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Existen dos vertientes del asunto, la histórica
y la arqueológica, y hay una gran cantidad de hipótesis
y especulaciones alrededor de las indudables semejanzas
entre una fase del esplendor de Chichén Itzá
y el México central “tolteca”. En el
aspecto histórico es notoria la escasez de fuentes
confiables y las que se conocen han sido interpretadas
con mucho entusiasmo por una larga fila de investigadores
y aficionados. En el aspecto arqueológico, las
correspondencias innegables en rasgos materiales, estilísticos
e iconográficos, y por ende ideológicos,
demuestran que hubo una importante base común entre
la cultura de los mayas de Chichén Itzá
en el Clásico Terminal y el Posclásico Temprano
y las del Centro y el noroeste de México central
en aproximadamente las mismas fechas, entre 800/850 y
1150/1200 d.C., e incluso después.
La dificultad para el arqueólogo se deriva de que
no hay evidencias claras que permitan definir si se trata
sólo de una cercanía cultural a causa de
raíces comunes o de fuertes relaciones históricas
y tal vez hasta lingüísticas en las complicadas
circunstancias del cambio entre el Clásico y el
Posclásico.
Todavía no se sabe si es justificada la hipótesis
del movimiento de grandes grupos étnicos, por migraciones
o invasiones, o si se trata de la llegada sólo
de guerreros-mercenarios, buscadores de tributo, mercaderes
o misioneros venidos de muy lejos con la finalidad de
ocupar posiciones y asentarse en terrenos ajenos.
HISTORIA
Y LEYENDAS E INTERPRETACIONES
En el caso de Chichén Itzá el problema se
agrava pues desde la conquista española en el siglo
XVI ha habido un nutrido grupo de leyendas e historias
alrededor de esos hechos, que hablaban de la llegada de
unas gentes del occidente, con rasgos de héroes
culturales y padres fundadores, pero también de
simples mortales, con sus virtudes, problemas internos
y debilidades, que dominaban en algunos lugares por cierto
tiempo, luego declinaban, decaían y se regresaban
o desvanecían.
Obviamente, algunos frailes en Yucatán, que habían
escuchado relatos histórico-míticos semejantes
en la entonces recién conquistada Nueva España,
los relacionaron con las “historias” locales,
muchas veces igual de inciertas y poco claras debido a
su antigüedad. Así, es casi imposible separar
lo que es verdadera tradición histórica
y lo que es interpretación, identificación
ingenua y hasta falsificación por el informante
o recopilador.
Un punto básico que debe tomarse en cuenta es la
muy humana actitud de aprovechar nociones históricas,
semihistóricas y seudohistóricas en contextos
oficiales y judiciales para favorecer intereses propios
y obtener prebendas y privilegios, como aquel ejemplo
de un noble de Valladolid que reclamaba descendencia directa
del “gran Montezuma”.
ARTÍCULO COMPLETO EN
LA EDICIÓN IMPRESA
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Peter J. Schmidt S. Doctor en arqueología por la
Universidad de Hamburgo. Comisionado de Arqueología
de Belice (1968-1973). Director del Proyecto arqueológico
Huejotzingo, Puebla, de 1973 a 1977. Investigador del
inah desde 1977. Director del Museo Regional de Antropología
de Yucatán (1983-1993) y del Proyecto Arqueológico
Chichén Itzá, de 1993 a la fecha.
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