| Algunas
de las áreas más grandes para las que no
se contaba con suficiente información arqueológica
en el área maya hasta hace pocos años, corresponden
al sureste de Campeche. En la última década,
sin embargo, la situación ha cambiado notablemente:
en seis temporadas de prospecciones de campo se registraron
decenas de sitios desconocidos e incluso varios centros
mayores que aportan información particularmente
interesante sobre diversos aspectos de la cultura maya
en las Tierras Bajas centrales.
Los trabajos de reconocimiento arqueológico en
el sureste de Campeche abarcaron el área situada
al sur de la carretera federal 186, que atraviesa la península
de Yucatán de este a oeste. La región –con
excepción del extremo este, donde se encuentran
diversos poblados– se ubica en la parte sur de la
reserva de la biosfera de Calakmul, creada en 1989; se
trata de un vasto territorio cubierto por selvas tropicales,
despoblado y de difícil acceso, ya que prácticamente
todos los caminos que con anterioridad usaban los chicleros
y madereros cayeron en desuso y quedaron cubiertos por
vegetación secundaria. El único camino transitable
de manera permanente es el que conduce desde el poblado
de Conhuás, sobre la carretera federal 186, al
sitio arqueológico de Calakmul, el más grande
de la región.
En contraste con los conocimientos relativamente satisfactorios
sobre los sitios arqueológicos en la región
Río Bec, definida por su característico
estilo arquitectónico, los datos disponibles acerca
del área al sur y suroeste de la anterior –el
llamado Petén campechano– eran, hace apenas
una década, sumamente deficientes. Hasta los años
ochenta del siglo pasado, cuando empezaron las intensas
investigaciones en el área de Calakmul, la monumental
obra de Karl Ruppert y John Denison, Archaeological Reconnaissance
in Campeche, Quintana Roo, and Peten, publicada en 1943,
como resultado de cuatro expediciones de la Carnegie Institution
of Washington en los años treinta, fue prácticamente
la única fuente de información arqueológica
sobre el sureste de Campeche, aunque los sitios ahí
reportados eran sólo algunos de los más
grandes y mejor preservados. El importante sitio de El
Palmar fue descubierto y estudiado, en la misma década,
por Eric Thompson, mientras que otros autores han mencionado
algunos sitios más, pero con datos tan someros
que resulta imposible identificarlos en campo.
Durante las prospecciones realizadas en 1996, 1998, 2001,
2002, 2004 y 2005, registramos más de 60 sitios
arqueológicos desconocidos, incluidos varios centros
mayores con enormes complejos arquitectónicos y
monumentos esculpidos. Asimismo, logramos localizar nuevamente
la mayoría de los sitios que habían sido
reportados por las expediciones de Karl Ruppert, pero
cuya ubicación se había perdido. Para la
búsqueda de los sitios nos apoyamos en los datos
proporcionados por informantes locales, así como
en las fotografías aéreas de la bios-fera
de Calakmul. Las prospecciones se enfocaron hacia los
sitios mayores, tanto por su importancia y la riqueza
de datos que ofrecen como por la necesidad de rescatar,
en primer lugar, la información que estaba en inminente
peligro de desaparición. El saqueo, una amenaza
constante para los sitios del sureste de Campeche, normalmente
resulta en la pérdida irreversible de importantes
datos arqueológicos, y es obvio que las estructuras
y los objetos que están más expuestos a
ser mutilados o sustraídos por los saqueadores
se encuentran en sitios mayores. Aunque no hemos registrado
la totalidad de los vestigios arqueológicos en
el área, los datos recopilados enriquecen notablemente
nuestros conocimientos acerca de las características
y el desarrollo de la cultura maya en la región.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
_____________________
Ivan Sąprajc. Arqueólogo.
Doctor en antropología por la UNAM. Investigador
del Centro de Investigaciones Científicas de la
Academia Eslovena de Ciencias y Artes, Ljubljana. Se especializa
en arqueoastronomía mesoamericana y arqueología
maya. |