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La
modificación artificial de la cabeza en
la infancia constituye una tradición mesoa-mericana
casi generalizada, para la cual se empleaban una
gran variedad de aparatos compresores. Esta práctica
poseía un profundo valor cultural como
costumbre cotidiana y vínculo con el cosmos,
expresión del género, de la identidad
y distinción social.
En Mesoamérica, el peinado
del cabello o la pintura de la piel se realizaban
cotidianamente, en tanto que otros arreglos estaban
reservados para ocasiones festivas. Las modificaciones
corporales permanentes, como los ornamentos dentales
y la deformación cefálica, eran
considerados símbolos de identidad cultural.
Figurilla articulada con adornos dentales y deformación
del cráneo. Nopiloa, Veracruz. Museo de
Antropología de Xalapa, Veracruz.
Foto: Rafael Doniz / Raíces |
Las
modificaciones artificiales del cuerpo, relacionadas
con la apariencia personal o colectiva, constituyen
un elemento común en las culturas tanto actuales
como antiguas y muchas de ellas estaban reglamentadas
e incluso institucionalizadas. En la Mesoamérica
prehispánica, el peinado del cabello o la pintura
de la piel se realizaban cotidianamente en tanto que
otros arreglos estaban reservados para ocasiones festivas.
Algunos adornos, como las cicatrices y los tatuajes,
cambiaban de por vida el aspecto de las personas, y
eran considerados expresiones visibles de identidad
cultural. Entre las modificaciones permanentes que llegaron
a adquirir especial importancia en Mesoamérica
se encuentran la escarificación facial y los
ornamentos dentales, así como la deformación
cefálica intencional, sobre la cual se hablará
en este artículo. Realizada dentro del seno familiar,
el modelaje de la tierna cabeza infantil estaba a cargo
de las experimentadas manos de las mujeres, quienes
sabían cómo imprimirle la forma deseada.
Para ello se valían de una gran variedad de técnicas
e instrumentos.
Las
técnicas
El primer paso de la deformación cefálica
era prensar la cabeza de los recién nacidos entre
dos elementos planos y rígidos o mediante un
vendaje, aprovechando la plasticidad fisiológica
propia de esa edad. El proceso podía durar unas
semanas o prolongarse por años. Debe señalarse
que los cráneos se comprimían activamente
sólo durante las primeras semanas; después
se sujetaban de un modo cada vez más pasivo,
aunque siempre para mantener la forma artificial lograda
durante la primera etapa del proceso y seguir modelando
el crecimiento cefálico según convenía.
¿Cuáles eran los aparatos que servían
para realizar la deformación cefálica
en Mesoamérica? En vista de que han sobrevivido
muy pocos de esos aparatos hasta nuestros días,
es la iconografía prehispánica la que
nos informa sobre la gama de implementos compresores
que se usaban. Asimismo, los cráneos que eran
modelados por esos aparatos dan fe de la diversidad
de dispositivos que había en la Mesoamérica
prehispánica, en especial en el área maya
y entre los grupos que se desarrollaron en los actuales
estados de Veracruz y Oaxaca.
En principio, todo indica que se trataba predominantemente
de cunas o “aparatos corporales”, que además
de que servían para la deformación cefálica
permitían alimentar y asear al infante. La compresión
en cuna producía cabezas altas, anchas y cortas,
a las que se ha denominado en los estudios deformaciones
“tabulares erectas”. El segundo dispositivo
fundamental, aunque de aplicación menos difundida,
estaba constituido por un tablón frontal y otro
posterior que se amarraba con el anterior mediante bandas.
En conjunto producía un efecto de prensa que
daba como resultado una configuración reclinada,
o “tabular oblicua”, del cráneo.
Debe señalarse que los tablones se podían
combinar con bandas para restringir la expansión
bilateral del cráneo (pseudo-circular). Incluso
hay ejemplos, aunque escasos, de modelados que habían
sido logrados únicamente con vendaje (anular
o circular), prescindiendo de planos rígidos.
En otros casos se usaba una banda sagital como parte
del dispositivo deformador, que dividía la bóveda
en dos lóbulos prominentes (bilobulada).
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
_____________________
• Vera Tiesler. Maestra en arqueología
por la enah y doctora en antropología por la
UNAM. Estudios en historia, medicina y antropología
física. Investigadora de la Universidad Autónoma
de Yucatán. Especialista en bioarqueología,
tafonomía y prácticas mortuorias entre
los mayas.
• Arturo Romano Pacheco. Maestro
en antropología física por la ENAH y la
UNAM. Investigador emérito del INAH. Especialista
en craneometría, deformación cefálica
y osteología forense. Fue director del Museo
Nacional de Antropología.