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Antes
de la llegada de los españoles, Mesoamérica
había sido un universo cerrado. El mundo
mesoame-ricano había sido creado por dioses
diferentes a los del Viejo Mundo y sus habitantes,
aunque nos diga la historia moderna que atravesaron
el estrecho de Bering para luego crecer y multiplicarse
en nuestro continente, remontaban sus orígenes
a otros seres que, como el caso de Oxomoco y Cipactónal,
la primera pareja hu-mana creada en el treceno cielo,
no tuvieron nada que ver con el padre Adán.
Su biología fue modulada por un entorno diferente
al que se enfrentaron los hombres del Viejo Mundo,
de manera que sus enfermedades también variaron.
Se ha dicho repetidas veces que, antes de ese simbólico
12 de octubre de 1492, en esta parte del mundo se
vivía sin padecer enfermedades, en un idílico
paraíso de abundancia tropical. Esto, aunque
fue la visión de numerosos cronistas y autores
indígenas, incluido quien escribió
el Chilam Balam de Chumayel, es completamente
falso.Aun cuando el número de pobladores
aumentó notoriamente durante el siglo XV
y los primeros años del siglo XVI, cuadruplicándose,
por ejemplo en el valle de Teotihuacan, y llegó
a unos 25 millones en el Centro de México
de acuerdo con cálculos de Woodrow
Borah y Sherburne F. Cook, la enfermedad y
la muerte acechaban a esos antiguos pobladores.
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Anciano jorobado por deformación
congénita de la columna. Cultura de Occidente.
Clásico Temprano. Colima. MNA.
Foto: Marco Antonio Pacheco / Raíces
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