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Desde tiempos
mesoamericanos el jaguar y el hombre han tenido
una larga historia; se hermanaron y se convirtieron
en cómplices con una compleja y rica simbología
expresada en múltiples representaciones en
escultura, arquitectura, pintura, cerámica
y papel. Estos felinos fueron convertidos en dioses
y hombres-jaguar, símbolos de poder y de
gobierno, de fiereza y valentía, y se relacionan
con la noche y el inframundo, con la agricultura
y la fertilidad de la tierra y hasta con la destrucción
y la muerte. En esta larga historia de convivencia
entre hombre y bestia llegó a existir un
armonioso balance natural, lamentablemente roto
como tantos otros al grado que, en la
actualidad, el jaguar es considerado una especie
más en peligro de extinción. Esperamos
que en este decimosegundo aniversario de la revista,
en que abordamos diferentes caras del jaguar, señor
de los animales, con textos escritos por destacados
especialistas, se brinde al lector una importante
parte de su historia y memoria.
Viejo habitante de nuestro continente, el
jaguar pasó del Viejo Mundo a América
a principios del Pleistoceno hará cosa de
850 mil años. Es decir, que el jaguar pobló
el continente americano mucho antes de que lo hiciera
el hombre, cuya antigüedad apenas se remonta
a 30 o 40 mil años. Sin embargo, desde un
principio el hombre tuvo temor y admiración
por un animal que era sinónimo de valor y
fiereza. No por otra cosa lo incorpora en sus mitos
y lo considera corazón de la montaña
o el devorador de corazones.
Eduardo
Matos
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