arqueología mexicana
La producción artesanal

ÍNDICE 80  
DOSIER: La producción artesanal en Mesoamérica El culto al dios Murciélago en Mesoamérica

La producción artesanal en Mesoamérica

Los murciélagos en México
La producción artesanal en Oaxaca Las cuevas mortuorias de Coahuila
Arqueología experimental.
Producción de objetos de concha en el Templo Mayor
La Tira de la Peregrinación.
La ascendencia chichimeca de los mexicas
La obsidiana en Mesoamérica DOCUMENTO: Códice Techialoyan, García Granados
Los abrasivos en Mesoamérica GUÍA DE VIAJEROS: Sur de Quintana Roo
PIEZA: El pectoral de concha huasteco del Templo Mayor CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO: Crónicas de tres familias


Concurso de cuento histórico

Crónicas de tres familias
Andrés Palmeros Barradas
Categoría postuniversitaria
Instituto Internacional de Filosofía

Los miembros del jurado acordaron premiar este cuento, firmado por Diego de la Rivera, que corresponde a Andrés Palmeros Barradas, por considerar que trata de manera apropiada el asunto de la leva en Veracruz, cuando Antonio López de Santa Anna participó de manera activa en de la vida política en esa región, así como por el acertado manejo del contexto histórico y por su estructura literaria.

La vegetación es exuberante y la tierra muy fértil; las lluvias que caen durante casi todo el año humedecen la tierra y la hacen producir. Pero en esos años no caían lluvias torrenciales; era, sobre todo, esa lluvia fina, pertinaz y constante que el pueblo conoce como chipi-chipi, la que mantiene el suelo mojado y hace las mañanas frías, la que hace brotar las flores y el musgo sobre las rocas. La misma gente lo dice: “todo lo que aquí se siembra, crece y da frutos”.
Frutas en abundancia se encontraban por todas partes y los chiquillos se hartaban de ellas en todas la huertas. Guayabas, naranjas, plátanos y nísperos dulces maduraban y se caían llenando el pueblo de una mezcla de olores diferentes, olor de frutas podridas, olor de paraíso, olor de abundancia.
Había muy pocas haciendas en esas tierras tan cercanas a la costa del Golfo. Las familias que venían desde España para colonizar las nuevas tierras, pronto recibían permiso para asentarse en algunas áreas de ese país tan enorme, tan extenso. Así se fundó Naolinco. Varias familias que desembarcaron en Veracruz encontraron muy pronto esas tierras tan poco pobladas y tan hermosas; desde que recibieron permiso para fundar un pueblo, ahí se quedaron y nadie pensaba en ir más lejos. Naolinco está asentado en la parte alta de la sierra que sale desde Xalapa; situado exactamente sobre el bordo de un acantilado que permite asomarse hacia el valle grandote que llega hasta donde nace el río Actopan. A la mitad del cantil empiezan a caer los chorros de una cascada que, cuando hay neblina y se mira desde abajo, parece como si el cielo se estuviera vaciando sobre la tierra.
Mariano Nicolás Domínguez y Juana Meza eran hijos de familias que ya se habían establecido en Naolinco, de aquellos que salieron de España para colonizar el Nuevo Mundo; jóvenes aún, se casaron y heredaron de sus padres algunas tierras y un poco de dinero con lo que pudieron trabajar y acrecentarlo en un tiempo no muy largo. Allá por 1792 vieron nacer a un hijo a quien, al bautizarlo, dieron el nombre de Juan José, para prolongar, más bien, el nombre de doña Juana, su madre.
Después de que el país se independizó de España, las cosas cambiaron un poco. Los generales buscaban el poder; llegar a la Presidencia del país era su meta. Comenzaban por apoderarse de sus propias regiones, pero su influencia y poder abarcaban, a veces, parte de los estados vecinos. Su palabra era la ley y su actividad militar se reducía a oponerse a las decisiones del presidente en turno, así que, en el norte y en el sur, siempre había generales inconformes con el presidente y sus ministros. Cualquier cosa servía de excusa para la intervención militar y organizar un golpe de Estado.
Para sostener esas luchas constantes, los generales incorporaban a sus milicias particulares, por la fuerza, a los hombres de las poblaciones por donde pasaban. Las llamaban “levas” y eran la amenaza para los pueblos pacíficos como Naolinco, que sólo deseaban trabajar en paz. Las levas destruían familias y alteraban la paz. Antonio López de Santa Anna fue uno de esos generales ávidos de poder; de alguna manera su nombre quedó asociado al apellido Barradas porque, siendo gobernador de Veracruz, derrotó al general español Isidro Barradas que pretendía reconquistar México para los españoles. Quizás algún pariente Barradas formaba parte del ejército del general Isidro y después de la derrota logró escapar y hacer su residencia en Naolinco. Eso pienso por los acontecimientos que posteriormente se desarrollaron. Como quiera que haya sido, Santa Anna fue uno de esos generales eternamente inconformes y ambiciosos, en búsqueda de poder, que reforzaba su milicia con las levas arbitrarias, y Naolinco no escapó a ello.

 

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La Expulsión

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