DOSIER
Dioses mayas
Tomás Pérez
Suárez
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El
fenómeno religioso, expresión universal
tan antigua como el hombre mismo, está
presente tanto en sociedades de cazadores-recolectores
como en grupos de agricultores y pastores. No
obstante, es en las sociedades estatales donde
adquiere mayor relevancia en el control del universo
y como sostén de la estructura sociopolítica.
Sus dioses, de alguna manera, reflejan la estratificación
social existente entre los hombres que los crean.
Como muchos pueblos del mundo, el maya necesitó
y construyó un cuerpo de creencias religiosas
para explicar el origen y la estructura del cosmos,
así como para justificar el papel que la
humanidad juega en el mantenimiento del orden
en esa realidad. Ante la imposibilidad de explicar
las causas que producen los más diversos
fenómenos naturales crearon un mundo imaginario
formado por seres sobrenaturales. A ellos se les
otorgó el don de crear todo cuanto existe,
las expresiones materiales y las espirituales.
Algunos son polivalentes (poseen aspectos positivos
y negativos), multifacéticos (tienen varias
advocaciones y se representan de diversas maneras)
y poseen el don de la ubicuidad y la omnipresencia
(ocupan todos los rumbos y niveles del cosmos).
Si bien varios documentos coloniales registran
nombres y características de numerosos
dioses mayas, fue Paul Schellhas quien, a principios
del siglo XX, identificó las primeras imágenes
de ellos en los códices del Posclásico.
Utilizó 15 letras mayúsculas para
nombrar cada uno, de la A a la P, nomenclatura
que aunque modificada, aún se utiliza para
identificar las imágenes de los principales
dioses. Trabajos posteriores han permitido reconocer
la existencia, naturaleza y nombre de algunos
de ellos en las imágenes del periodo Clásico,
y aun en las del Preclásico.
Un resumen del actual conocimiento de los dioses
mayas, producto de numerosas investigaciones que
sería imposible enumerar en tan breve ensayo,
es el que se presenta en este glosario mínimo.
Se trata de 13 dioses principales, no por ser
los únicos, sino por el carácter
simbólico que este número poseía
para la religión maya y por las limitaciones
de espacio del presente ensayo.
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Tomás Pérez Suárez. Arqueólogo
por la ENAH. Investigador en el Centro de Estudios
Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas,
UNAM.
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Itzamnaaj.
El dios creador (dios D)
Diversas fuentes señalan
que Itzamnaaj era el dios supremo del panteón
maya, aunque conocido con otros nombres. Se creía
que era creador de todo cuanto existe e imagen
misma del cosmos, como lo expresa su nombre, alusivo
a un mundo formado por grandes reptiles bicéfalos,
uno en cada rumbo del universo.
Por sus cualidades de dios creador se le personificó
como un anciano. Su residencia era celestial,
y desde ahí dictaba los designios del cosmos,
sentado sobre una banda astronómica, símbolo
de planetas y otros cuerpos celestes que en las
representaciones zoomorfas puede formar parte
de su cuerpo. |
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Debido a su omnipresencia también
se le representó de otras maneras y recibió
varios nombres, según sus múltiples
advocaciones. Como ave (Itzam Ye) simbolizaba el
nivel celeste, y como cocodrilo (Itzam Kab Ayin),
el plano terrestre; su imagen igualmente puede mostrar
atributos de venado, serpiente, pez y jaguar, por
lo que además se le asociaba con el agua,
el rocío, el fuego, el hálito de vida
y la muerte.
En la escritura jeroglífica, el nombre de
Itzamnaaj está formado por un prefijo, en
forma de escudo o espejo, y el rostro mismo de la
deidad. Ambos, o sólo el prefijo, fueron
utilizados en los textos para identificar sus imágenes
o como parte del nombre de algunos gobernantes. |
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K’inich
Ajaw. La deidad solar (dios G)
Generador del tiempo, la luz,
el calor y los cuatro rumbos del universo, el
Sol, llamado K’inich Ajaw (Señor
de Ojo Solar), era tan importante como el dios
creador, pues se concebía como una de las
manifestaciones de Itzamnaaj.
El símbolo más frecuente para nombrarlo
fue la flor cuadripétala del glifo k’in
(Sol, día, tiempo y fiesta), que hace alusión
a los cuatro rumbos del cosmos, razón por
lo que la cabeza de la deidad solar se utilizaba
para representar el número 4 (chan o k’an).
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Sus imágenes
antropomorfas, como símbolo distintivo, frecuentemente
muestran esta flor cuadripétala en el rostro
o en el cuerpo. Porta orejas de jaguar, barba como
metáfora de los rayos solares, dientes superiores
limados en forma de T o de diente de tiburón,
nariz roma, una vírgula enrollada en forma
de 8 en el entrecejo y grandes ojos cuadrados que
muestran un fuerte estrabismo.
Los gobernantes del periodo Clásico ostentaron,
como parte de su nombre, el título de K’inich
(Ojo o Rostro del Sol), distintivo que explica la
costumbre de causar intencionalmente el estrabismo
entre algunos niños, quizá los destinados
al gobierno y al sacerdocio.
Por la tarde desciende al inframundo transformado
en jaguar, señor del mundo subterráneo
y Sol nocturno, como aparece en su versión
del dios GIII en el Templo del Sol de Palenque,
donde se registra que fue el segundo en nacer. En
los textos jeroglíficos es frecuente encontrar
un mono, patrono de las fiestas y las artes, sustituyendo
al Sol. |
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K’awiil.
Deidad de los linajes divinos (dios K; dios GII)
Cetros, bastones, barras bicéfalas,
tocados y otros accesorios utilizados por los
gobernantes del Clásico muestran reiteradamente
imágenes de K’awiil (Abundante Cosecha),
como insignias del poder divino a ellos conferido.
Es posible que el llamado dios Bufón, personificación
del poder, sea una de sus manifestaciones.
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Esta
deidad de cuerpo humano y una pierna en forma de
serpiente, posee la cabeza de un ser sobrenatural
con vírgula en el ojo, una larga trompa de
reptil provista de molares y un largo colmillo.
En la frente porta un espejo (en ocasiones éste
puede sustituir todo el rostro), en el cual está
inserto un elemento en forma de hacha, antorcha
o cigarro del que brotan volutas que representan
las hojas del maíz, fuego o humo. Asociado
con la nobleza, el relámpago, las semillas,
las ofrendas de sangre, la fertilidad y la germinación,
era guardián de la vida y regente de los
cuatro cuadrantes del cosmos.
De los tres dioses creados, según los textos
del Templo de la Cruz Foliada de Palenque, K’awiil
(GII) fue el último en nacer. En el Posclásico
los yucatecos lo denominaban B’olon Tz’akab
(Nueve Generaciones, Cosa Perpetua o Eterno) y quizá
sea el Tohil (Tormenta) o Huracán (Rayo de
una Pierna) de las tierras altas de Guatemala.
Igual que Itzamnaaj, del cual es una manifestación
más, era una deidad que reunía atributos
terrestres y celestiales. El glifo de K’awil
fue utilizado en el nombre de varios gobernantes. |
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Nal.
El dios del maíz (dios E)
Los mitos documentan la importancia
del maíz al señalar que con su masa
se creó la humanidad maya, lo que explica
la existencia de una deidad vinculada con el maíz.
Su característica es la de ser un hombre
joven con una acentuada deformación craneal
y sin ningún rasgo animal; es la imagen
misma de los humanos.
Como personificación del grano sembrado
realiza varios ritos en el inframundo. Viaja en
una canoa conducida por los dioses remeros, es
ataviado por mujeres jóvenes y desnudas,
y finalmente germina de la caparazón de
una tortuga, símbolo de la tierra. En este
último acto se presenta flanqueado por
dos dioses (Hun Ajaw y Yax B’alam), quienes
se cree son la versión de los héroes
gemelos (Hunajpu e Xb’alan-ke) del Popol
Vuh, hijos de Hun Junajpu.
La cabeza del dios puede sustituir a las mazorcas
y sus largos cabellos se equiparan con los del
elote. En las inscripciones se le utilizó
para señalar el número 8 (waxak),
por lo que puede considerarse patrono de esta
cifra. Igualmente debió ser el dios tutelar
del día k’an, cuarto del calendario
ritual, que representa un grano de maíz.
En los códices este glifo aparece en el
tocado de la deidad, y de él germina la
planta.
A pesar de que contamos con numerosas representaciones,
su nombre no es del todo conocido. El jeroglífico
que acompaña a sus imágenes en los
códices se ha leído como nal (maíz). |
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Yum
Kimil. El señor de la muerte (dios A)
El mundo subterráneo
(metnal en yucateco, olontic en tzotzil o xibalbá
en quiché) era residencia de varias deidades
vinculadas con la muerte, la fecundidad y la germinación.
El dios principal de este reino posee nombres
que señalan su naturaleza cadavérica:
Ah Puch (El Descarnado), Kisin (El Flatulento),
Yum Kimil (Señor de la Muerte) o Kimi (Muerte).
También puede poseer nombres calendáricos:
Hun Ajaw (Uno Señor), Hun Came (Uno Muerte)
y Vucub Came (Siete Muerte).
Se le representó con la imagen de un cuerpo
humano esquelético, o bien mostrando signos
de putrefacción como vientre hinchado,
emanación de aromas fétidos por
la nariz o por el ano, puntos o partes oscurecidas
que indican la descomposición de las carnes,
collares o pulseras formados por cascabeles en
forma de ojos con las cuencas vacías y
un tatuaje parecido a nuestro signo de porcentaje
(%) en el rostro o en el cuerpo.
Se trata de un
ser andrógino que al igual que los humanos
realiza actividades rituales y cotidianas propias
de ambos sexos, por lo que se le observa en actos
como fumar tabaco, presenciar sacrificios, quebrar
un árbol o una cuerda, danzar frenéticamente
en el inframundo, copular con la diosa lunar o confeccionar
textiles en un telar de cintura.
En la escritura jeroglífica, un cráneo
descarnado representa el número 10 (lahun),
y uno de los 20 días del calendario ritual
era kimi o kame (muerte). Además, un mascarón
descarnado, como manifestación de Itzamnaaj,
era el portal del inframundo.
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Ix
Chel. La diosa lunar (diosa I; diosa O)
Esta deidad femenina, igual
que la Luna (u’ o uh), a la cual estaba
íntimamente asociada, era un ser multifacético.
Sus imágenes la muestran como una mujer
joven (Luna creciente) o como una anciana (Luna
menguante). Era patrona de los oficios característicos
de su género, especialmente los relacionados
con la concepción, el embarazo y el parto,
pero igualmente era deidad de la medicina, los
textiles, la pintura, las aguas, el arco iris,
la fertilidad de la tierra y la noche. Como diosa
vieja también tenía un aspecto destructivo
que provocaba catástrofes e inundaciones.Fue
esposa de Itzamnaaj (así se muestra en
las vasijas policromas), por lo que se le identifica
como una diosa madre. Con estos atributos, pero
sin relación lunar, en los textos del Templo
de la Cruz en Palenque se menciona a Muwaan Mat
como progenitora de los tres dioses (GI, GIII
y K’awiil).
En el Clásico se representó como
una mujer joven dentro de un signo lunar y, en
alguno de los casos, cargando un conejo, símbolo
por excelencia de la Luna. Su importancia es evidente
en las imágenes pintadas en vasijas, en
las que aparece participando en varios acontecimientos
míticos. Además, se considera que
muchas de las numerosas figurillas femeninas estilo
Jaina y Jonuta son expresión de su culto.
Sin embargo, es en los códices del Posclásico
donde encontramos la mayor diversidad de sus imágenes,
acciones y atributos. Conocemos varios nombres,
acordes con sus advocaciones: Sak U’ Ixik
(Señora Luna Blanca); Chak Chel (Arco Iris
Grande); Ix Chebel Yax (Señora del Primer
Pincel), e Ix Chel (Señora Resplandeciente
o Señora del Arco Iris).
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Dios
L
Aunque desconocemos el nombre
de esta deidad, podemos decir que se trata de un
ser vinculado con la noche, el inframundo, Venus
cuando no es visible, la muerte, el comercio, la
destrucción, así como con el instante
de la creación del cosmos. Sus rasgos son
los de un anciano con ojos de deidad (vírgula
por pupila) u ojos humanos, orejas de jaguar y,
en ocasiones, presenta parte del cuerpo pintado
de negro.
Ostenta varios atuendos, pero el elemento más
distintivo es el sombrero decorado con plumas de
búho cornudo (ave muwaan) o la misma ave
mítica posada sobre éste. En la espalda
puede portar una capa de textil o una piel de jaguar.
Pero también puede aparecer desnudo mostrando
la flaccidez de su vientre.
Se le representó realizando varias actividades
rituales, ya sea presidiendo desde un trono a dioses
del inframundo, rodeado de mujeres jóvenes
que lo atienden, cortejando o abrazando a la joven
diosa lunar, fumando un gran cigarro o apoyado en
una sonaja tipo bastón, instrumento musical
asociado con las ceremonias de petición de
lluvias. |
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Pawahtún.
Cargador
del cosmos (dios N)
Se creía que eran uno
y cuatro a la vez, cada uno sosteniendo una esquina
del cosmos, razón por la que frecuentemente
se muestran con los brazos en alto, en actitud de
cargar. Sus rasgos son las de un viejo desdentado
con el rostro arrugado y el cabello envuelto en
una red. En ocasiones sostiene una planta de lirio
acuático o la flor de ésta puede aparecer
como parte de su tocado. También se le representó
con un caparazón de tortuga en la espalda,
y su nombre en los códices, además
del número 4, incluye un signo que representa
a esa concha.
Puede emerger de una flor o, lo que es más
común, de una concha de caracol. Reside en
el cielo, la tierra y el inframundo, es decir, sostiene
tanto la bóveda celeste como la superficie
de la tierra. Es de naturaleza pétrea, por
eso en muchas imágenes del Clásico
porta en el cuerpo elementos del glifo tun (piedra).
Este signo es un reforzador fonético, que
junto con el prefijo en forma de red (pa) y el afijo
(wah, “tamal”), que en los códices
aparece como parte de su tocado, forman la palabra
Pawahtún.
Su cabeza se utilizó para representar el
número 5 (jo) y se cree que era la deidad
que presidía los cinco días nefastos
o sin nombre (wayeb’) del calendario solar.
Se le ha identificado con el dios Mam (Abuelo) de
las tierras altas de Guatemala y con los cuatro
B’acab’ (El Primero de la Tierra) de
los yucatecos. Era además patrono de escribas
y pintores. |
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