Decir
que la religión de los mayas del Clásico
no incluía dioses parecería una provocación,
pues se considera natural la existencia de divinidades
en la religión de los mayas de todas las épocas.
Sin embargo, si tomamos en cuenta sus representaciones
y el culto que se les rinde, las criaturas que conforman
el mundo mítico del Clásico no tienen
ni la naturaleza ni el carácter de los dioses
del Posclásico.
| La
diosa Ix Chel en el Códice Madrid, f. 30,
Posclásico Tardío. Aquí la
anciana está regando la tierra con su cántaro
volcado.

La diosa Ix Chel en el Templo
de los Guerreros, columna 16 este, Chichén
Itzá (Yucatán), Posclásico
Temprano.Esta anciana carga un cántaro
para regar la tierra.
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Poner
en duda la existencia de dioses entre los mayas del
Clásico provoca indignación. Pocos son
los escépticos que siguen el camino abierto por
los grandes pioneros como George Kubler, Tatiana Proskouriakoff
y Heinrich Berlin; hoy, esta tesis la abandera Joyce
Marcus (1978), quien también cuestiona a los
dioses zapotecos del Clásico. Sólo unos
cuantos investigadores aceptan discutir el tema, incluso
para expresar su desacuerdo (Rivera Dorado, 2006). En
la tradición occidental premonoteísta
(religiones del Mediterráneo, Egipto, Grecia
y Roma), el politeísmo siempre tuvo un amplio
desarrollo, y las artes de esas civilizaciones, a las
que se puede agregar la India, se dedicaron en gran
parte a la representación de sus divinidades.
Por ello, quienes conciben a los dioses como un elemento
natural de la religión, no la imaginan sin dioses.
Parecen olvidarse de las religiones de numerosas sociedades
de África, Asia y América que no tenían
o no tienen dioses. Por supuesto, esto no significa
que esas sociedades no creyesen en lo sobrenatural,
o que no tuvieran el sentido de lo sagrado; pero la
costumbre de llamar dios a cualquier criatura dotada
con poderes que trascienden los del hombre, es una simplificación
abusiva. Los mundos míticos o sobrenaturales
están poblados por seres extremadamente variados
en cuanto a naturaleza, identidad, apariencia, estatus,
poder, jerarquía, función, relaciones
y atribuciones. Además, los seres de otros mundos
son objetos de culto o no lo son, y, a su vez, esos
cultos tienen formas distintas, cuya importancia es
variable. Pertenecen a numerosas categorías,
así, desde el animismo panteísta hasta
el monoteísmo, las poblaciones míticas
abarcan grandes fuerzas cósmicas, y éstas
tienen algunas veces asistentes de rango inferior, como
los tlaloques de Tláloc del México
central. Cabe recordar que dentro de una misma religión
coexisten formas divinas muy elaboradas y espíritus
no muy bien definidos. Con frecuencia, dentro de un
sistema politeísta se encuentran tendencias monoteístas;
a la inversa, los monoteísmos más intransigentes
aceptan a santos, profetas y ancestros a los que se
rinde culto.
Historia de los dioses
mayas
Los dioses constituyen el nivel superior de una jerarquía
de criaturas sobrenaturales. Sin constituir forzosamente
un panteón muy estructurado, tienden a multiplicarse
rápidamente y a distribuirse los espacios y los
roles. El politeísmo es un sistema en perpetua
evolución. En la civilización maya, los
dioses aparecen tímidamente hacia 1000 d.C. en
Chichén Itzá, Yucatán, debido al
impulso de otras religiones mesoamericanas. A partir
del siglo XIII y hasta la conquista su número
no cesa de aumentar, así como de precisarse su
condición. Aparecen sus imágenes esculpidas
en templos (Tulum, Quintana Roo) o en estelas (Mayapán
–Yucatán–, Cozumel –Quintana
Roo), modeladas en incensarios del tipo Chen Mul, pintadas
en los muros de edificios religiosos (Tulum, Santa Rita
Corozal –Belice), grabadas y pintadas en vasijas
de cerámica, y dibujadas en los tres códices
que han llegado hasta nuestros días. A este conjunto
conviene agregar las divinidades citadas en las crónicas
europeas (fray Diego de Landa) o indígenas. En
los Libros de Chilam Balam o en el Ritual de
los Bacabs su número parece infinito. Es evidente
que muchos de estos nombres en realidad son títulos
o sobrenombres, varios de ellos referidos a la misma
criatura.
El mundo mítico de los mayas del Posclásico
constituía un conjunto particularmente heterogéneo,
con sólo unas cuantas de sus criaturas reconocidas
en toda la zona (dios del cielo, dios de la lluvia y
del rayo, del comercio), y divinidades con representaciones
en un espacio más limi-tado, a veces poco conocidas
o incluso desconocidas, así como otras más
que gozaron de una sola referencia gráfica o
escrita. Esta situación se podría comparar
con el conjunto de santos europeos en el que, al lado,
de los santos de mayor popularidad, como San Jorge,
San Miguel, San Cristóbal, San Nicolás
o San Roque, aparecen santos locales, cuyo nombre sólo
se conserva en el de los pueblos de los que eran patronos,
sin saber más de su historia, sus atributos y
su función.
Traducción: Luz
María Santamaría
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Claude-François Baudez. Director de investigación
honorario del Centre National de la Recherche Scientifique
de Francia. Ha realizado investigaciones arqueológicas
en Costa Rica, Honduras y México.