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Famosa
desde los veinte del siglo xx por sus espectaculares objetos
de cerámica, la cultura de Chupícuaro ha
sido objeto de investigaciones recientes basadas en importantes
trabajos de campo. El hallazgo de las piezas en contexto
da luz sobre el trabajo de los alfareros del Preclásico
Tardío.
Para decorar la cerámica
de Chupícuaro se utilizó un pincel
con el cual se trazaron motivos rojos o negros en
objetos de barro natural y en otros en los que primeramente
se aplicó un engobe beige/crema o un fondo
rojo. También se empleó la técnica
conocida como “falso negativo”. Izquierda:
Vasija tricroma Negro y Rojo sobre Crema; diámetro:
21.5 cm. Sitio JR 24, entierro 7. Al centro:
Vasija bicroma Rojo sobre Crema; diámetro:
26 cm. Sitio JR 24, entierro 3. Derecha:
Cajete tricromo con base de pedestal, Rojo, Crema
y Negro al falso negativo; diámetro: 20 cm.
Sitio TR 6, entierro 10. Foto:
Véronique Darras |
Desde
los veinte, la cultura de Chupícuaro es conocida
por la riqueza de su repertorio cerámico, debido
a sus colores brillantes, su iconografía y la variedad
de sus formas. Desde entonces, sus cualidades estéticas
suscitaron la fascinación de los coleccionistas
nacionales y extranjeros y fomentaron el desarrollo de
excavaciones clandestinas. Hoy en día, sin embargo,
mientras miles de objetos producidos por esa cultura adornan
las salas y las bodegas de numerosos museos del planeta,
su conocimiento arqueológico sigue siendo fragmentario.
El valle de Acámbaro, el cual se considera como
el lugar donde surgió la cultura Chupícuaro,
se encuentra entre los poblados de Acámbaro y Tarandacuao,
al sureste del estado de Guanajuato. El río Lerma
atraviesa dicho valle; en la unión de ese río
con el río Tigre, sobre un conjunto de pequeñas
colinas que ocupan una posición estratégica
–en la cima de una de ellas se localiza el pueblo
epónimo de Chupícuaro– se encuentran
los vestigios de los primeros asentamientos que atrajeron
la atención de los arqueólogos Enrique Juan
Palacios, primero, y Ramón Mena y Porfirio Aguirre,
después, entre 1926 y 1927. En ese momento, ellos
creyeron distinguir en las formas y decoraciones de las
vasijas extraídas por los campesinos locales, rasgos
estilísticos propios de la cultura tarasca. Entre
1946 y 1949, la construcción de la Presa Solís
provocó la inundación de buena parte del
valle y cubrió numerosos pueblos, las mejores tierras
de cultivo y la mayor parte del patrimonio arqueológico.
Anteriormente, el doctor Daniel Rubín de la Borbolla
junto con Román Piña Chan, Elsa Estrada
Balmori y Muriel Noé Porter habían llevado
a cabo importantes trabajos de rescate. Fue Muriel Noé
Porter quien se hizo cargo de publicar los resultados
de las excavaciones (en 1956, y luego en 1969), en los
que se describían las numerosas sepulturas y el
material arqueológico asociado, y quien vinculó
la cultura de Chupícuaro con el Preclásico
Tardío. A partir de ese momento, Chupícuaro
fue considerada como una cultura emblemática del
Preclásico mesoamericano.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN
IMPRESA
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• Véronique Darras. Investigadora del CNRS,
UMR 8096, Nanterre, Francia. Corresponsable del proyecto
“Dinámicas culturales en el Bajío.
La cultura Chupícuaro”.
• Brigitte Faugère. Profesora en la Universidad
de Paris 1, Panthéon-Sorbonne, Francia. Corresponsable
del proyecto “Dinámicas culturales en el
Bajío. La cultura Chupícuaro”.
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