
Chaac, dios de la
lluvia, el rayo, el relámpago y el agua,
está estrechamente ligado con Kawiil,
“segunda cosecha de maíz”.
En los códices, las representaciones
de ambos dioses están unidas al cuerpo
de una serpiente y llevan un colmillo curvo
del ofidio en la comisura de la boca, entre
otras características. Códice
Madrid, p. 31b. Reprografía:
Marco Antonio Pacheco / Raíces
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Las
entidades sagradas de los mayas no eran “ídolos”,
como las catalogaron los conquistadores, sino energías
o materialidades etéreas, sutiles, imperceptibles
para los sentidos ordinarios, que se presentan ante
los hombres en múltiples representaciones, que
pueden ser antropomorfas, zoomorfas o fitomorfas, y
que también se manifiestan en sus propias imágenes,
hechas por los hombres, durante los ritos. Fray Diego
de Landa corrobora esta idea de los dioses cuando afirma:
“Bien sabían ellos que los ídolos
eran obras suyas y muertas y sin deidad, mas los tenían
en reverencia por lo que representaban y porque los
habían hecho con muchas ceremonias, especialmente
los de palo” (Landa, 1966, p. 48).
Los llamados “dioses” son esas imágenes,
tanto plásticas como simbólicas, que representan
seres sobrenaturales formados con rasgos muy estilizados
de diversos animales y plantas, los cuales a veces toman
formas humanas. Los dioses aparecen en los relieves,
las esculturas, las pinturas, la cerámica y los
códices prehispánicos, en los textos jeroglíficos
y en los libros mayas coloniales. Y muchos de ellos
siguen siendo venerados hasta hoy en las comunidades
mayanses.
Uno de los principales dioses mayas, tal vez el más
venerado y representado, sobre todo en la península
de Yucatán durante el periodo Posclásico,
fue Chaac, dios de la lluvia, el rayo, el relámpago
y el agua en general.
El nombre proviene de las fuentes escritas coloniales,
en las que también aparece como héroe
cultural; el Diccionario de Motul dice que
Chaac “…fue un hombre así de grande
que enseñó la agricultura, al cual tuvieron
después por Dios de los panes, del agua, de los
truenos y relámpagos”. El Chilam Balam
de Chumayel coincide con el Diccionario de
Motul, pero al aludir a un aspecto múltiple
del dios, asienta: “Los chaques no eran dioses,
eran gigantes”.
Efectivamente, Chaac es una de las deidades cuádruples,
que son las que señorean en los cuatro rumbos
del cosmos, como los itzamnaes, los pahuahtunes
y los bacabes. Las fuentes coloniales afirman
que es el dios de las milpas, por su importancia en
el cultivo del maíz y otros productos. Dice Landa
que en el día yax hacían una
fiesta en honor de los chaques, “que
tenían por dioses de los maizales” (Landa,
1966, p. 73). Y hasta hoy se cree en la península
que los chaques protegen las milpas.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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• Mercedes de la Garza. Doctora
en historia por la UNAM. Investigadora del Centro de
Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas
(UNAM), con especialidad en historia y religión
mayas.