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La Dra. De la Fuente junto a la
Cabeza 10 de San Lorenzo Tenochtitlán, Veracruz,
de la cultura olmeca, la cual constituyó
uno de sus principales intereses. Foto: Leticia
Staines
Se nos fue doña Beatriz, dejando un gran
vacío en su familia, en sus amistades, en
sus estudiantes y colegas, en la unam, en sus diversos
trabajos y quehaceres, en instituciones y consejos,
en Arqueología Mexicana. Por donde pasó,
dejó huella y estrella.
La vida profesional (y personal) de la destacada
historiadora estuvo llena de logros, afectos y legados.
Abrió camino tanto para las mujeres en busca
de profesión como para las disciplinas que
abordó. Los diversos cursos que impartió
a muchas generaciones, los cargos académicos
que ocupó, sus numerosas publicaciones, los
diferentes grados, premios y distinciones que obtuvo,
nos hablan de una vida plena y entregada al servicio.
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Entre
esta lista interminable, que refleja tanto su intenso
trabajo como el gran esfuerzo que implicó,
nos interesa resaltar su destacada y comprometida
labor en esta revista.
Desde
1999 fue miembro muy activo de nuestro Comité
Científico-Editorial, autora de múltiples
artículos y propuestas, uno de los pilares
más entusiastas para que esta publicación
se mantuviera y creciera, además de ser una
gran amiga y asesora en todo momento. Su gran aprecio
por la publicación lo manifestaba de muchas
maneras. ¡Cuántos privilegios tuvimos
con ella!
En 2003, en el núm. 63 de la revista, inauguramos
una sección titulada De carne y hueso,
serie que buscaba publicar entrevistas con destacados
investigadores y sobre sus aportaciones para el conocimiento
de nuestro pasado prehispánico. La primera
entrevista, realizada por Linda Lasky, fue a doña
Beatriz. Su elección no fue gratuita, sabíamos
de su enfermedad pero también teníamos
conciencia de estrenar esta sección con una
persona muy destacada en su quehacer y que brindara
ejemplo y estímulo en diferentes sentidos.
Ahora que releía esa entrevista, hay unas líneas
que me saltan cuando habla de su buena estrella: Las
estrellas no nacen solas, se hacen
se lucha por
metas firmes sin ceder ante las tentaciones, sin desviarse
del camino a seguir.
En ello refleja la fuerza, la voluntad, la fe y la
valentía que la caracterizaba. Le hizo frente
a muchos obstáculos en la vida y lo mismo hizo,
con gran dignidad, con su progresivo mal. En los últimos
meses, en medio de sus deterioros físicos,
comentaba que mientras su cabeza siguiera funcionando
ella seguiría trabajando y produciendo, a la
par que compartía su ilusión de poder
vivir para asistir a la boda de su nieta y de ser
bisabuela, muestra de su lucha por la vida y de su
calidez humana. |