Las danzas de conquista son
representaciones que tienen sus orígenes
en la danza de moros y cristianos y en la conquista
de América, iniciada en 1492. Los personajes
contendientes, de un lado y del otro, corresponden
a individuos, reales o inventados, que participaron
en la conquista o la defensa de los diversos territorios
que reclamaba la corona española. Representación
del encuentro de Moctezuma y Hernán Cortés.
Danzantes en el atrio de la basílica de
Guadalupe, ciudad de México, ca. 1935.
Foto: anónimo.
© 92796. CONACULTA, inah, sinafo, fn, México |
Las danzas de moros y cristianos
y de la conquista son expresiones populares que siguen
vigentes después de más de 400 años.
Aunque han sufrido cambios a lo largo del tiempo, todavía
son expresión viva del pueblo que las hizo suyas
y forman parte sustancial de sus tradiciones.
Las
danzas de moros y cristianos se bailan en la península
ibérica desde hace muchos siglos. Si bien muchas
expresiones dancísticas acompañadas de
música, diálogos, etc., pudieran provenir
desde el Neolítico como parte de cultos agrarios,
al paso del tiempo se fueron incorporando otras expresiones
que tuvieron su origen en diversos acontecimientos históricos,
entre los que se encuentran las Cruzadas y los intentos
por recuperar Jerusalem, o los enfrentamientos contra
los moros que ocuparon más de la mitad sur de
lo que hoy es España, cuando los reinos católicos
tratan de reconquistar aquellas tierras que estaban
en manos sarracenas. Otra vertiente son los cantares
de gesta como la Chanson de Roland, que escenifica
los combates entre moros y cristianos que culmina con
el triunfo de Carlomagno.
Con la conquista de América y como una de las
consecuencias de ella, estas danzas con sus variantes
tendrán presencia en la Nueva España y
en otras posesiones españolas, adaptándose
según el lugar y las circunstancias. Es así
como, además de las tradicionales danzas de moros
y cristianos, se van a dar las danzas de la conquista,
en las que los protagonistas serán los indígenas
recién conquistados y sus personajes destacados
(Moctezuma, Tecun Umán, Atahualpa, etc.), quienes
combaten en contra de los cristianos (Hernán
Cortés, Pedro de Alvarado y otros). Ejemplos
de esto lo vemos en Guatemala, donde se han registrado
muchas danzas que atienden al carácter regional
en donde se escenifican (Bode, 1961). En Perú
y República Dominicana existen referencias de
danzas, como la de la prisión y muerte de Atahualpa,
en el caso del primero, y la Danza de los Moctezuma,
en la segunda (Henríquez Ureña, 1960).
De Panamá di a conocer en México, en 1965,
la Danza de los Montezumas, que se baila en
Los Santos y otras poblaciones (Matos, 1967, 1981).
De igual manera, publiqué una danza que se representa
en El Salvador que lleva por título La historia
de Montizuma, indio mejicano, y Hernán Cortés,
español (Matos, 1979, 1981).
Resulta necesario aclarar los nombres con que se denominan
estas representaciones. Sobre el particular hay autores
que se inclinan a referirse a ellas con el nombre de
“moros y cristianos” aduciendo, entre otras
cosas, su presencia en España desde siglos atrás
(Warman, 1985), en tanto que otros prefieren reunirlas
bajo el título de “danzas de la conquista”,
con argumentos igualmente interesantes (Jáuregui
y Bonfiglio, 1996). Por mi parte, me inclino a considerar
bajo el primer nombre a todas aquellas expresiones en
las que los contendientes son moros o individuos considerados
paganos (Pilatos, por ejemplo), en tanto que los cristianos
encarnan en figuras como Santiago, Carlomagno, los Pares
de Francia, etc., que se escenifican tanto en la península
ibérica como en América. El apelativo
de danzas de la conquista lo asigno a todas las representaciones
que se adaptaron a partir de la empresa conquistadora
iniciada en 1492, en la que los contendientes, de un
lado y del otro, corresponden a figuras de individuos,
reales o inventados, que participaron en la conquista
o defensa de los diversos territorios sujetos a la corona
española.
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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• Eduardo Matos Moctezuma. Maestro
en ciencias antropológicas, especializado en
arqueología. Fue director del Museo del Templo
Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor
emérito del INAH.