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El jaguar en el
México prehispánico

 

 

 

ÍNDICE 72  
DOSSIER Tigres, tigrillos, leones y tecuanes
El icono felino en México El jaguar: espíritu de lo silvestre
Tras la huella del jaguar en Teotihuacan "El jaguar prehispánico. Huellas de lo divino"
Jaguares y pumas de Tula y Chichén Historias de saqueo. 1985
El simbolismo del jaguar en Mesoamérica MUSEOS: Oaxaca
El jaguar entre los mayas GUÍA DE VIAJEROS: Hidalgo
El jaguar en la cosmovision mexica CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO

BOTAS NEGRAS
Manuel Alejandro Galindo Moto
Categoría preuniversitaria
Preparatoria Enrique Cabrera Barroso, Puebla, Puebla

La cabellera nocturna se colapsa sobre mí, las estrellas son ilusiones del pretérito y yo soy lágrima que se desliza sobre mejilla árida.
Es 15 de septiembre, estoy en la feria de San Baltasar. Las decenas de mexicanos que disfrutan de su independencia con playeras de la selección y coca cola, chocan como ecos en la alcantarilla. Los hombres sonríen por su ebriedad; las mujeres ríen a la par de las bromas, los niños saltan al compás del juego mecánico oxidado que da alaridos de diversión… la única persona cuyo rostro está bordado sin emoción, es doña Elvira, la anciana con cabellera de estela de cometa y piel de hoja seca. “Nadie va comprar mi pulque”, se lamenta, se levanta, recoge su cazuela vieja y se pierde entre la multitud.
Yo sigo ahí, en medio, compartiendo la ausencia de sobriedad que aqueja a mis compañeros, la comicidad de la gente que se enaltece ante su bandera mientras oye canciones gringas, aún no me postra una sonrisa pero ameniza mi noche.
En la hora del grito, se jura lealtad a todo a la patria, a Hidalgo, al partido político en turno y por supuesto a la nueva bella amante del presidente municipal. ¡Viva Lola que el presidente no la rola! Las barbas del presidente se erizan siguiendo la voluntad del viento y su esposa, que está a su lado, alza la frente como el caballo que deseó tener de niña, todo mientras la colonia ríe.
Pero la voz de mi cabeza suena más fuerte que cualquier muestra de felicidad afuera de mí… “libertad y amor, tenue hálito divino, diáfana nube que estremece nuestros cuerpos ansiosos”. ¡Calla padre!, este eco no me molestará, me lo prometo a mí mismo y me dispongo a llegar a mi vieja casa pintada de azul, llena de posters del Che Guevara, con botellas, pinturas viejas y poesía barata.
De repente la veo a ella, a mi ideal, a la más terrenal de mis idolatrías, su piel de mármol blanco contrasta con sus ojos verdes, nacidos en la remota selva que eterniza con sus labios de sangre, esos labios que pronto empieza a morder y juro ver brotar vino de ellos, afortunadamente un rubio de ojos de estrellas azules y blancas sorbe el elíxir sobrante.
“Oh, la mujer y la libertad son dos dagas dignas de cortarme el cuello” otra brisa del pasado que controlo rápidamente mientras veo a mi ideal desaparecer; me dirijo, entonces, apresurado a mi casa a concluir todo de una vez por todas. Mientras agradezco a mi padre su abandono, me abro paso en una multitud de mexicanos bañados en hedor a alcohol, dormidos en una historia malvivida, condenados a una vida sin ideales.
Padre, ¿dónde está la belleza que me juraste? ¿Dónde está la libertad por la que luchaste? Sólo me alegro de no ser más la víctima de tus falaces fantasías de antaño, esas que tanto me prometiste, gracias padre por desaparecer, gracias…
Ha llegado. El cielo quiere exprimirse sobre él. Ve una ciudad maltratada por las ideologías. Es primero de mayo de 1980 y ya llegó a El Salvador. “Fuera la intervención yankee” se lee en una pancarta, la faz anhelante reunida en el mercado central es una, a pesar de la diversidad del manifestante en otro un mitin político, se siente en casa. Su corazón palpita con la misma velocidad de su nueva ametralladora ruso-cubana, que dispara pasión en su pecho. Sus viejas botas negras parecen cuajarse al caminar. Su cuerpo cansado, después de tantas horas de viaje escondido en una camioneta, atrapado como el martillo en el puño.
Un revolucionario de nombre Efraín se encuentra frente a él, a las afueras de la central del Bloque Popular Revolucionario. Se trata de un estudiante de preparatoria salvadoreño que le pide que tire el papel que lleva en la mano, que si pensaba escribir cartas lo olvidara porque lo podían localizar por medio de ella, lo tira y agacha la cabeza, el soldado se va y ríe, tiene más papel en tu mochila, suficiente para escribir cartas que jamás serán enviadas.
Ve el tatuaje en el brazo del muchacho, el del mazo y la hoz, ambos entran en la base de la bpr, se sonríe a sí mismo, mira la ciudad de San Salvador como visitante una última vez y se prepara para lo que sea.
Hoy, hay junta comunista, las banderas rojas en la Prepa Benito Juárez, los gritos de apoyo a Ho Chi Min y a Castro están más fuertes que nunca, tú estás parado en medio de tanta juventud y digo entre juventud, porque tu presencia emana antigüedad, caminas erguido en medio de todos, subes las escaleras y con seguridad te paras enfrente de un montón de muchachos bulliciosos y comienzas a hablar. “Hoy compañeros, es el momento de la revolución. Hoy las masas han visto en todos nosotros un camino por el cual ir. El mundo entero está avanzando hacia el comunismo, hacia ese paraíso del obrero y para el obrero”, entonces entre un montón de camaradas acostumbrados a tu elocuencia y a tus conocimientos, la encontraste a ella, una jovencita de 17 años que no te permite respirar. Quedas embalsamado por aquella concepción de tus libidinosos sueños, como puedes, continúas con el discurso “que la voz mía, sea la voz de todos, cuando regresen a casa y vean a sus padres cansados por matarse horas en el trabajo para que un burgués obeso gozará de la plusvalía, háblenles de Marx, de Lenin y de la unión del proletariado”. La sigues viendo a ella, estás cautivado con el movimiento de paloma de sus manos, la forma en la que humedecía sus labios con un sorbo de agua, continúas aunque ahora el cambio sociopolítico ya no te resulta tan interesante. “La patria es nuestra, si el gobierno opresor les intenta hacer sentir lo contrario levanten su mirada y recuerden que las casas donde viven las hicimos nosotros, las sillas donde ponen sus flácidos culos las construimos nosotros”, entre carcajadas que pronto nacen de bocas de pocas primaveras, viste que ella se retiraba, no podías permitirlo y concluiste con un gracias apresurado y la fuiste a buscar. “Señorita, deténgase un momento, la necesito para ejemplificar algo”, ella sonrió y se asustó un poco, subió la escalera, la tomaste de la mano, le diste un cariñoso beso en al mejilla y continuaste hablando. “Miren a esta hermosísima camarada, ¿cómo te llamas?” Carolina, respondió ella. “Ok, Carolina, tú representas a nuestra tierra, a nuestros valores”, mientras la tomabas de la cadera ella se sonrojaba, tú veías su nerviosismo con satisfacción. “¿Cuántos de ustedes siente un río en su pecho cada vez que ven a una joven como ésta? Cuántos de ustedes están dispuestos a morir por una hermosura como ésta?” Los gritos y albures no faltan, pero a ti no te importa porque la tienes cautivada. “Con la patria es lo mismo, la pasión a la mujer debe ser igual a la de la patria, luchen y mueran por su ideal, luchen y vivan por aquello que les retumbe en lo hondo de ustedes mismos. Camaradas, luchemos por nuestra libertad”. ¡Bravo! fue el grito unánime pero no lo oíste, no te importó, se bajaron ella y tú y comenzaron a hablar… los discursos a la patria y a la Cuba, las guitarras que nos regalan sus mejores tonos, las voces mestizas nos enseñan canciones de los Beatles y José de Molina. Te sientas junto a ella, platican. Le preguntas por qué no la habías visto antes. Ella te dice que sólo viene a visitar a su hermano, lo señala, es un tipo alto de 1.70 m con botas negras, pantalón de mezclilla y playera blanca, de la misma manera en la que tú estas vestido, lo saludas y sus dos amigos, que están a su lado, lo empiezan a calentar, él cierra los puños y se retira con sus cuates mentando madres. Tú y ella se ríen, le preguntas si la puedes llevar a su casa, sonríe y acepta aunque aún podría llegar más tarde, es que no te puede decir que no. En el camino le hablas de tus planes para cambiar el mundo, de tu pasión por la poesía y la música rock, de tu desprecio al materialismo y a todo lo que equivale ser un “cerdo burgués”, en el camino ves que vive por donde tú vives, le muestras la pinta que escribiste “socialismo sí, matemáticas no”. Ella sólo ríe.
Mientras llegan a su casa en la colonia San Baltasar, puedes ver milpas y calles sin pavimentar, ves cómo todos se saludan, sólo te distrae un respiro de polvo que se levanta cuando llegan a su casa azul, prometen volverse a ver aunque no se lo dicen y en el momento que parece que se van a besar, sale mi abuelita Lourdes, mucho más joven de lo que yo podría creer. Jala a su hija y te cierra la puerta en tu cara, le grita a mi mamá que es de los muchachos que traen problemas. Ella mira hacia la ventana, te ve con ojos que te juran quién sabe qué cosas. Así es como se conocieron. Mi abuela tenía razón, como siempre. La siguiente vez que se vieron, yo fui concebido…
La casa donde se encuentra el centro del Bloque Popular Revolucionario, es muy pequeña para alumbrar a tanto revolucionario, no hay cambios con lo de la preparatoria. Muchos gritos parecidos, líderes de las mismas formas de pensar. Pero esta vez hay algo diferente. Lo puede ver, las armas que están a su alrededor le hacen saber que esto es en serio. Se entrena, sabe que cualquier día le tocará pelear. Afortunadamente, se da su tiempo para escribir una carta que le dará a su hijo cuando regrese a México. Cuando la termina, la pone en la cima de un montón. Es 9 de mayo de 1980, Efraín le dice que se prepare, que mañana es un día importante. No sabe por qué. Se menciona algo de una embajada y de un plan de emergencia, pero no se preocupa, Dios está de su lado. Acaba la carta y guarda papel con una pluma en su bolsillo, en el fondo sabe lo que ha de suceder, después averiguará qué.
Vuelves cansado, tu cuerpo está todo sucio por el polvo, tus manos sangran un poco, tiras las llaves en la mesa y buscas a mamá por un beso pero ella te esquiva, como si la atacaras. Te quedas un momento pasmado tratando de averiguar qué hiciste mal esta vez. Mi tío y mi abuela celebran en la cocina… el día de ayer mi tío por fin se graduó de la licenciatura de derecho. Te miran de arriba a abajo, te hacen menos e ignoran tu saludo. Yo estoy sentado en la sala jugando con corcholatas, pretendo que son vaqueros matando indios pieles rojas, tú crees que juego a la revolución. Prendes la radio, esperas oír algo de buena música. “El producto interno bruto (pib) de México se incrementó en cerca del 6.5% anual durante el período de 1965 a 1979…” pero pronto te molesta y la apagas. Me sonríes y me besas la frente, mamá te grita que no me toques sucio, tú le respondes que estás sucio por tu trabajo. Eres albañil. Cuando yo nací, no pudiste continuar estudiando, se casaron y comenzaste a trabajar. Ahora tengo cuatro años, pronto podré ser productivo como tú dices. Vas al baño, te lavas las manos y el rostro. Vuelves por mí y me levantas para mostrarme con lujo de detalles y visión panorámica la casa donde vivimos. Una casa azul cielo, recién pintada, con mesas de madera envejecida, contrastan los dibujos que creaste y con los que bellamente adornaste estas paredes lloradas por la humedad. Cuando me bajas, miras a mi madre con el mismo fervor de siempre. Ella te ignora como siempre. ¿Por qué no te besa como al señor que trajo la otra vez? ¿No lo recuerdas, papá? Ese catrín con bigote y zapatos cafés, tú lo viste cuando salía de la casa y fingiste no darte cuenta. Te fuiste con tus amigos toda la noche. Cuando llegaste al día siguiente, mi madre preguntó si no pensabas ir a trabajar . ¿Qué no lo recuerdas?
Veo que tus viejas botas te lastiman, te están sacando callos, vas a la cocina tomas un poco de jugo y vienes a dármelo mientras mi tía, mi mamá y mi abuela se van a un restaurante a celebrar. Nos quedamos solos, me vuelves a hablar de cómo conociste a mi mamá, del reino de fantasía que llamas la urss y del terrible villano estadounidense. De la masacre del 71, de cómo ahora sí estás en posición de hacer algo. Pero esta vez me dices algo nuevo, me hablas de El Salvador, me dices que hay una guerra y que tú tienes que ir a pelearla, me dices que esta misma noche te vas, me prometes que vas a regresar cuando las fuerzas políticas del país también desaten una revolución. Me prometes que estarás al frente de una nueva ola de cambios. Me juras que cuando mi mamá vea al héroe que eres, te volverá a amar, me recuestas en mi cama y haces la promesa final de traerme el paraíso comunista a casa. Yo cierro los ojos con satisfacción esperando soñar con la belleza que me espera. Esa misma noche partiste. No te vuelvo a ver.
16 de septiembre… el cadáver de un hombre de mediana edad aferrado a un poema. Doña Elvira lo encuentra cerca de su casa, a gritos llama a la policía; la colonia, aún dominada por su fantasía bacanal, lee en voz alta las últimas palabras del difunto mientras miran al imbécil que se ha colgado de la ventana de su casa.

Ideologías orgásmicas,
Fantasías dulces de agrias mentes,
¿Es la libertad una luna lejana condenada a ser vista?
Pero la ilusión persiste,
Y el pueblo vuelve a creer
Y vuelve a soñar
Y vuelve a ver mesías bañados en carmín
Pregonando libros de miles de páginas
Con letras en blanco
¡Calla! que las masas te oyen
¡Calla! que Dios de está viendo
¡Calla! que todo está en tu mente
Una sociedad, sólo una percepción
Una persona dispersa como espuma en un país
Simple dialéctica convertida en hipótesis
¿Es todo una interpretación?
No hay belleza, no hay fealdad.
Sólo hay ojos secos y vientres hambrientos
No hay libertad, no hay esclavitud.
Sólo estás tú, yo y este viento que me ha de cargar.


Corre, corre lo más rápido que puede, sus juanetes y botas viejas le impiden correr. Se esconde detrás de un árbol, no sabe de dónde vienen las balas, agarra la carta fuertemente con su mano e intenta llegar a una pequeña casa donde su compadre Efraín se encuentra. Otro amigo tuyo cae a unos metros de donde está, él sigue corriendo y ve la casa a los lejos en la que varios francotiradores se alistan para la emboscada. Su pie lastimado vuelve a fallar, se tropieza y cuando intenta levantarse una bala perfora su cabeza. Muere al instante, sin dolor, frente a un templo de Dios. Jamás suelta la carta.
10 de mayo de 1980
Querido hijo:
Las balas bailan y murmuran canciones de libertad a nuestro alrededor, su virtud hace que aleteen dentro de nuestros cuerpos haciéndonos sentir las alas de un ideal luchado. Algunas logran que rayos de crepúsculo líquido salgan sensualmente de nuestra piel. Los rostros de mis compañeros se parten cual lágrima en el rostro de un recién nacido, en sus cabezas el eco de familias y amantes son ahora reyes y reinas del olvido. Afortunadamente el canto de los pájaros y el estruendo de la batalla los calla lo suficiente. Los cristales de este templo cubren con su majestuosidad los cuerpos de mis colegas que se postran a la eternidad en el sepulcro sin nombre en esa cruz blanca de mil personas.
El cielo se rompe al color rosado de su esencia, los cubre y nos muestra el dolor que en lo divino ha sido compartido con las flores y los cantos de aves nacidas en la aurora boreal, brotan del suelo a mi alrededor, chocando con este nicho a la libertad. Hoy me encuentro en la catedral de un país extranjero luchando por algo que ya no comprendo. Te escribo en un sutil intento de disculpa. Pronto intentaremos huir de aquí tratando de salvar el orgullo que negamos con nuestra huida. Ni siquiera sé quién comenzó, todos creen que es la guardia nacional, pero, ¿sabes?, me encuentro más vivo que nunca ¡cuántos viven dormidos! ¿Están locos los que sueñan? ¿Es acaso que la cobardía se ha apoderado del pecho de la gente en esta burbuja que se hace llamar tierra? ¿Es acaso el ideal una niebla que pronto ha de ser disipada por el viento? Jamás te niegues a abrazar la hoguera del sentimiento y de la pasión. Que tu alma se forje como bala para engrandecer lo sublime. Hijo, si alguna vez la llama fatua del dolor te hace dudar de la virtud del río, has tuya la inmolación, que la llama nunca muera. Hasta la victoria siempre.

ESPECIAL 27
VIGENTE
CHICHÉN ITZÁ

NÚMERO 92
VIGENTE
GUANAJUATO

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