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LOS TOLTECAS Y TULa

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Los barrios de Tula
DOSIER: Los toltecas y Tula Los toltecas de Chichén Itzá, Yucatán

Tollan en Hidalgo. La Tollan histórica

SERIE: Arquitectura en Mesoamérica. II.
Investigaciones en Tula (2002-2006) ETNOGRAFÍA: La escalera del Padre Sol. Los Coras
El Palacio Quemado, Tula PIEZA: Los señores de Zazacatla, Morelos
Los orígenes de la dinastía real de Tula DOCUMENTO: Códice de Otlazpan
El Edificio 4. Palacio del rey tolteca EXPOSICIÓN: Miguel Covarrubias en el Museo Amparo
Las raíces toltecas de la política azteca CUENTO: Exvoto a san Roque y a santa Imprenta

DOSIER

Los “toltecas” de Chichén Itzá, Yucatán
Peter J. Schmidt


Chac Mool del Edificio de las Columnas Esculpidas, Chichén Itzá. En las excavaciones de Jorge R. Acosta en Tula, Hidalgo, se localizaron vestigios que son semejantes. Museo Regional de Antropología de Yucatán, Palacio Cantón, Mérida.
Foto: Jorge Pérez de Lara / Raíces

“Los toltecas” en Chichén Itzá es uno de los temas más difíciles de tratar en relación con esta antigua capital de los itzaes en el norte de Yucatán, aunque por más de un siglo el asunto se ha manejado como algo establecido, como parte del “saber” hasta en los libros escolares. Sin embargo, haber sido en épocas tempranas un importante punto en un grupo de centros civilizadores conocidos cono Tollan confiere seguramente más honor y fama a Chichén Itzá que la de haber sido una simple colonia con una fase o época “tolteca”

Existen dos vertientes del asunto, la histórica y la arqueológica, y hay una gran cantidad de hipótesis y especulaciones alrededor de las indudables semejanzas entre una fase del esplendor de Chichén Itzá y el México central “tolteca”. En el aspecto histórico es notoria la escasez de fuentes confiables y las que se conocen han sido interpretadas con mucho entusiasmo por una larga fila de investigadores y aficionados. En el aspecto arqueológico, las correspondencias innegables en rasgos materiales, estilísticos e iconográficos, y por ende ideológicos, demuestran que hubo una importante base común entre la cultura de los mayas de Chichén Itzá en el Clásico Terminal y el Posclásico Temprano y las del Centro y el noroeste de México central en aproximadamente las mismas fechas, entre 800/850 y 1150/1200 d.C., e incluso después.
La dificultad para el arqueólogo se deriva de que no hay evidencias claras que permitan definir si se trata sólo de una cercanía cultural a causa de raíces comunes o de fuertes relaciones históricas y tal vez hasta lingüísticas en las complicadas circunstancias del cambio entre el Clásico y el Posclásico.
Todavía no se sabe si es justificada la hipótesis del movimiento de grandes grupos étnicos, por migraciones o invasiones, o si se trata de la llegada sólo de guerreros-mercenarios, buscadores de tributo, mercaderes o misioneros venidos de muy lejos con la finalidad de ocupar posiciones y asentarse en terrenos ajenos.

HISTORIA Y LEYENDAS E INTERPRETACIONES
En el caso de Chichén Itzá el problema se agrava pues desde la conquista española en el siglo XVI ha habido un nutrido grupo de leyendas e historias alrededor de esos hechos, que hablaban de la llegada de unas gentes del occidente, con rasgos de héroes culturales y padres fundadores, pero también de simples mortales, con sus virtudes, problemas internos y debilidades, que dominaban en algunos lugares por cierto tiempo, luego declinaban, decaían y se regresaban o desvanecían.
Obviamente, algunos frailes en Yucatán, que habían escuchado relatos histórico-míticos semejantes en la entonces recién conquistada Nueva España, los relacionaron con las “historias” locales, muchas veces igual de inciertas y poco claras debido a su antigüedad. Así, es casi imposible separar lo que es verdadera tradición histórica y lo que es interpretación, identificación ingenua y hasta falsificación por el informante o recopilador.
Un punto básico que debe tomarse en cuenta es la muy humana actitud de aprovechar nociones históricas, semihistóricas y seudohistóricas en contextos oficiales y judiciales para favorecer intereses propios y obtener prebendas y privilegios, como aquel ejemplo de un noble de Valladolid que reclamaba descendencia directa del “gran Montezuma”.
Lo que es posible a nivel particular puede también desempeñar un papel importante en contextos comunitarios, y decirse descendientes de “aquellos grandes señores toltecas” debe de haberse visto en gran parte de Mesoamérica y toda la Nueva España como algo provechoso. Persistir en una ascendencia foránea de los gobernantes, ficticia o verdadera, ha sido una técnica para justificar el dominio en muchas sociedades.
Obviamente, en estas primeras referencias tenían un papel mucho más prestigioso las culturas del Altiplano, en todo su esplendor a la llegada de los conquistadores, mientras que de los mayas casi nadie tenía conocimiento, hasta que en el siglo xix de nuevo hubo interés debido a los maravillosos vestigios localizados en la selva, con lo que comenzó el vertiginoso crecimiento de los estudios mayas, que continúa hasta nuestros días.
Después de los primeros informes de exploradores como Antonio del Río, Guillaume Dupaix y Jean Frédèric Waldeck, que se preguntaban quiénes eran los autores de tantas maravillas, gente como Juan Galindo, John L. Stephens y Frederick Catherwood estaban entusiasmados por descubrir, admirar y publicar los vestigios como obra de los antepasados de los mayas allí asentados, algo que a ellos les parecía natural.

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Peter J. Schmidt S. Doctor en arqueología por la Universidad de Hamburgo. Comisionado de Arqueología de Belice (1968-1973). Director del Proyecto arqueológico Huejotzingo, Puebla, de 1973 a 1977. Investigador del inah desde 1977. Director del Museo Regional de Antropología de Yucatán (1983-1993) y del Proyecto Arqueológico Chichén Itzá, de 1993 a la fecha.

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Alfredo López Austin
La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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