arqueología mexicana
MOCTEZUMA XOCOYOTZIN

ÍNDICE 98  
Moctezuma II. Gloria y ocaso del imperio ARQUEOLOGÍA: Alejandro Mrtz Muriel. Semblanza
Linajes mexicas Xochicalco, Morelos. Reconstrucción en papel
Símbolos de poder de Motecuhzoma II Jean-Baptiste Fuzier y la Comisión Científica
Moctezuma II: la expansión del imperio HISTORIA DE LOS CÓDICES: Códice Borgia
Moctezuma II. La gloria del imperio MITO: Algunas variaciones sobre Moctezuma
El ocaso de los dioses. Moctezuma II DOCUMENTO: Códice Mendoza
Moctezuma II. Imagen de un tlatoani CUENTO HISTÓRICO :Se le veía en los ojos

SEXTO Concurso de cuento histórico

Se le veía en los ojos
Odette María Rojas Sosa
Seudónimo: Ánsar
Categoría: Postuniversitaria
Maestría en historia, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

“En el año de 1836, ¿o fue en el 37?, / Mambrú se fue a la guerra/ y no sé cuándo vendrá…”. Mejor que ni vuelva, que de todos modos nadie lo extraña. Además, así no tiene que aguantar este sol que le quema a uno el lomo, hasta parece de lumbre. Y luego peor porque traigo una sed de perro. Quién me manda venirme, si andaba yo tan a gusto allá en la Villa. Si le supiera a las rezanderías, me pondría a decir unos padresnuestros como me han contado que hacen los que andan por este camino de los Misterios, a ver si me hace Dios el milagrito de acortarme la lejanía. Pero pos no es el caso porque luego se me confunden las avesmarías con las salves, por eso me han de salir tan torcidas las cosas…

Fue nada más verle la cara a ese hombre para saber que me iba a traer mala fortuna. Éste es un lugar decente, pero la vida está bien difícil y pues vender unos pulquitos no le hace mal a nadie, no es cosa inmoral, ni indecente. Le digo que lo vi entrar y en el acto iba a echarlo, porque le noté una pinta muy extraña, como medio ido. Pero de repente ya estaba muy sentado, vaciando en la mesa una bolsa de pesos, que aunque se me hizo raro, no están los tiempos para ponerse exigente con la clientela. Llevaba echado un rebozo en las espaldas y unos zapatones que parecían haber caminado todo el país.
Le serví uno, dos pulques junto con el taco, como me pidió. Era de lo poco que había alcanzado a esconder cuando llegaron los soldados que venían con Santa Anna, si no, no hubieran dejado ni el aire. Hasta eso se veía muy tranquilo y como que nomás iba de paso, porque me preguntó qué día era y también quién era el presidente. Apenas le estaba yo diciendo que 14 de septiembre, cuando entró el otro. Gris, como todos los que caminan largo rato, con una camisa mugrosa y desgarrada y unos pantalones que alguien le habrá regalado porque le quedaban muy rabones. Cuando se acercó le pude ver el pelo y los ojos y supe que era forastero. De los indeseables. Pidió agua y aunque en otras condiciones no le hubiera negado esa caridad a nadie, lo corrí, en primera porque la que tenía apenas alcanzaba para la familia y en segunda porque los gringos como ese vienen a donde no los llaman nada más para ver qué les aprovecha. En eso el del rebozo me dijo que le sirviera a su amigo, que él se hacía cargo, que además del agua le sirviera un taco y de paso para él, otro jarro de pulque. Yo le iba echando las cuentas y pensé que si quería gastarse todo haciendo dádivas, pues allá él, cuando ya no le alcanzara para pagarme yo los sacaba a la calle a los dos.
Ahí estaban juntos, cada uno con su jarro hasta que el de los pulques dizque empezó a hablar en inglés y pues a lo mejor es cierto o será que el extranjero le daba por su lado porque ya lo veía borracho. Lo que sí oí bien claro fue que le preguntó Yunait Esteis o algo así…

…. Me puso una cara el güero ése cómo si lo hubiera confundido con el diablo —bueno, que viene siendo casi la misma cosa—. Y decía “no, no, Airland, Europa”. O sea que pasando el mar. Pos la verdad a mí ya se me hacía raro que anduviera un gringo extraviado por aquí. Creo que me dijo que se llamaba James o algo así me acuerdo. Le dije que qué andaba haciendo tan lejos, que si venía a rezarle a la Virgen. Me respondió que sí aunque ya no me contestó para pedirle qué o por quién. Pero ni falta me hizo. A un hombre se le ve en los ojos si anda huyendo de alguien, si ha matado a un hombre o si tiene un amor perdido. Y al James se le notaba todo eso en la mirada, si lo sabré yo.
A mí no me gusta andarle contando mis cosas al primero que me encuentro por ahí, verdad, pero no sé por qué al güero ese como que le agarré confianza. De paso ponía en práctica el inglés que ya se me estaba olvidando. Entonces me arranqué. Hace muchos años (ya ni me acuerdo cuántos), pero fue por ahí del 35 o 36, tenía yo mi tierrita, mi mujer, mi mula y mi amigo, que además era mi compadre porque me llevó a presentar un niño Dios. Lo único que me faltaba era tener criaturas, pero ya vendrían luego. Vivía en el Norte allá por San Luis. Un día llegó un señor que decían que era el presidente de la República. Nomás por ver el argüende fui a verlo a la plaza. Empezó a hablar bien bonito: que si la Nación y los sacrificios y el futuro de nuestros hijos y quién sabe qué tanta cosa. N’hombre, a la mitad ya no lo dejaban hablar por los aplausos y para cuando acabó medio mundo llorando y maldiciendo gringos. Si me hubiera dicho “córtate un brazo”, me lo hubiera arrancado. Nos enlistamos todos los que andábamos ahí y los que no, de todos modos los enlistaron. A mi compadre no le tocó por su pata coja. Le encargué que cuidara todo, que no dejara secar mis milpas, que les echara un ojo a mi mujer y a la mula.
A los tres días ya me andaba rajando. Nos traían en medio del desierto con unos uniformes de lana bien raídos, todos muertos de hambre y de sed porque nomás nos daban un bolillo y una taza de agua. Pero aguanté. Hasta quién sabe cuántos días después nos dijeron que ya habíamos llegado a Tejas. Al principio casi nadie sabía ni cómo se agarraba un arma, pero hacíamos lo que nos mandaban y parece que funcionaba la cosa. La verdad, viendo que nos iba tan bien, estábamos confiados de que íbamos a ganar y pues un día nos echamos una siestita para reponer fuerzas. Nomás que yo siempre he tenido el sueño ligero y en una de esas como que escuché ruidos. Abro un ojo y voy viendo un gringo que se me echa encima. Pensé que o me lo quebraba yo o me quebraba él a mí. Entonces me paré como alma que lleva el diablo y corrí. Sin detenerme. Todavía oí que me gritaba “Damn you!” y cuando lo vi lejos no me aguanté las ganas de responderle que la suya. Eso que yo no sabía qué me estaba diciendo. Total que de tanto correr, no sé ni a dónde fui a dar. De repente que me doy cuenta que el James apenas había tocado su taco…

… El extranjero ese no hablaba pero tampoco comía nada. Nada más se había tomado el agua. Y el otro seguía platique y platique, champurrando el español con el inglés. Pero en una de esas le paró tantito y le hizo una pregunta. El güero le respondió algo de estómago. Entonces el del rebozo pidió más pulques, uno para su amigo y otro para él. Yo ya no quería servirle pero se me puso impertinente diciendo que para eso llevaba dinero. Como no tenía ganas de pleito le inventé que ya era lo último que quedaba —bueno, ni tan invento—. Le dio lo mismo. Empezó a decirle a su convidado que nada de cerveza ni de chinguirito, que el pulque es la mejor medicina porque aplaca los espíritus, fortifica el cuerpo…

…cura las penas y sosiega los estómagos, me consta. Es que pobre James, le había caído mal toda la comida que le habían dado, con eso de que en su tierra no hay chile. Pos ya arreglado el problema le seguí con lo mío, ¿pero en qué iba? Ah sí, que andaba yo en Tejas o a lo mejor había corrido tanto que ya estaba en otra parte. Pensé que tenía que conseguir algo que comer. Hasta entonces se me ocurrió que con el uniforme puesto me iban a mandar derechito a la cárcel y ni modo que anduviera en cueros. Me seguí caminando hasta que Diosito santo se apiadó de mí. Que me encuentro a un gringo a medio morir a la mitad de una vereda. Llevaba puesta una ropa bien elegante, yo creo que lo habían agarrado unos bandoleros y le habían metido un balazo. De veras era como un milagro porque era así de mi vuelo, nomás que mejor alimentado. Todavía resoplaba el pobre pero se veía que ya estaba entregando el alma. Así que pensé que de que lloraran en su casa a que lloraran en la mía… Lo aparté del camino, le quité la ropa, lo revisé para ver si llevaba algo más (nada, porque de veras lo habían dejado limpio) y lo dejé ahí en la orilla; eso sí, me persigné y lo cubrí con mi uniforme. Cuando me alejaba oí que le salía un ruido del cuerpo, que no puedo decir a qué sonaba pero muchas noches en medio del silencio lo vuelvo a escuchar. Después de eso anduve un tiempo de pueblo en pueblo haciendo trabajos de lo que encontraba. En muchos hablaban español pero de repente llegaba a otros donde no me entendían ni media palabra. Como será fuerte el hambre que hasta aprendí algo de inglés.
No regresaba a México porque pensaba que me iban a hacer un consejo de guerra por desertor. Pero pasados unos dos años se me hizo que ya ni quien se acordara de mí y decidí volver. Me tardé mucho más de lo normal porque me andaba cuidando de que nadie me viera. Hasta que una mañana llegué a mi tierra. Vi a mi Remedios salir de la casa y oí su voz diciendo mi nombre. Pero en vez de caminar hacia mí, que se agacha para levantar a un chamaquito que todavía no podía pararse solo. Pensé que era hijo mío. Me puse a hacer cuentas y yo no seré muy bueno para los números pero se me figuró que no era criatura mía. Y luego va llegando mi compadre, montado en mi mula y preguntándole a mi esposa qué había de almorzar. Entonces ya todo me cuadró. El compadre de veras había cuidado muy bien mis milpas y a mi mula y sobre todo a mi mujer porque se casó (o se juntó) con ella y le pusieron José al niño que tuvieron, o sea mi nombre. Por lo menos se acordaron del difuntito. En ese momento yo juré que nomás iba a vivir para una cosa: matar a Santa Anna.
Agarré camino para la capital y ya casi llegando, me entero que aquél andaba en Veracruz. Fue cuando vinieron los franceses, dizque para reclamar por unos pasteles. Y aunque a esa guerra le sobró merengue y le faltaron huevos, antes de que los corrieran me hicieron un favor a medias, porque casi matan al general. Bueno, mejor dicho fue un cuarto de favor porque todavía dejaron las otras tres cuartas partes del hombre.
Decidí quedarme más o menos cerca de la ciudad para poder cumplir mi promesa en cuanto tuviera oportunidad. El caso es que después ya no sabía ni qué hacer porque cuando me enteraba de que Santa Anna era de nuevo presidente, me acercaba a la capital y resultaba que ya había otro. Que si Bustamante, que si Echeverría, que si Santa Anna y luego Bravo; otra vez Santa Anna, después Canalizo y Santa Anna de nuevo… Hasta que les perdí la cuenta. Fue en ese tiempo que empecé a agarrarle gusto al pulque. Decidí largarme para Veracruz porque sabía que ahí tarde o temprano me iba a topar con quince uñas.
Nomás que en algo nos teníamos que parecer él y yo, somos igual de norteados. Llegué hasta una costa pero no la de Veracruz sino la del otro lado, creo que por Oaxaca. La verdad es que luego el pulque desorienta mucho, sobre todo porque se duerme uno en un lugar y después ya no se acuerda cómo fue a parar hasta otro. Aparte me tardé en llegar porque pues uno es hombre y las tentaciones de la carne son fuertes. Tuve mis mujeres en esos años, es cierto. Aunque con ninguna aguanté mucho tiempo porque después de un chico rato sentía que estaba tocando la espalda y respirando el olor de mi Remedios. Me despertaba pensando que iba a ver su cara, pero pos nada. A veces me llevaba algún recuerdo de ellas, como este rebozo que traigo puesto y que le quita bien a uno el frío.
Total que un día un señor se me quedó viendo y pos ya le iba a echar bronca porque nomás ven a alguien medio mareado ya creen que es su burla. Luego hasta lo recogen a uno para meterlo a la cárcel, dizque por vagancia y embriaguez; a los que peor les va hasta los meten de soldados, por eso hay que andar con tiento. Pero resulta que el fulano aquel había estado conmigo en lo de Tejas, aunque yo no sabría decir si es cierto porque no me acuerdo de nadie. Se portó re buena gente conmigo, me ofreció un dinero a cambio de que le echara la mano con su tierra porque él andaba en otro negocio (nunca supe cuál, pero a mí ni me importaba). Y dicho y hecho, cuando acabé me dio una bolsa con monedas nuevecitas, hasta parecían recién salidas del horno. A lo mejor estaba deschavetado porque eran bastantes pesos y no había sido tanto el trabajo. Fue entonces cuando decidí venirme a la Villa para jurarle a la Virgencita que ya iba a ser un hombre bueno, que iba a dejar de tomar pulque y que ya no iba a querer matar a Santa Anna. Si Dios no quiso nunca ponérmelo enfrente, por algo sería.

…Estaban los dos muy tomados. Uno por tanto pulque y el otro por la falta de costumbre. No me ocurría cómo sacarlos y que me pagaran mi dinero de una buena vez. Siendo dos hombres contra uno estaba yo en desventaja. En la angustia hasta le pedí a Dios que llegara algún soldado, pero nada. Como el general Santa Anna salió para Peralvillo muchos se fueron con él y otros tantos aprovecharon para largarse de una vez por todas. De repente los dos briagos se levantaron muy espontáneos (yo creo que porque se dieron cuenta de que de veras ya no tenía nada que ofrecerles) y me estaban pagando, cuando entraron seis hombres, supongo que militares vestidos de civil. Iban gritando cosas contra los estadunidenses y entonces el del rebozo le dijo a su amigo: órale gringo, éntrale, ¿no ves que te están ofendiendo? y a los soldados les dijo que con su amigo no se metieran. El güero como que se puso espantado. Yo no sabría decirle quién empezó a aventar cosas pero el caso es que a la media hora ya me habían deshecho el negocio. Luego empecé a revisar el dinero, a ver para qué me alcanzaba, y me voy dando cuenta de que las monedas que me había dado eran falsas. Eso sí muy bien hechas porque mire que con tantos años en esto a mí no me ve la cara cualquiera. Me tuve que poner a rumiar el coraje solo, porque del güero y del de rebozo ni la sombra, por eso es que ahorita no me queda otra cosa que hacer más que mirar cómo llegan los gringos…

Ya ni me acuerdo si le acabé de contar al güero. Más bien no me acuerdo de casi nada de lo que pasó ayer después de que nos tomamos el último pulque. Nomás que de repente cuando me desperté hoy estaba acostado al lado del James ese, en un solar vacío pasando la Villa de Guadalupe. Cuando me levanté, le vi la cara y le escuché el ruido del moribundo del camino, hace años. Pensé que me lo había ajusticiado sin darme cuenta. Así que me fui corriendo hasta que ya como a la mitad del camino me agobió el sol y pensé que a lo mejor aquél estaba roncando. Pero pos decidí seguirme para la ciudad de México porque ahí se confunde uno más fácil en la bola. Además, no sé si soñé o alguien me dijo que era 15 de septiembre, así que han de estar preparando el festejo.
Está todo muy raro. Me empecé a acercar a la ciudad y vi muchos güeros, como con cara de gringos. La Virgen ha de estar enojada porque no le cumplí mi promesa, por eso me manda alucinaciones. Pero ayer también estaba muy fuerte el calor y pues siempre se le antoja a uno algo para remojar el bocado. Además con el susto que pasé cuando llegué a la Villa y me topé con tanto soldado, pos sí le hace falta a uno echarse un pulque. Voy caminando para la plaza y está todo muy vacío. ¿Ora quién será el presidente? Quien quiera que sea, tiene unas puntadas... Yo creo que está de vuelta Santa Anna, porque cambiarnos la bandera por una de franjas y estrellas no lo hace cualquiera. A mí se me hace que la copió de algún lado porque como que la he visto en otra parte. La verdad estaba más bonita la de antes. Ha de ser por eso que la ciudad está callada y todos los hombres traen las caras largas, las beatas rezan (bueno, esas siempre), las señoritas lloran (yo las consuelo, muchachas) y los perros ladran…


Please enable JavaScript in your browser or update your Adobe® Flash® Player to view this content.


Inicio . Ediciones anteriores . Número Vigente . Especial Vigente . Próximo Número . Suscríbete . Banco Imágenes . Contáctanos
Quiénes somos . Otros productos . Anúnciate . Bolsa de Trabajo . Enlaces
©1993 Copyright Editorial Raíces S.A. de C.V.