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DOSIER
La
religión mexica
Una
religión mesoamericana
La religión es un producto de la actividad cotidiana
del hombre. Es el resultado de la necesidad práctica
de entender y manejar una realidad compleja compuesta
por el medio natural, la sociedad y su propia interioridad.
En la construcción de la religión mexica
predomina la herencia de una milenaria actividad agrícola,
procesada y transformada a lo largo del tiempo.
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Una
religión mesoamericana
La comprensión de una
realidad histórica remota, como lo es la
religión mexica, es producto de una ardua
labor científica. En este sentido, está
condicionada por el enfoque particular y muy diverso
de los investigadores que a lo largo del tiempo
se han dedicado a su estudio. Así, el entendimiento
de la cosmovisión mexica se ha ido enriqueciendo
a la par de los avances en el estudio de las numerosas
fuentes, indígenas y españolas,
y en especial de los numerosos hallazgos arqueológicos.
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Códice calendárico-ritual.
Tonalámatl de Aubin, lám. 10.
Reprografía:
M.A.P ./ Raíces
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La
vida ritual

Fiesta de etzalcualitztli.
Primeros Memoriales, f. 250v.
Reprografía:
M.A.P. / Raíces
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La
religión es básicamente una acción
regida por la práctica inveterada. Como
la creencia, constituye un sistema. En este caso
fundamentalmente desemboca en una técnica,
en un sistema de comunicación con la sobrenaturaleza.
La acción cultural tiene como uno de sus
ejes la adecuación de la voluntad de los
dioses al tiempo-espacio mundano, con el propósito
de que el agente pueda satisfacer sus necesidades
de subsistencia. En este sentido, los rituales
eran fundamentales y en el caso de los mexicas,
un conjunto de ellos tenía gran importancia:
las fiestas de los meses del año solar.
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La
cosmovisión de los pueblos mesoamericanos
se reflejó en la cultura material, como
la arquitectura y la disposición de las
ciudades. En los centros de los sitios se localizaban
templos cuya forma, decoración y función
correspondían con el papel que las dedidades
a que estaban dedicadas tenían en el entramado
mítico y ritual.
El Templo Mayor de los mexicas estaba dentro de
un espacio sagrado, aisldo del mundo profano por
un muro. Ese espacio reproducía el concepto
cosmogónico mexica del quincunce: cuatro
rumbos y un centro. En el centro se elevaba el
Templo Mayor, que simbolizaba el Coatépetl,
la montaña sagrada, que almacenaba la lluvia,
los rayos, las semillas multiplicadoras de la
vida.
Situado en el centro del espacio sagrado, el Templo
Mayor se convertía en el axis mundi,
centro del mundo, para los mexicas. Era la morada
de los dioses y el lugar por excelencia en que
los hombres podían descender a los nueve
niveles del inframundo o ascender a los 13 niveles
de los cielos. Era el lugar en que era posible
que los seres humanos se comunicaran con los dioses
del cielo y de la tierra, hicieran ofrendas y
pedimentos, y además, renovaran los pactos
de reciprocidad establecidos con las deidades.
Ahí, en los dos templos ubicados en la
cima del Coatépetl, los mexicas donaban
sangre y corazones, lo más preciado por
los hombres, para que los dioses se alimentaran
y recuperaran fuerzas para que pudieran, a su
vez, dar alimentos y vida a los seres humanos.
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Los templos

Recinto sagrado de Tenochtitlan según fray
Bernardino de Sahagún. Primeros Memoriales,
f. 269r.
Reprografía:
M.A.P. / Raíces
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Los
dioses de los mexicas

Coyolxauhqui.
Museo del Templo Mayor.
Foto: M. A. Pacheco
/ Raíces
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La
religión, concebida como conjunto de creencias,
no es una mera acumulación de éstas,
sino un acervo sistematizado de pensamiento. Con
este acervo el hombre no sólo regula su
actuación ante la sobrenaturaleza, sino
su enfrentamiento con la naturaleza, sus relaciones
sociales y su interiorización. Para lograr
sus propósitos, el hombre desarrolla un
sistema simbólico sumamente complejo, por
medio del cual se establece el intercambio social
de las ideas y se desarrolla colectivamente el
pensamiento. Un componente fundamental de este
sistema lo constituye el panteón, en el
que confluyen un complejo conjunto de símbolos,
como el maquillaje, las divisas y los atavíos
de los dioses, los que no sólo permitían
a quienes compartían la cosmovisión
su identificación, sino la noción
de sus funciones específicas.
El rico y complejísimo panteón del
México central no es una creación
súbita o espontánea sino producto
de largos siglos: gran parte de los dioses, de
sus ritos y la mayoría de sus mitos son
comunes a toda Mesoamérica y se remontan
al periodo Clásico. Esto es cierto para
dioses como Quetzalcóatl, Tláloc,
Xipe, los dioses del fuego y de la muerte, y resulta
probable para otros muchos. |
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Los mexicas

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Según
sus propios relatos, los mexicas provenían
de un legendario lugar llamado Aztlan, “lugar
de las garzas”, presuntamente situado
en el noroeste de Mesoamérica. De ahí
habrían partido en 1111 d.C. –junto
con otros grupos de los que posteriormente
se separarían–, en la búsqueda
de un sitio donde asentarse. Reconocerían
este lugar porque, como se los había
indicado Huitzilopochtli, su dios tutelar,
allí encontrarían un águila
posada sobre un nopal y devorando una serpiente.
Casi dos siglos de peregrinación les
tomó a los mexicas encontrar ese lugar.
En un islote en el lago de Texcoco fundaron,
en 1325 d.C., México-Tenochtitlan,
ciudad que llegaría a convertirse en
apenas un siglo en la más importante
de Mesoamérica. Como consecuencia de
ese acelerado desarrollo y del crecimiento
de la población, el pequeño
islote pronto fue ocupado en su totalidad
por templos y casas, lo que ocasionó
que el área de tierra firme se aumentara
artificialmente, y que el lago se rellenara
con grandes cantidades de piedra y lodo. Casi
dos siglos después de su fundación,
en la época de la conquista, Tenochtitlan
era una gran ciudad organizada en cuatro grandes
calpullis o barrios; se encontraba
unida con los pueblos ribereños mediante
extensas calzadas, tenía una población
de 150 000 o 200 000 habitantes y ocupaba
un área cercana a los 15 km2. |
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La
Triple Alianza

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A poco más
de un siglo de la fundación de Tenochtitlan,
los mexicas habían logrado prosperar
a tal grado, que fueron capaces de enfrentar
con éxito a la ciudad tepaneca de Azcapotzalco,
entonces el asentamiento dominante de la Cuenca
de México. En 1430, los mexicas crearon
una entidad que sustituiría a la que
lidereaban los tepanecas. La nueva estaba
formada por Tenochtitlan, Tlacopan y Texcoco,
y es conocida como la Triple Alianza. A partir
de ese momento, los tlatoanis mexicas comenzaron
un ciclo de conquistas sucesivas que, en poco
menos de cien años, los llevaría
a dominar diversas regiones mesoamericanas,
cuyos pueblos estaban obligados a entregar
periódicamente una amplia variedad
de bienes y materias primas. Durante su máximo
esplendor, la Alianza controlaba un territorio
que comprendía más de 400 pueblos
y señoríos subordinados. |
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La
guerra
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La supremacía
mexica se fundaba en su extraordinaria capacidad
militar y en una eficaz estrategia de demostración
pública de su poderío, la que
incluía ceremonias con sacrificios
humanos a las que debían acudir los
señores de los pueblos sojuzgados.
Sin embargo, existían varios factores
que impedían un control estable de
las zonas conquistadas, como las grandes distancias
que en ocasiones separaban a las provincias
del corazón del imperio. |
| Los
señoríos independientes
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Pese al indudable
poderío de la Triple Alianza, algunos
señoríos lograron mantenerse
independientes. Ello era debido a diversos
factores, entre los que se cuenta que la capacidad
militar era tal, que su sometimiento implicaba
más gasto que beneficio, o simplemente
que su independencia resultaba conveniente
para asegurarse la disponibilidad permanente
de prisioneros de guerra para el sacrificio.
Entre esos señoríos independientes
se encuentran Metztitlan, Tlaxcala, Cholula,
Teotitlán del Camino y Yopitzinco.
Mención aparte merecen los tarascos,
tal vez los únicos enemigos imbatibles
de los mexicas. |
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Las
provincias tributarias
Para
la administración del vasto territorio
que se encontraba bajo su control, la Triple
Alianza estableció un sistema basado
en la división en provincias tributarias,
cada una de las cuales contenía varios
pueblos que canalizaban el tributo por intermedio
de una capital. Tan sólo en un año,
los registros del imperio contabilizaban decenas
de miles de mantas de algodón, miles
de vestidos, cientos de trajes guerreros,
grandes cantidades de fardos de plumas y aves
vivas, pieles, conchas, cacao, piedras preciosas
y miles de toneladas de alimentos. También
se exigía la tributación de
la fuerza de trabajo necesaria para la construcción
de los numerosos edificios y templos de la
capital del imperio. |
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El
comercio

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El destino
de los productos obtenidos por medio del tributo
era diverso. Se les utilizaba para las fiestas
religiosas; para el pago de la administración
del imperio; para sostener a las poblaciones
urbanas, y para cubrir los gastos de la guerra.
Otra parte regresaba a la circulación
por medio del comercio. El ámbito en
el que los mexicas desarrollaban sus actividades
comerciales rebasaba los límites del
imperio. Algunos productos se obtenían
por intercambio con regiones distantes. |
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ESPECIAL
27
VIGENTE
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NUEVO
ARTÍCULO
EN
LÍNEA
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Los
mexicas ante el cosmos
Alfredo López Austin
La cosmovisión mexica
concebía que la realidad divina estaba traslapada
en el espacio de las criaturas, se creía en una
doble naturaleza del tiempo y del espacio.
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