DOSIER
LOS DIOSES
MAYAS
Existen distintas maneras
de acercarse al estudio de los dioses entre los mayas.
Los investigadores de esta cultura cuentan con un abundante
acervo de restos materiales –escultura, cerámica,
lapidaria, entre otros–, un amplio conjunto de
inscripciones, un importante grupo de códices,
textos elaborados en la época colonial pero con
profundas raíces en la época prehispánica,
y una rica –y en buena parte vigente– tradición
oral. Resulta natural que ante un fenómeno de
tal complejidad, inmerso en un desarrollo cultural de
miles de años, existan diversas maneras de explicarlo,
las que pasan por aspectos como la misma definición
de dios, la complejidad atribuida a la civilización
maya y el papel de la religión en ella, su propia
mecánica de desarrollo y sus relaciones con los
pueblos de otras áreas. En este número
de Arqueología Mexicana se presentan dos caras
de esos enfoques: el lector se encontrará con
una propuesta sobre la aparición tardía
(en el Posclásico) de los dioses en la religión
maya, y con un documentado artículo sobre los
dioses principales y sus características, acompañados
con ejemplos de todas las épocas. Esto no debe
extrañar en una disciplina como la arqueología,
en la que los datos y las interpretaciones que sobre
ellos se hacen están en constante transformación,
a la par de los nuevos descubrimientos.
La
religión
Entre los pueblos mesoamericanos,
la religión y los ritos asociados a ella
estaban relacionados principalmente con el mantenimiento
del orden del cosmos, la fertilidad y el bienestar
general. Prácticamente todos los asuntos
de la sociedad –incluidos acontecimientos
fundamentales en la vida humana como el nacimiento,
el matrimonio y la muerte– se encontraban
inmersos en una compleja estructura de creencias,
que dictaba pautas de comportamiento y explicaba
y justificaba la naturaleza del mundo.
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Autosacrificio de mujeres nobles. Clásico
Tardío. Bonampak, Chiapas. Foto: Guillermo
Aldana / Raíces
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Con
base en los conceptos religiosos se establecieron
los calendarios, se justificaba el papel de los
gobernantes y se planeaban los ciclos de producción
agrícola, entre otros aspectos. Para ello
se realizaba un amplio y variado conjunto de ritos,
efectuados por reyes y sacerdotes, que incluían
danzas, sacrificios, autosacrificios, juegos de
pelota, etc.
Para los mayas, el creador del cosmos fue Itzamná,
señor del cielo, el día y la noche.
Era hijo de Hunab K’u, deidad abstracta e
invisible. El cielo estaba sostenido por cuatro
dioses “cargadores”, los bacabes, relacionados
con los cuatro puntos cardinales, en cada uno de
los cuales se encontraba una ceiba sagrada, el árbol
de la abundancia que había proporcionado
el primer sustento a la humanidad. Se creía
que el cielo estaba dividido en 13 niveles superiores,
en los que residían los Oxlahuntikú
o 13 señores del supramundo. El inframundo,
a su vez, estaba dividido en nueve estratos, presididos
cada uno por uno de los Bolontikú o nueve
señores de la noche. |
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Los
mitos de la creación
Además del Popol
Vuh hay otros documentos y relatos que dan
cuenta de la creación del mundo por dioses
bienhechores. El Chilam Balam de Chumayel,
texto de finales del siglo XVIII del norte de
Yucatán, es uno de ellos, y contiene un
mito sobre la creación similar al del Popol
Vuh. En él, la creación comienza
con un universo cautivo de los dioses del inframundo,
poblado por abejas. Según el relato, fue
una época en que llovió fuego y
ceniza, y en que cayeron árboles y piedras.
En un mundo sin Sol, sin noche y sin Luna, los
dioses del cielo, decididos a propagar la semilla
que habían salvado de ese caos, destruyeron
todo bajo un diluvio y flecharon a quienes habían
quedado. A partir de ese universo aniquilado habría
de comenzar la nueva creación: los cuatro
bacabes, dioses sostenedores del cielo, colocados
uno en cada esquina del mundo, levantaron la tierra
que se había hundido al desplomarse el
firmamento y sembraron una ceiba al centro: axis
mundi del universo maya y camino que conduce
al cielo. En ambos mitos, el descrito en el Popol
Vuh y el del Chilam Balam de Chumayel, el
mundo que vivimos es, de esta manera, el último
de los ensayos de los dioses, el desenlace de
la lucha entre cielo e inframundo, entre luz y
oscuridad, que culmina con la victoria de los
primeros. Aunque comparte con el resto de los
pueblos mesoamericanos la visión castastrófica
y renovadora que conduce a la creación
humana, el mito maya es, sin embargo, claramente
diferenciable y de raíces profundas, como
lo es también el panteón de sus
dioses.
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El
calendario
Los mayas utilizaron dos diferentes
calendarios, uno de tipo ritual y otro de tipo
natural. El tzolk’in es, en esencia,
un almanaque de presagios. En el Chilam Balam
de Kaua hay una larga lista que describe,
según el día tzolk’in
de nacimiento, el carácter de las personas,
su oficio y destino, así como las plantas,
animales y elementos con los que se comunica y
armoniza. El haab es un calendario de
festividades y reglas del ceremonial. Fray Diego
de Landa, en su Relación de las cosas
de Yucatán, menciona, por ejemplo,
que en los meses ch’en y yax del
calendario haab se renovaban los ídolos
de barro y sus incensarios, y se hacía
la fiesta en honor de los dioses de las milpas.
Cada mes tenía un patrón protector
identificado en el glifo introductorio que iniciaba
la cuenta larga.
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Clasificación
de dioses mayas
A principios del siglo XX,
cuando Paul Schellhas estudió y clasificó
el panteón maya basándose en los
únicos códices prehispánicos
de esa cultura conocidos hasta ahora –y
que corresponden al periodo Posclásico–,
poco se sabía acerca de las deidades y
sus atributos, de tal forma que optó por
designar a cada dios con una letra del alfabeto.
En la actualidad, aunque el conocimiento fonético
de la escritura glífica maya está
muy desarrollado –lo que permite saber los
nombres y características de sus divinidades,
amén de que han surgido otras–, el
catálogo de Schellhas y su nominación
siguen utilizándose. No obstante, hay una
gran cantidad de escritura y representaciones
glíficas que esperan ser descubiertas e
interpretadas. |
Chac. Posclásico Tardío.
Mayapán, Yucatán. Museo Regional
de Antropología, Palacio Cantón,
Mérida Yucatán. Foto: M. A.Pacheco
/ Raíces |
Los
mayas
En un medio ambiente de gran
diversidad, los mayas lograron un desarrollo cultural
sorprendentemente homogéneo; también
es notable que esa homogeneidad se haya mantenido
sin cambios mayores por tantos años, desde
la época de los primeros asentamientos
hasta nuestros días. Esa uniformidad se
manifiesta no sólo en aspectos de la cultura
material, como la temática de sus obras
escultóricas, la decoración de su
cerámica policroma y los estilos arquitectónicos,
sino también en sus mitos y en su patrón
de asentamiento. Los textos mayas sobre la creación
de los seres humanos dan fe de esa uniformidad,
así como de la gran profundidad histórica
de las ideas que los mayas tenían de sí
mismos. |
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Códices
mayas
Del gran acervo de manuscritos
pictóricos de los mayas prehispánicos
sólo se conservan tres, los códices
de Dresde, Madrid y París. Aunque los tres
tienen características semejantes y comparten
elementos formales y de contenido, se distinguen
por los diferentes asuntos que tratan. Todos son
de carácter adivinatorio y en su mayor
parte están estructurados con base en registros
calendáricos en los que se incluían
ceremonias como la de año nuevo y temas
como la agricultura, la cacería, la época
de lluvias, los dioses, etc.
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Códice Madrid,
pp. 27 y 28.
Reprografía: M.A. Pacheco / Raíces
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| Además,
en el Dresde y en el París se encuentran
profecías para los ciclos de 20 años,
llamados katunes por los mayas, y temas de astronomía.
Por la calidad de sus dibujos y por las diferencias
de estilo, se sabe que en cada uno de los códices
participaron varios escribas. Por su uso y su contenido,
los códices eran objetos sagrados a los que
se dedicaban rituales de purificación y renovación
antes de ser leídos en ceremonias religiosas.
El análisis de sus contenidos ha sido esencial
para el estudio de la religión maya y de
sus dioses. |
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