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Para quienes creemos
que la tradición cultural básica de Mesoamérica
debió originarse en alguna parte de esta área
y que fueron precisamente los habitantes del sur de Veracruz
y el norte de Tabasco –área que tradicionalmente
ha sido ocupada por la familia lingüística
zoque-mixe– los protagonistas principales de la
cultura olmeca, no resulta extraño que un área
contigua como Chiapas tuviera múltiples y distintas
interrelaciones con esa importante sociedad, que se desarrolló
hace más de 2 000 años. En efecto, las relaciones
entre el istmo de Tehuantepec y Chiapas en esa época
fueron tan variadas como extensas, incluidas las genéticas,
las económicas, las políticas y las religiosas.
Relaciones
genéticas
Para poder hablar del comienzo de las relaciones entre
Veracruz-Tabasco y Chiapas hay que remontarse a un periodo
anterior a la aparición de los olmecas. Así
tendremos una mejor visión sobre la verdadera relación
genética cultural entre ambas áreas. La
relación genética no debe entenderse de
manera biológica; a lo que quiero referirme es
a una relación profunda, fundamental, relacionada
con la tradición mokaya que apareció en
la costa del Pacífico de Chiapas hacia 1800 a.C.
Los mokaya, “gente de maíz” en lengua
mixe, fueron el primer grupo posterior al periodo Arcaico,
caracterizado por la presencia de grupos nómadas,
cazadores, pescadores y recolectores que derivaron en
pueblos sedentarios. Esto significó el establecimiento
de pequeños pueblos que ocupaban durante todo el
año la orilla de los esteros; sus habitantes eran
agricultores incipientes y practicaban la alfarería
y la escultura en barro. En el periodo Arcaico los habitantes
eran nómadas porque no tenían más
que los recursos del bosque, el agua y los llanos para
sobrevivir. Pasaban todo el día cazando y recolectando
su comida y no tenían tiempo para desarrollar otros
aspectos de su cultura.
Hace sólo 20 años decíamos que la
transición de la vida nómada a la sedentaria
era el resultado del comienzo de la agricultura. Ahora,
después de igual número de años de
investigación, se sabe que los mokaya se asentaron
a lo largo de los esteros del Soconusco para aprovechar
los grandes recursos animales de ese hábitat. Las
excavaciones en los basureros de las casas-habitación
mokaya muestran que los pobladores tenían una dieta
fuerte en proteína y que consumían todo
clase de peces, reptiles, aves, almejas, camarones, aves
acuáticas, mamíferos chicos y grandes, provenientes
tanto del estero como de tierra firme. En esos basureros
se ha encontrado maíz y frijol, aunque en pocas
cantidades, sin ninguno de los artefactos de moler, como
el metate. La sociedad mokaya no era de agricultores consumados;
eran cazadores, pescadores y recolectores, en un medio
tan sobrepoblado de especies animales, que no tenían
que cambiar frecuentemente de residencia, como lo hacían
los nómadas del Arcaico, para sobrevivir.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Thomas A. Lee Whiting. Maestro
en humanidades. Maestro e investigador en el Centro de
Estudios Superiores de México y Centroamérica
y en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Miembro
del SNI. |