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El
hábitat que rodea a Dzibilchaltún es una
planicie calcárea, sin aguas superficiales, excepto
un cenote con agua permanente a ras del suelo, alrededor
del cual se asentaron los primeros pobladores de esa región
durante el Preclásico Medio y el Preclásico
Tardío (500 a.C.-250 d.C.). Tal vez debido a esto
el cenote fue llamado, en lengua maya, Xlacah, que significa
“pueblo viejo”. Este estanque natural mide
alrededor de 100 m de largo en su eje norte-sur, por 200
m en el eje este-oeste. En su parte más profunda
toma una forma inclinada y alcanza los 44 m en el noreste,
hacia donde se abre una amplia galería horizontal
y oscura, cuyo extremo se desconoce.
Los antiguos mayas protegieron con muros de retención
la orilla del cenote y construyeron una plataforma mediana
muy próxima a él. En su extremo este, que
es el menos profundo, hubo otra pequeña plataforma,
hoy desaparecida, que llegaba al manto acuífero
y permitía a la población disponer del agua
con facilidad. Bajo el suelo de Dzibilchaltún el
nivel del agua se encuentra a 3 m, motivo por el cual
sus habitantes pudieron excavar pozos, ampliando cavidades
naturales poco profundas para alcanzar el agua del subsuelo.
La agricultura fue el principal medio de subsistencia
de Dzibilchaltún, aunque también se obtenían
productos marinos debido a su cercanía con el mar
(18 km). Esto favoreció un rápido crecimiento
de la población, aunque parece haberse producido
un descenso durante el Clásico Temprano (250-600
d.C.), pues la arquitectura fue escasa en esta etapa.
Durante el Clásico Tardío y el Clásico
Terminal (600-1000 d.C.) se dio el máximo crecimiento
y florecimiento de Dzibilchaltún, llegando a convertirse
en un centro urbano de más de 10 km2, con una población
aproximada de 20 000 habitantes. La mayoría de
los edificios con techos abovedados se construyó
durante ese periodo, como el Grupo de las Siete Muñecas,
los edificios principales de la gran plaza central y el
sistema de caminos interno. Posteriormente, en el Posclásico
(1000-1500 d.C.), comenzó el declive del sitio.
LOS
TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS
Las investigaciones realizadas recientemente por el inah
en el sitio permitieron detectar vestigios de los primeros
pobladores en las cercanías del cenote Xlacah,
los cuales estaban enterrados bajo las subestructuras
arquitectónicas Sub 45 Sur y Sub 45 Norte, que
rodean al cenote y están cubiertas en su totalidad
por construcciones de épocas posteriores. También
se han encontrado evidencias de una plaza menor situada
a un nivel más bajo y orientada hacia el cenote;
posteriormente, esta plaza fue rellenada para nivelar
la plaza central, de dimensiones mayores. Así,
el cenote terminó inmerso entre los edificios que
conformaron la zona central de Dzibilchaltún, hacia
el lado suroeste de la principal plaza prehispánica
del sitio. Al parecer en las épocas de sequías
estacionales prolongadas, el cenote, con su agua permanente,
debió de ser un factor de atracción para
las comunidades aledañas, lo que tal vez propició
el crecimiento del sitio.
El cenote Xlacah fue explorado a mediados del siglo pasado
por un grupo de buceadores: Robert Marx, Luis Marden y
Fernando Euan, como parte de un proyecto mayor que se
llamó “Programa de investigación de
la península de Yucatán”, dirigido
por el doctor Wyllys Andrews IV, con recursos de la National
Geographic Society y el Middle American Research Institute
de la Universidad de Tulane. Los trabajos de exploración
del sitio comenzaron en 1956 y duraron cerca de una década.
ARTÍCULO COMPLETO
EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Rubén Maldonado Cárdenas.
Maestro en ciencias antropológicas por la ENAH.
Arqueólogo investigador del Centro INAH Yucatán.
Director del Proyecto Dzibilchaltún, INAH. |