth Paxton
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CONTENIDO
El códice contiene escenas adivinatorias
en un contexto de ciclos calendáricos (tzolkín
y haab) y direcciones del universo.
Las imágenes representan rituales y actividades
cotidianas como la agricultura, petición
de lluvia, apicultura, caza, actividades bélicas,
sacrificio humano y tejido, como se reflejaban en
el ámbito de las deidades. Por ejemplo, se
ilustra una serie de mujeres tejiendo en telar de
cintura, tema que se ha asociado con la diosa lunar
y que se compara con el movimiento de nuestro satélite.
También se ilustraron ceremonias que marcan
el término de un ciclo de 365 días
(haab) y el inicio del siguiente. El contenido
de algunos pasajes muestran similitudes con partes
de pictografías procedentes del Centro de
México.
FECHA DE ELABORACIÓN
Posclásico Tardío.
LUGAR DE ORIGEN
Tal vez proceda de Yucatán. Sin embargo,
y debido a la escasez de información, es
necesario plantear nuevas hipótesis a partir
del examen directo del códice. El tipo de
corteza de una higuera usada para hacer el papel
fue identificada a principios del siglo pasado,
pero este dato no ayuda a determinar su lugar preciso
de origen, porque la distribución de esa
higuera o ficus es muy extendida.
El idioma dominante en los textos glíficos
es el maya yucateco (incluidos el mismo yucateco,
lacandón, mopán e itzá), el
cual en la actualidad se habla en la península,
en las tierras bajas de Chiapas, el Petén
y Belice. A principios del siglo pasado, algunos
especialistas consideraron la posibilidad de que
el códice pudo haber sido obtenido del grupo
maya-itzá asentado en una isla del lago de
Petén, conocida como Flores, lo que ocurrió
después de la conquista española de
este reducto independiente, en 1697.
Aunque algunos motivos que aparecen en el códice
representan objetos usados no sólo en Yucatán
sino en un área más amplia, el análisis
iconográfico indica una asociación
con la península yucateca. Algunas ilustraciones
de recipientes de cerámica tienen semejanza
con los incensarios del Posclásico Tardío
excavados en Mayapán y con los del Petén.
Las representaciones de hachas que llevan algunas
deidades también pueden compararse con objetos
líticos recuperados arqueológicamente. |
• Características
físicas. Éste es el más
extenso de los códices mayas prehispánicos.
Consta de 112 páginas (56 hojas pintadas
en ambos lados) que miden 23.2 cm de altura por
12.2 cm de ancho (con ligeras variantes). El papel
es de amate y originalmente se preparó como
una larga tira que se doblaba como acordeón.
Sobre las páginas se aplicó una capa
de estuco muy fino como base, sobre la cual se pintaron
jeroglíficos e imágenes. Los colores
ahora visibles son café rojizo oscuro, amarillo
café claro, dos tonos de azul, negro y gris.
En algún momento la pictografía fue
dividida en dos partes. Un gran fragmento de estuco
pintado, desprendido de la parte superior de la
página 56, se guarda junto con las dos partes
señaladas.
• Formas y colores. John
Eric Thompson ha señalado que la ejecución
artística del códice no tuvo la calidad
de otras pictografías prehispánicas,
como la del Dresde y París.
El mayista inglés consideró que las
figuras de los dioses en el Madrid eran
descuidadas y estaban delineadas con prisa. También
criticó la falta de claridad en el registro
glífico. A pesar de la opinión adversa
de uno de los grandes especialistas en la materia,
la importancia del códice radica en su mera
existencia y en la validez general de su información. |
Un
diagrama ritual de tiempo y espacio
Las páginas 75 y 76, junto con
las 77 y 78, abarcan un pasaje relativo a la asociación
de la rueda calendárica con las direcciones del
mundo, los lugares que ocupan las deidades en este espacio
ritual y las ofrendas que se entregaban en determinadas
ocasiones. Este diagrama espacio-temporal sigue las
premisas que continuaron en uso en el periodo colonial
y que en la actualidad están vigentes. El sistema
está basado en la observación del movimiento
aparente anual del Sol, visto como una “migración”,
desde su salida y puesta en los horizontes oriental
y occidental, entre las fechas de los solsticios de
verano e invierno. El resultado es el registro de cinco
sectores: el centro –donde se localiza el observador–,
los segmentos este y oeste –delimitados por los
amaneceres y atardeceres solsticiales–, y el norte
y el sur.
En el códice, la separación de las cuatro
direcciones se hizo mediante una especie de cruz de
Malta, en cuyo perímetro se registró la
cuenta ritual del tzolkín, de 260 días,
por medio de puntos negros y glifos. Se trata de uno
de los ciclos que conforman la rueda calendárica
maya. El sector central fue cuidadosamente trazado,
y los glifos de los cuatro puntos cardinales se encuentran
en los espacios trapezoidales. Las deidades registradas
en las tres escenas del eje oriente-poniente son aspectos
del dios solar y de la Luna, aunque aquí ésta
muestre características masculinas. Además,
se agregaron 18 pisadas humanas en los espacios que
se forman en los ángulos solsticiales, entre
los cuatro puntos cardinales. Se cree que representan
intervalos de 20 días cada uno. Si se agrega
el grupo de puntos pequeños de la esquina sureste,
aparentemente sumarían los 365 días, correspondientes
al ciclo anual conocido como haab. Al parecer,
las pisadas humanas simbolizan el aparente movimiento
del dios solar. El registro de los días del tzolkín
que crea la cruz de Malta se inicia en la parte interior
de la esquina sudoriental, en el día 1 imix,
y prosigue en dirección contraria a las manecillas
del reloj, con incrementos de 13 días (trecenas).
Esta cuenta puede estar relacionada con la lista de
días de una trecena que comienza en la página
78 y concluye en la 77. Estas partes se asocian con
el diagrama espacio-temporal que ocupa las páginas
75 y 76, mediante glifos direccionales y ofrendas como
las que se registraron en el sector central. La unidad
de contenido de las páginas 77 y 78 es clara,
además, la página 76 está físicamente
unida a la 77. La continuidad temática establece
que la escena de las páginas 75 y 76 debe estar
acomodada con el oriente en la parte de arriba, aunque
esto invierte la posición de las deidades solar
y lunar en dos de los tres paneles del eje oriente-poniente.
Esta unidad, compuesta de cuatro páginas, deberá
ser leída como 78, 77, 76 y 75.
Breve
historia del códice
Hasta la fecha no se han encontrado datos relacionados
con la llegada del códice a Europa. En un momento
fue dividido en dos secciones que, durante algún
tiempo, se consideraron autónomas, con los títulos
de Códice Troano y Códice
Cortesiano. En 1866, el primer fragmento estaba
en manos de Juan Troano y Ortolano. Charles Etienne
Brasseur de Bourbourg lo vio en Madrid en el mismo año
e hizo los arreglos necesarios para hacer una reproducción
litográfica, en 1869. El Troano fue
adquirido por el Museo Arqueológico Nacional
en 1888. Juan Palacios, un residente de Madrid, intentó
vender el Cortesiano hacia 1867. El museo citado
también lo adquirió del bibliófilo
José Ignacio Miró, en 1872. Miró
afirmó que lo había adquirido recientemente
en Extremadura. Debido a que Hernán Cortés
provenía de esa provincia, y con la idea de que
el mismo Cortés lo había traído
a España, el director del museo lo bautizó
con el nombre del conquistador. Un edición limitada
de fotos del Cortesiano circuló alrededor de
1880, que ayudó a aclarar que se trataba de un
solo manuscrito, debido al empalme correcto de las dos
secciones.
Principales
estudios
La primera reproducción de una de las partes
del códice (Troano) fue dada a conocer
por el abad Brasseur de Bourbourg en 1869. A ésta
siguieron varias ediciones no facsimilares, con estudios
parciales. Entre éstos destacan los de León
de Rosny (1883), Cyrus Thomas (1882), Paul Schellhas
(1897), Eduard Seler (a partir de 1902), Villacorta
y Villacorta (1933), Zimmermann (1956), Yuri Knorozov
(1963), Ferdinand Anders (1963), John Eric Thompson
(1950 y 1972) y David Kelley (1976). Hay también
trabajos más recientes, como el de Roberto Escalante
Hernández (1992), Gabrielle Vail (1996), Victoria
R. Bricker y Gabrielle Vail (1997), y Laura Elena Sotelo
Santos (2002).
Otros
nombres
Códice Tro-Cortesiano, Códice Matritense
Maya, Códice Maya del Museo de América
de Madrid.
Lugar
donde está depositado
Museo de América de Madrid, España.
Para
leer más...
Codex Tro-Cortesianus, Codex Madrid. Museo
de América, Madrid, introducción
y sumario de Ferdinand Anders, Akademische Druck-u Verlagsanstalt,
Graz, Austria, 1967. Incluye facsímil.
Códice Tro-Cortesiano: cuyo original
se encuentra en el Museo de América de Madrid,
introducción de Manuel Ballesteros Gaibrois,
estudio crítico de Miguel Rivera Dorado, Ministerio
de Cultura de España/Testimonio Compañía
Editorial, Madrid, 1991. Incluye facsímil.
Los códices mayas,
edición de Thomas A. Lee, Universidad Autónoma
de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 1985. Incluye facsímiles.
Paxton, Merideth, The Cosmos of
the Yucatec Maya. Cycles and Stepes from the Madrid
Codex, University of New Mexico Press, Albuquerque,
2001.
Vail, Gabrielle, y Anthony Aveny (eds.),
The Madrid Codex. New Approaches to Understanding
an Ancient Maya Manuscript, University Press of
Colorado, Boulder, 2004.
Traducción del inglés:
Xavier Noguez
_____________________
Merideth Paxton. Doctora
en historia del arte. Investigadora asociada en el Instituto
Latinoamericano e Ibérico de la Universidad de
Nuevo México. Estudia formas y contenidos de
los códices mayas y su relación con las
pinturas de los sitios arqueológicos, particularmente
de Yucatán, así como la información
etnohistórica generada a partir de la conquista
española.
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ESPECIAL
27
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Los
mexicas ante el cosmos
Alfredo López Austin
La cosmovisión mexica
concebía que la realidad divina estaba traslapada
en el espacio de las criaturas, se creía en una
doble naturaleza del tiempo y del espacio.
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