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La caja de agua del
imperial Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco
fue descubierta en 2002 al pie de la fachada oeste del
Convento de Santiago Tlatelolco, durante una obra de urbanización.
La caja –localizada al levantar los adoquines del
piso circundante del edificio, cerca de la esquina del
sur– albergaba en su interior evidencias arqueológicas
que manifiestan la fusión de las culturas mexica
y europea durante los albores novohispanos.
La caja fue construida para que la población de
la república de indios instituida en Mexico-Tlatelolco
bajo el mandato de Cuauhtémoc tuviera agua potable.
Quienes la construyeron pensaron en dos funciones primordiales:
proveer el líquido vital y expresar el nuevo orden
religioso impuesto por los conquistadores españoles
mediante el bello mensaje pintado en sus muros. Se trata,
hasta el momento, de pinturas únicas en su género
que tienen gran parentesco con las ilustraciones del famoso
Códice Florentino de fray Bernardino de Sahagún,
el Mapa de Upsala y otros códices como el Azcatitlan
y el Cozcatzin.
Caja de agua o pila son nombres populares asignados a
los depósitos que se nutren mediante canales llamados
apantles en los que, generalmente, el agua siempre está
en movimiento. De acuerdo con el Mapa de Upsala, la que
ahora nos ocupa fue construida entre el Convento de Santiago
y el Colegio de la Santa Cruz; el agua ingresaba en ella
y posteriormente continuaba su recorrido hacia el oriente,
hasta el tecpan (palacio), donde abastecía a sus
ocupantes y regaba las huertas reales.
La caja de agua se encontraba bajo el pesado muro oeste
y, en su mayor parte, en la habitación suroeste
del Convento de Santiago. Aquí debe señalarse
que de acuerdo con Fernando de Ocaranza (1934), fue fray
Juan de Dios Rivera quien planeó el actual claustro,
en 1728, que al paso del tiempo fue convertido en prisión
militar, función que tuvo hasta 1944, cuando el
equipo de arqueólogos dirigido por Pablo Martínez
del Río y Antonieta Espejo logró que el
ejército lo cediera para poder realizar exploraciones,
que culminaron con el descubrimiento del Templo Mayor
de México-Tlatelolco. Este grupo de investigadores
terminó sus trabajos en 1956 y dos años
más tarde el presidente de la República,
Adolfo López Mateos, ordenó la construcción
de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco. Los arquitectos
dirigidos por Mario Pani hicieron la remodelación
del edificio para convertirlo en el Museo del Anáhuac,
donde se exhibiría todo el material arqueológico
recuperado, tanto prehispánico como colonial. Desafortunadamente,
carecemos de una memoria de los trabajos que aclare cuándo
se demolieron las crujías occidentales, se cegaron
los tres arcos de la receptoría de peregrinos y
se dejó el muro interno como fachada principal,
el mismo que está sobre la caja de agua. El 2 de
octubre de 1968 cambió radicalmente los planes
y el edificio fue cedido en comodato a la Secretaría
de Relaciones Exteriores.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN
IMPRESA
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Salvador Guilliem Arroyo. Arqueólogo por la ENAH
y pasante de la maestría en estudios mesoamericanos
por la UNAM. Miembro del Proyecto Templo Mayor desde 1978.
Director de la zona arqueológica de Tlatelolco. |