MAYAS DEL PETÉN

Estela
H, Copán, Honduras. Litografía de
Frederick Catherwood, 1844.
Reprografía: Carlos Blanco / Raíces
Es imposible
describir el interés con el que exploré
las ruinas (de Copán). El campo era totalmente
novedoso, no contábamos con ninguna guía,
todo era suelo virgen. No podíamos ver
más allá de 10 yardas y nunca sabíamos
con qué podríamos tropezarnos. En
algún momento nos detuvimos a cortar las
ramas y enredaderas, que ocultaban el rostro de
un monumento, y excavamos alrededor y sacamos
a la luz un fragmento, una esquina esculpida que
sobresalía del suelo. Me incliné
sobre ella ansiosamente, conteniendo el aliento,
mientras los indios trabajaban y desenterraban
un ojo, un oído, una mano o un pie, y cuando
el machete chocó con la piedra esculpida,
los aparté y retiré la tierra con
mis manos. La belleza de la escultura, la solemne
quietud de los bosques, perturbada sólo
por el barullo de los monos y el parloteo de los
loros, la desolación de la ciudad y el
misterio que pendía sobre ella, me provocaban
un interés mayor, si esto fuera
posible, del que había sentido ante las
ruinas del Viejo Mundo.
John
L. Stephens, Incidents of Travel in
Central America, Chiapas, & Yucatan, vol.
1,
Harper and Brothers, Nueva York, 1841