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LA religión mexica

ÍNDICE 91  
DOSIER: La religión mexica HIST. DE ARQUEOLOGÍA: El peregrinar la Piedra del Sol
Los mexicas ante el cosmos ARQUEOLOGÍA: El arte rupestre, Guanajuato
El mundo sobrenatural ANTROPOLOGÍA FÍSICA: El cuerpo humano
Los “2 000 dioses” de los mexicas PIEZA: Espina con inscripción de Comalcalco
Ochpaniztli. La fiesta de las siembras MITOS Y CUENTOS: Nuestro Abuelo el fuego
Historia sobre religión mexica DOCUMENTOS: Códice Madrid
La cosmovisión de los nahuas CONCURSO: La sangre y el oro

DOCUMENTO

Códice Madrid
Merideth Paxton

CONTENIDO
El códice contiene escenas adivinatorias en un contexto de ciclos calendáricos (tzolkín y haab) y direcciones del universo. Las imágenes representan rituales y actividades cotidianas como la agricultura, petición de lluvia, apicultura, caza, actividades bélicas, sacrificio humano y tejido, como se reflejaban en el ámbito de las deidades. Por ejemplo, se ilustra una serie de mujeres tejiendo en telar de cintura, tema que se ha asociado con la diosa lunar y que se compara con el movimiento de nuestro satélite. También se ilustraron ceremonias que marcan el término de un ciclo de 365 días (haab) y el inicio del siguiente. El contenido de algunos pasajes muestran similitudes con partes de pictografías procedentes del Centro de México.

FECHA DE ELABORACIÓN

Posclásico Tardío.

LUGAR DE ORIGEN

Tal vez proceda de Yucatán. Sin embargo, y debido a la escasez de información, es necesario plantear nuevas hipótesis a partir del examen directo del códice. El tipo de corteza de una higuera usada para hacer el papel fue identificada a principios del siglo pasado, pero este dato no ayuda a determinar su lugar preciso de origen, porque la distribución de esa higuera o ficus es muy extendida.
El idioma dominante en los textos glíficos es el maya yucateco (incluidos el mismo yucateco, lacandón, mopán e itzá), el cual en la actualidad se habla en la península, en las tierras bajas de Chiapas, el Petén y Belice. A principios del siglo pasado, algunos especialistas consideraron la posibilidad de que el códice pudo haber sido obtenido del grupo maya-itzá asentado en una isla del lago de Petén, conocida como Flores, lo que ocurrió después de la conquista española de este reducto independiente, en 1697.
Aunque algunos motivos que aparecen en el códice representan objetos usados no sólo en Yucatán sino en un área más amplia, el análisis iconográfico indica una asociación con la península yucateca. Algunas ilustraciones de recipientes de cerámica tienen semejanza con los incensarios del Posclásico Tardío excavados en Mayapán y con los del Petén. Las representaciones de hachas que llevan algunas deidades también pueden compararse con objetos líticos recuperados arqueológicamente.

Características físicas. Éste es el más extenso de los códices mayas prehispánicos. Consta de 112 páginas (56 hojas pintadas en ambos lados) que miden 23.2 cm de altura por 12.2 cm de ancho (con ligeras variantes). El papel es de amate y originalmente se preparó como una larga tira que se doblaba como acordeón. Sobre las páginas se aplicó una capa de estuco muy fino como base, sobre la cual se pintaron jeroglíficos e imágenes. Los colores ahora visibles son café rojizo oscuro, amarillo café claro, dos tonos de azul, negro y gris. En algún momento la pictografía fue dividida en dos partes. Un gran fragmento de estuco pintado, desprendido de la parte superior de la página 56, se guarda junto con las dos partes señaladas.
Formas y colores. John Eric Thompson ha señalado que la ejecución artística del códice no tuvo la calidad de otras pictografías prehispánicas, como la del Dresde y París. El mayista inglés consideró que las figuras de los dioses en el Madrid eran descuidadas y estaban delineadas con prisa. También criticó la falta de claridad en el registro glífico. A pesar de la opinión adversa de uno de los grandes especialistas en la materia, la importancia del códice radica en su mera existencia y en la validez general de su información.

Un diagrama ritual de tiempo y espacio
Las páginas 75 y 76, junto con las 77 y 78, abarcan un pasaje relativo a la asociación de la rueda calendárica con las direcciones del mundo, los lugares que ocupan las deidades en este espacio ritual y las ofrendas que se entregaban en determinadas ocasiones. Este diagrama espacio-temporal sigue las premisas que continuaron en uso en el periodo colonial y que en la actualidad están vigentes. El sistema está basado en la observación del movimiento aparente anual del Sol, visto como una “migración”, desde su salida y puesta en los horizontes oriental y occidental, entre las fechas de los solsticios de verano e invierno. El resultado es el registro de cinco sectores: el centro –donde se localiza el observador–, los segmentos este y oeste –delimitados por los amaneceres y atardeceres solsticiales–, y el norte y el sur.
En el códice, la separación de las cuatro direcciones se hizo mediante una especie de cruz de Malta, en cuyo perímetro se registró la cuenta ritual del tzolkín, de 260 días, por medio de puntos negros y glifos. Se trata de uno de los ciclos que conforman la rueda calendárica maya. El sector central fue cuidadosamente trazado, y los glifos de los cuatro puntos cardinales se encuentran en los espacios trapezoidales. Las deidades registradas en las tres escenas del eje oriente-poniente son aspectos del dios solar y de la Luna, aunque aquí ésta muestre características masculinas. Además, se agregaron 18 pisadas humanas en los espacios que se forman en los ángulos solsticiales, entre los cuatro puntos cardinales. Se cree que representan intervalos de 20 días cada uno. Si se agrega el grupo de puntos pequeños de la esquina sureste, aparentemente sumarían los 365 días, correspondientes al ciclo anual conocido como haab. Al parecer, las pisadas humanas simbolizan el aparente movimiento del dios solar. El registro de los días del tzolkín que crea la cruz de Malta se inicia en la parte interior de la esquina sudoriental, en el día 1 imix, y prosigue en dirección contraria a las manecillas del reloj, con incrementos de 13 días (trecenas). Esta cuenta puede estar relacionada con la lista de días de una trecena que comienza en la página 78 y concluye en la 77. Estas partes se asocian con el diagrama espacio-temporal que ocupa las páginas 75 y 76, mediante glifos direccionales y ofrendas como las que se registraron en el sector central. La unidad de contenido de las páginas 77 y 78 es clara, además, la página 76 está físicamente unida a la 77. La continuidad temática establece que la escena de las páginas 75 y 76 debe estar acomodada con el oriente en la parte de arriba, aunque esto invierte la posición de las deidades solar y lunar en dos de los tres paneles del eje oriente-poniente. Esta unidad, compuesta de cuatro páginas, deberá ser leída como 78, 77, 76 y 75.

Breve historia del códice
Hasta la fecha no se han encontrado datos relacionados con la llegada del códice a Europa. En un momento fue dividido en dos secciones que, durante algún tiempo, se consideraron autónomas, con los títulos de Códice Troano y Códice Cortesiano. En 1866, el primer fragmento estaba en manos de Juan Troano y Ortolano. Charles Etienne Brasseur de Bourbourg lo vio en Madrid en el mismo año e hizo los arreglos necesarios para hacer una reproducción litográfica, en 1869. El Troano fue adquirido por el Museo Arqueológico Nacional en 1888. Juan Palacios, un residente de Madrid, intentó vender el Cortesiano hacia 1867. El museo citado también lo adquirió del bibliófilo José Ignacio Miró, en 1872. Miró afirmó que lo había adquirido recientemente en Extremadura. Debido a que Hernán Cortés provenía de esa provincia, y con la idea de que el mismo Cortés lo había traído a España, el director del museo lo bautizó con el nombre del conquistador. Un edición limitada de fotos del Cortesiano circuló alrededor de 1880, que ayudó a aclarar que se trataba de un solo manuscrito, debido al empalme correcto de las dos secciones.

Principales estudios
La primera reproducción de una de las partes del códice (Troano) fue dada a conocer por el abad Brasseur de Bourbourg en 1869. A ésta siguieron varias ediciones no facsimilares, con estudios parciales. Entre éstos destacan los de León de Rosny (1883), Cyrus Thomas (1882), Paul Schellhas (1897), Eduard Seler (a partir de 1902), Villacorta y Villacorta (1933), Zimmermann (1956), Yuri Knorozov (1963), Ferdinand Anders (1963), John Eric Thompson (1950 y 1972) y David Kelley (1976). Hay también trabajos más recientes, como el de Roberto Escalante Hernández (1992), Gabrielle Vail (1996), Victoria R. Bricker y Gabrielle Vail (1997), y Laura Elena Sotelo Santos (2002).

Otros nombres
Códice Tro-Cortesiano, Códice Matritense Maya, Códice Maya del Museo de América de Madrid.

Lugar donde está depositado
Museo de América de Madrid, España.

Para leer más...
Codex Tro-Cortesianus, Codex Madrid. Museo de América, Madrid, introducción y sumario de Ferdinand Anders, Akademische Druck-u Verlagsanstalt, Graz, Austria, 1967. Incluye facsímil.
Códice Tro-Cortesiano: cuyo original se encuentra en el Museo de América de Madrid, introducción de Manuel Ballesteros Gaibrois, estudio crítico de Miguel Rivera Dorado, Ministerio de Cultura de España/Testimonio Compañía Editorial, Madrid, 1991. Incluye facsímil.
Los códices mayas, edición de Thomas A. Lee, Universidad Autónoma de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 1985. Incluye facsímiles.
Paxton, Merideth, The Cosmos of the Yucatec Maya. Cycles and Stepes from the Madrid Codex, University of New Mexico Press, Albuquerque, 2001.
Vail, Gabrielle, y Anthony Aveny (eds.), The Madrid Codex. New Approaches to Understanding an Ancient Maya Manuscript, University Press of Colorado, Boulder, 2004.

Traducción del inglés: Xavier Noguez

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Merideth Paxton. Doctora en historia del arte. Investigadora asociada en el Instituto Latinoamericano e Ibérico de la Universidad de Nuevo México. Estudia formas y contenidos de los códices mayas y su relación con las pinturas de los sitios arqueológicos, particularmente de Yucatán, así como la información etnohistórica generada a partir de la conquista española.

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Alfredo López Austin
La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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