La
arquitectura colonial del estado de Oaxaca forma
uno de los conjuntos más ricos, originales
y notables del tesoro artístico de México.
Se examina aquí una selección de
ese patrimonio, cuya referencia esencial son las
portadas de los edificios heredados de la época
colonial, puesto que en ellas se concentra la
mayor riqueza ornamental y creativa de ese periodo.
La portada principal
del
templo de San Juan Bautista Coixtlahuaca, construido
en 1576, está inspirada en el
libro tercero del Tratado de arquitectura de Sebastián
Serlio, editado en 1552 en Toledo, España.
Foto: g. gonzález
rul / raíces
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Los
frailes dominicos llegaron a la Nueva España
en 1526, y pronto se internaron en territorio oaxaqueño
para emprender la construcción de sus conventos,
que serían escenario principal de su labor evangelizadora.
Llamados también conventos-fortaleza por la majestuosidad
de sus proporciones, estas edificaciones constaban generalmente
de las siguientes partes arquitectónicas: frente
al templo, un extenso espacio abierto que formaba el
atrio; el templo mismo, destinado a los servicios religiosos;
el claustro, donde se localizaban las celdas o habitaciones
de los frailes, y la capilla abierta, en la cual se
impartía el culto al aire libre cuando los indios
eran congregados en el atrio.
Por otra parte, las capillas llamadas posas, situadas
en cada una de las esquinas del atrio, eran utilizadas
durante las procesiones que establecían los programas
religiosos y su espacio era aprovechado para catequizar:
en cada una de ellas se agrupaba a los indios, por sexo
y edad. Podía existir también una portería
o portal de peregrinos, que se encontraba a un costado
de la fachada para cubrir las necesidades cotidianas
en esos conjuntos arquitectónicos. Desafortunadamente,
no todos los conventos conservan los elementos mencionados.
En algunos casos el paso del tiempo y el cambio de funciones
o el abandono los han destruido o reducido a un estado
ruinoso.
Arquitectura
de los siglos xvi-xvii
Tlaxiaco. El convento de Nuestra Señora
de la Asunción se edificó en 1548 y parece
ser el más antiguo. Fue construido gracias al
empeño de fray Gonzalo Lucero, uno de los grandes
evangelizadores de esa zona. Su portada, sobria y elegante,
es semejante a las de los conventos de Tepeji del Río
y de Tula, en el estado de Hidalgo. Tiene un arco ornamentado,
como las jambas, con casetones. El arco está
flanqueado además por pilastras estriadas, rematadas
por perillones sobre la cornisa, donde se eleva un frontón.
Esta composición se destaca sobre un gran paramento
liso. De factura posterior y decidido acento barroco,
una cornisa de perfil mixtilíneo, con un nicho
al centro, remata el conjunto. El interior de la nave
del templo es de sobria elegancia y se conserva el claustro.
Santiago Cuilapan. Fundado en 1550, constituye
uno de los mayores conjuntos de Oaxaca. Atribuido al
arquitecto Antonio Barbosa, comprende una basílica
y un templo, que no quedó del todo terminado.
La portada de este último es de sobria elegancia
clasicista –arco de medio punto, arquivuelta con
moldura cóncava, pilastras lisas y frontón
denticulado–; en cambio, la portada de la basílica,
construida a mediados del siglo XVI, es un buen ejemplo
de arte renacentista. Los tres arcos de la portada son
de medio punto. El central presenta ornamentación
plateresca, compuesta de manera muy parecida a una lámina
del Tratado de arquitectura de Sebastián
Serlio (arquitecto boloñés, siglos XV-XVI).
Entre los elementos decorativos se observa el escudo
dominico flanqueado por figuras de perros, que aluden
al nombre de Santo Domingo, cuyo significado es “perro
del Señor”.
ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN
IMPRESA
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Elisa Vargaslugo. Doctora
en historia con especialidad en historia del arte por
la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Especializada en historia del arte colonial, se dedica
a la docencia, investigación y dirección
de tesis en esta materia. Coordina proyectos de investigación
interdisciplinarios sobre escultura y pintura de la
Nueva España.