arqueología mexicana
LA Mixteca

ÍNDICE 90 Documentos pictográficos. Mixteca Baja
DOSIER: La cultura mixteca Mixtecos y zapotecos. Epoca prehispánica
Códices mixtecos prehispánicos Arquitectura colonial en Oaxaca
La Mixteca y los mixtecos El pueblo ñu savi. Los mixtecos
Huamelulpan, Oaxaca HISTORIA DE ARQUEOLOGÍA: Noticias de Herculano
Huamelulpan y Tayata, Oaxaca ANTROPOLOGÍA FÍSICA: Estudio antropológico
Cerro de las Minas, Oaxaca HISTORIA: El altar de Dolores
Nicayuju, Oaxaca PIEZA: Escudo de Acapulco, Guerrero
Teposcolula, Oaxaca MITOS Y CUENTOS: Origen del fuego
Tututepec (Yucu Dzaa) DOCUMENTOS: Códice de Santiago Tlacotepec
Códices de la Mixteca Alta CONCURSO: Miradas

DOSIER

Arquitectura colonial en Oaxaca
Elisa Vargaslugo

La arquitectura colonial del estado de Oaxaca forma uno de los conjuntos más ricos, originales y notables del tesoro artístico de México. Se examina aquí una selección de ese patrimonio, cuya referencia esencial son las portadas de los edificios heredados de la época colonial, puesto que en ellas se concentra la mayor riqueza ornamental y creativa de ese periodo.

 

La portada principal del
templo de San Juan Bautista Coixtlahuaca, construido en 1576, está inspirada en el
libro tercero del Tratado de arquitectura de Sebastián
Serlio, editado en 1552 en Toledo, España.
Foto: g. gonzález rul / raíces

Los frailes dominicos llegaron a la Nueva España en 1526, y pronto se internaron en territorio oaxaqueño para emprender la construcción de sus conventos, que serían escenario principal de su labor evangelizadora. Llamados también conventos-fortaleza por la majestuosidad de sus proporciones, estas edificaciones constaban generalmente de las siguientes partes arquitectónicas: frente al templo, un extenso espacio abierto que formaba el atrio; el templo mismo, destinado a los servicios religiosos; el claustro, donde se localizaban las celdas o habitaciones de los frailes, y la capilla abierta, en la cual se impartía el culto al aire libre cuando los indios eran congregados en el atrio.
Por otra parte, las capillas llamadas posas, situadas en cada una de las esquinas del atrio, eran utilizadas durante las procesiones que establecían los programas religiosos y su espacio era aprovechado para catequizar: en cada una de ellas se agrupaba a los indios, por sexo y edad. Podía existir también una portería o portal de peregrinos, que se encontraba a un costado de la fachada para cubrir las necesidades cotidianas en esos conjuntos arquitectónicos. Desafortunadamente, no todos los conventos conservan los elementos mencionados. En algunos casos el paso del tiempo y el cambio de funciones o el abandono los han destruido o reducido a un estado ruinoso.

Arquitectura de los siglos xvi-xvii
Tlaxiaco. El convento de Nuestra Señora de la Asunción se edificó en 1548 y parece ser el más antiguo. Fue construido gracias al empeño de fray Gonzalo Lucero, uno de los grandes evangelizadores de esa zona. Su portada, sobria y elegante, es semejante a las de los conventos de Tepeji del Río y de Tula, en el estado de Hidalgo. Tiene un arco ornamentado, como las jambas, con casetones. El arco está flanqueado además por pilastras estriadas, rematadas por perillones sobre la cornisa, donde se eleva un frontón. Esta composición se destaca sobre un gran paramento liso. De factura posterior y decidido acento barroco, una cornisa de perfil mixtilíneo, con un nicho al centro, remata el conjunto. El interior de la nave del templo es de sobria elegancia y se conserva el claustro.
Santiago Cuilapan. Fundado en 1550, constituye uno de los mayores conjuntos de Oaxaca. Atribuido al arquitecto Antonio Barbosa, comprende una basílica y un templo, que no quedó del todo terminado. La portada de este último es de sobria elegancia clasicista –arco de medio punto, arquivuelta con moldura cóncava, pilastras lisas y frontón denticulado–; en cambio, la portada de la basílica, construida a mediados del siglo XVI, es un buen ejemplo de arte renacentista. Los tres arcos de la portada son de medio punto. El central presenta ornamentación plateresca, compuesta de manera muy parecida a una lámina del Tratado de arquitectura de Sebastián Serlio (arquitecto boloñés, siglos XV-XVI). Entre los elementos decorativos se observa el escudo dominico flanqueado por figuras de perros, que aluden al nombre de Santo Domingo, cuyo significado es “perro del Señor”.

ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Elisa Vargaslugo. Doctora en historia con especialidad en historia del arte por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Especializada en historia del arte colonial, se dedica a la docencia, investigación y dirección de tesis en esta materia. Coordina proyectos de investigación interdisciplinarios sobre escultura y pintura de la Nueva España.







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