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Pintura Maya

ÍNDICE 93  
DOSIER: La pintura maya Las pinturas murales de Tulum y Santa Rita
Las pinturas murales de Bonampak El Códice París
Cuevas y pinturas rupestres mayas El Códice Madrid. Revela nuevos secretos
Las tapas de bóveda pintadas ARQUEOLOGÍA: Hallazgos en Tenochtitlan
Procedimientos, materiales y colores PIEZA: La lápida de Itzpapálotl, matlatzinca
El Vaso de Princeton DOCUMENTOS: Códice Tulane

El Códice París
Bruce Love


Don Esteban, en Popolá, Yucatán, consulta su Libro de los Oráculos buscando la causa y cura de las enfermedades. Los visitantes vinieron de lejos, a pie, por veredas en la selva, para pedir urgentemente ayuda a este reconocido j-meen. El Libro de los Oráculos fue impreso en la ciudad de México en 1950; en manos de don Esteban, se transforma en un equivalente moderno de un códice antiguo.
foto: archivo de bruce love

Manuscritos pintados, libros sagrados, pinturas, santo ju’uno’ob, ventanas hacia lo sobrenatural, guías del cosmos: los códices fueron esenciales para el funcionamiento y ejercicio cotidiano del sacerdocio maya. El Códice París se ocupa al menos de ocho temas, entre ellos anotaciones históricas, almanaques adivinatorios e incluso movimientos de las constelaciones.

Los tres códices mayas reconocidos reciben el nombre de las ciudades donde se encuentran: Dresde, Madrid y París. Descubiertos en el siglo XIX, cuando se encontraban en manos de coleccionistas, han sido estudiados por infinidad de investigadores de todas las naciones y es común considerarlos reliquias u objetos de arte y describir sus características físicas o estéticas de acuerdo con esta valoración. Para entender el papel que les otorgaron los mayas mismos, en cambio, debe tomarse en cuenta la mentalidad maya, adentrándose en la visión indígena del mundo.
Para desentrañar el significado de las misteriosas páginas pintadas recurrimos a la arqueología, la epigrafía, la historia del arte, la lingüística, la etnohistoria y la etnografía; abrevamos en los escritos de nuestros antecesores –Ernst Forstemann, Eduard Seler y Alfred M. Tozzer–; pasamos años trabajando en campo, en bibliotecas y archivos; asistimos a reuniones, conferencias o simposios. Finalmente, presentamos nuestros humildes descubrimientos a los colegas y al público, con la esperanza de acercarnos a nuestras metas.
Personalmente, considero esencial tener en mente el punto de vista de los sacerdotes, ya que estos libros fueron las herramientas de su profesión. Mi trabajo etnográfico de campo en Yucatán fue, en este sentido, revelador. Tres hombres llegaron desde lejos, por veredas de la selva, hasta un pequeño poblado al norte de Valladolid, hasta la casa con techo de guano del chamán del lugar; consultaron a don Esteban en tono callado, llenos de incertidumbre. La esposa de uno de ellos estaba gravemente enferma y ningún médico podía sanarla. Oculto en la oscuridad de un rincón, recogí la conversación en mi cuaderno, con mi cámara y mi grabadora.
Estirándose, don Esteban sacó de lo alto de su altar un libro empolvado, envuelto en periódico. Extendió las páginas y con cuidado desenvolvió una vieja lámina con símbolos esotéricos; era un libro de oráculos publicado en la ciudad de México en 1950 y usado para adivinar, decir la buena fortuna y curar. Los tres visitantes escuchaban atentamente mientras don Esteban adivinaba la enfermedad de la mujer y recomendaba remedios acordes con la consulta en su libro sagrado. Me recorrió un estremecimiento mientras presenciaba el uso del equivalente moderno de un códice antiguo.
Diego de Landa describió una escena semejante, hace más de 400 años, en la que se usaba un antiguo códice jeroglífico: “[Los sacerdotes] sacaron sus libros y los extendieron… El sacerdote más sabio abrió el libro y miró los pronósticos para ese año, que comunicó a los presentes. Y les amonestó un poco, recomendándoles remedios para sus males…”.
Apenas podemos imaginar la antigüedad de semejantes prácticas, perdidas en la hondura de los tiempos. Ciertamente corresponden al Clásico maya (podemos verlas en escenas de la corte en vasijas pintadas) y probablemente existen desde los tiempos olmecas.

Traducción: Elisa Ramírez

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Bruce Love. Doctor en antropología por la UCLA. Investigador independiente. Especialista en la cultura maya de Yucatán, en temas como epigrafía de Chichén Itzá, literatura maya colonial (Libros del Chilam Balam) y prácticas religiosas contemporáneas.

ESPECIAL 29
VIGENTE
CÓDICE NUTTALL
Segunda parte

NÚMERO 95
VIGENTE
LOS VOLCANES EN MÉXICO

ARTÍCULOS EN LÍNEA

El entorno volcánico en México
Servando de la Cruz Reyna

En la naturaleza del fenómeno volcánico destacan tres factores: la distribución espacial de los volcanes, la distribución temporal, y la naturaleza e intensidad de la actividad volcánica


Simbolismo de los volcanes. Los volcanes en la cosmovisión mesoamericana
Johanna Broda
Los volcanes eran deidades controladoras de los fenómenos meteorológicos. Algunas creencias y prácticas del milenario culto a los volcanes siguen vigentes.

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