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La
antigüedad de los dioses de la lluvia les
otorga poderes particulares: ellos son los que
dan el valor y el mando, son los guardianes de
la tradición. Los dioses de la lluvia meso-americanos
son los dioses autóctonos por excelencia
y, a semejanza de Tláloc, encarnan la Tierra,
es decir, el territorio.
El rostro de Tláloc
está formado o cubierto por dos serpientes
estilizadas que forman los ojos y dan a la nariz
un aspecto retorcido. Al enfrentarse, las fauces
de las dos serpientes dibujan una boca. Posclásico
Tardío. Museo del Templo Mayor.
Foto: Jorge Pérez
de Lara / Raíces |
El
dios de la lluvia se llamaba Tláloc (o Tlálloc)
entre los nahuas, entre los mayas se le conocía
como Chaac (o Chaahk), para los zapotecos era Cocijo
(o Cociyo), los mixtecos lo llamaban Dzahui (o Savui),
los totonacas Tajín (o Aktsini). Desde luego,
esta lista no es exhaustiva ya que en Mesoamérica
había por lo menos tantos nombres de dioses o
espíritus de la lluvia como idiomas o culturas.
Tláloc, al que mejor conocemos, tenía
al menos 26 advocaciones (Contel, 1999), cada una relacionada
con su naturaleza o con sus funciones. No conocemos
los nombres exactos de los dioses de las culturas más
antiguas, pues para nombrarlos se emplean vocablos genéricos
que remiten más bien a un concepto o a una imagen.
Imágenes
de los dioses de la lluvia
De todos los cronistas del siglo XVI, fray Diego Durán
–en Historia de las Indias…–
es el que describe de manera más “explícita”
la imagen del dios azteca de la lluvia: “La estatua
[…] era de piedra labrada, de una efigie de un
espantable monstruo; la cara muy fea, a manera de sierpe,
con unos colmillos muy grandes”. Las palabras
del dominico, si se hace caso omiso de las evidentes
connotaciones peyorativas, hacen hincapié en
algunos de los rasgos comunes a los dioses de la lluvia
mesoamericanos. Coincide con numerosas representaciones
de Tláloc, y en particular con una escultura
de la Colección Uhde que se conserva en el Museo
Etnográfico de Berlin. El rostro del dios está
formado o cubierto por dos serpientes entrelazadas cuyos
cuerpos forman la nariz retorcida y los ojos. Al juntarse,
las fauces de las serpientes forman una boca con seis
ganchos.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, los
rasgos del dios azteca, que comparte de forma casi idéntica
con Dzahui, su correspondiente mixteco, pero también
con sus predecesores, los Tláloc tolteca y teotihuacano,
aparecen mucho más estilizados. Al resultar imposible
hacer aquí una descripción completa, se
pondrán sólo de realce algunos elementos
característicos comunes y constantes.
Entre esos rasgos destacan los anillos oculares o anteojeras,
visibles también no sólo en los dioses
antes mencionados, sino también en las representaciones
de Cocijo. Los “ojos” están a veces
adornados con volutas dirigidas hacia las sienes, como
las de Chaac. El labio superior tiene la forma de un
“bigote” y la nariz es serpentíforme.
La boca y la nariz de Cocijo tienen el aspecto de una
máscara bucal de ofidio. A veces, la banda labial
se yergue para terminar en una simple, doble o triple
voluta en forma de trompa, parecida a la de los llamados
mascarones de Chaac, omnipresentes en la arquitectura
sagrada maya del Clásico y el Posclásico.
Chaac es identificable en particular por una cabeza
con una nariz larga en forma de trompa y un rizo por
encima de la nariz. La boca de todos estos dioses suele
tener dientes o ganchos, con número y forma variables.
La boca de Chaac a veces está desdentada y en
los Primeros Memoriales (ff. 84r y 84v) se
describe a Tláloc como a un viejo desdentado.
Para terminar y a modo de transición, añadiré
que los rostros-máscaras de los dioses de la
lluvia también tienen que ver con su naturaleza
o con sus principales atribuciones. Estoy convencido
por ejemplo que el conjunto de la cara y cabeza de Tláloc
representan nubes y lluvia, como tendremos la ocasión
de comprobar más tarde. De momento, señalemos
sólo que según el Códice Florentino
(lib. II, cap. 25), el sacerdote de Tláloc que
dirigía la procesión de la fiesta de etzalcualiztli,
dedicada a Tláloc, llevaba la máscara
del dios. Ahora bien, según aquella fuente en
náhuatl, el sacerdote se ponía la quiyauhxáyac,
la tlalocaxáyac, es decir, “la
máscara de lluvia”, “la máscara
de Tláloc”. Incluso en el calendario adivinatorio,
el día quiáhuitl, “lluvia”,
se representa precisamente con el rostro de Tláloc
o su forma abreviada.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
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• José Contel. Profesor
e investigador en la Universidad del Littoral-Côte
d’Opale (Francia). Doctor por la Universidad de
Toulouse II con la tesis titulada: Tlalloc, “L’Incarnation
de la Terre”. Naissance et métamorphoses
(en prensa). Ha publicado varios artículos sobre
el dios de la lluvia azteca, el más reciente:
“Tlálloc, el cerro, la olla y el chalchíhuitl.
Una interpretación de la lámina 25 del
Códice Borbónico”, en Itinerarios,
vol. 8, Varsovia, 2008, pp. 151-180.