arqueología mexicana
LA religión mexica

ÍNDICE 91  
DOSIER: La religión mexica HIST. DE ARQUEOLOGÍA: El peregrinar la Piedra del Sol
Los mexicas ante el cosmos ARQUEOLOGÍA: El arte rupestre, Guanajuato
El mundo sobrenatural ANTROPOLOGÍA FÍSICA: El cuerpo humano
Los “2 000 dioses” de los mexicas PIEZA: Espina con inscripción de Comalcalco
Ochpaniztli. La fiesta de las siembras MITOS Y CUENTOS: Nuestro Abuelo el fuego
Historia sobre religión mexica DOCUMENTOS: Códice Madrid
La cosmovisión de los nahuas CONCURSO: La sangre y el oro

DOSIER
La religión mexica

Una religión mesoamericana
La religión es un producto de la actividad cotidiana del hombre. Es el resultado de la necesidad práctica de entender y manejar una realidad compleja compuesta por el medio natural, la sociedad y su propia interioridad. En la construcción de la religión mexica predomina la herencia de una milenaria actividad agrícola, procesada y transformada a lo largo del tiempo.


Una religión mesoamericana

La comprensión de una realidad histórica remota, como lo es la religión mexica, es producto de una ardua labor científica. En este sentido, está condicionada por el enfoque particular y muy diverso de los investigadores que a lo largo del tiempo se han dedicado a su estudio. Así, el entendimiento de la cosmovisión mexica se ha ido enriqueciendo a la par de los avances en el estudio de las numerosas fuentes, indígenas y españolas, y en especial de los numerosos hallazgos arqueológicos.


Códice calendárico-ritual. Tonalámatl de Aubin, lám. 10.
Reprografía: M.A.P ./ Raíces


La vida ritual


La religión es básicamente una acción regida por la práctica inveterada. Como la creencia, constituye un sistema. En este caso fundamentalmente desemboca en una técnica, en un sistema de comunicación con la sobrenaturaleza. La acción cultural tiene como uno de sus ejes la adecuación de la voluntad de los dioses al tiempo-espacio mundano, con el propósito de que el agente pueda satisfacer sus necesidades de subsistencia. En este sentido, los rituales eran fundamentales y en el caso de los mexicas, un conjunto de ellos tenía gran importancia: las fiestas de los meses del año solar.

Fiesta de etzalcualitztli. Primeros Memoriales, f. 250v. Reprografía: M.A.P. / Raíces


La cosmovisión de los pueblos mesoamericanos se reflejó en la cultura material, como la arquitectura y la disposición de las ciudades. En los centros de los sitios se localizaban templos cuya forma, decoración y función correspondían con el papel que las dedidades a que estaban dedicadas tenían en el entramado mítico y ritual.
El Templo Mayor de los mexicas estaba dentro de un espacio sagrado, aisldo del mundo profano por un muro. Ese espacio reproducía el concepto cosmogónico mexica del quincunce: cuatro rumbos y un centro. En el centro se elevaba el Templo Mayor, que simbolizaba el Coatépetl, la montaña sagrada, que almacenaba la lluvia, los rayos, las semillas multiplicadoras de la vida.
Situado en el centro del espacio sagrado, el Templo Mayor se convertía en el axis mundi, centro del mundo, para los mexicas. Era la morada de los dioses y el lugar por excelencia en que los hombres podían descender a los nueve niveles del inframundo o ascender a los 13 niveles de los cielos. Era el lugar en que era posible que los seres humanos se comunicaran con los dioses del cielo y de la tierra, hicieran ofrendas y pedimentos, y además, renovaran los pactos de reciprocidad establecidos con las deidades. Ahí, en los dos templos ubicados en la cima del Coatépetl, los mexicas donaban sangre y corazones, lo más preciado por los hombres, para que los dioses se alimentaran y recuperaran fuerzas para que pudieran, a su vez, dar alimentos y vida a los seres humanos.

Recinto sagrado de Tenochtitlan según fray Bernardino de Sahagún. Primeros Memoriales, f. 269r. Reprografía: M.A.P. / Raíces

Los templos




Los dioses de los mexicas


Coyolxauhqui.
Museo del Templo Mayor.
Foto: M. A. Pacheco / Raíces

La religión, concebida como conjunto de creencias, no es una mera acumulación de éstas, sino un acervo sistematizado de pensamiento. Con este acervo el hombre no sólo regula su actuación ante la sobrenaturaleza, sino su enfrentamiento con la naturaleza, sus relaciones sociales y su interiorización. Para lograr sus propósitos, el hombre desarrolla un sistema simbólico sumamente complejo, por medio del cual se establece el intercambio social de las ideas y se desarrolla colectivamente el pensamiento. Un componente fundamental de este sistema lo constituye el panteón, en el que confluyen un complejo conjunto de símbolos, como el maquillaje, las divisas y los atavíos de los dioses, los que no sólo permitían a quienes compartían la cosmovisión su identificación, sino la noción de sus funciones específicas.
El rico y complejísimo panteón del México central no es una creación súbita o espontánea sino producto de largos siglos: gran parte de los dioses, de sus ritos y la mayoría de sus mitos son comunes a toda Mesoamérica y se remontan al periodo Clásico. Esto es cierto para dioses como Quetzalcóatl, Tláloc, Xipe, los dioses del fuego y de la muerte, y resulta probable para otros muchos.

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