| La estatua de Carlos IV, conocida popularmente como “el caballito”, permaneció en la Plaza de la Constitución entre 1803 y 1823. A partir de entonces tuvo varios traslados para finalmente ser colocada en la plaza que ahora lleva el nombre de su autor, Manuel Tolsá, justo frente al Palacio de Minería.
La Constitución de Cádiz
Quizás pocos saben que el Zócalo, como se conoce popularmente a la gran Plaza de la Constitución, se llama así por la Constitución de Cádiz. La razón histórica se remonta al año de 1808 en que Napoleón invadió la España gobernada por Carlos IV, quien incapaz de detener la invasión se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Fernando VII. Éste, igualmente inútil en la defensa de su país, a su vez abdicó en favor de José, hermano de Napoleón. Esto indignó al pueblo español, que se levantó en armas decidido a oponer resistencia y tomó el gobierno en sus manos. Como resultado, se crearon nuevas instituciones, entre las que se encontraban las juntas gubernativas. En la América española se presentó una situación semejante y hubo diversas alternativas por los distintos intereses que prevalecían en la región. En la Nueva España la crisis dio cauce al descontento que había surgido por las reformas borbónicas, que habían marginado del gobierno a los nacidos en los territorios americanos. Éstos propusieron establecer una Junta de Gobierno novohispana y que fuera vocero el Ayuntamiento. Esta situación alarmó a las autoridades virreinales, particularmente a la Audiencia, que veía amenazadas sus posiciones de poder.
Por su parte, en España se organizaban unas Cortes Generales y Extraordinarias y se invitaba a representantes de la Nueva España para que participaran en la reorganización política del reino. Reunidas en Cádiz, las Cortes españolas emitieron en 1812 una nueva Constitución, que recogía parte de las inquietudes de los novohispanos; fue jurada en México en septiembre de ese mismo año. La flamante carta magna establecía la monarquía constitucional con división de poderes, la abolición del tributo, la libertad de imprenta, las diputaciones provinciales y ayuntamientos en todas las poblaciones de mil o más habitantes. Se les concedió la ciudadanía a los indios, no así a los negros o castas que tuvieran sangre negra. En conmemoración de esta Constitución, se bautizó la plaza principal de México, que hasta esa fecha se llamaba simplemente Plaza Mayor.
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Ángeles González Gamio. Licenciada en derecho, UNAM. Cronista del Centro Histórico. Colaboradora del periódico La Jornada. Autora de nueve libros y de una obra de teatro sobre Josefa Ortiz de Domínguez. |