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Tras la conquista y la evangelización,
la
danza del Volador, al ser vista más como
un espectáculo que como un rito, logró
sobrevivir a las prohibiciones y se realizaba en
el marco de celebraciones cristianas, como en el
bautizo de los indios de Colhuacan en 1530. Códice
Azcatitlan, lám. 27. Digitalización:
Raíces
Ceremonia
de origen prehispánico con
varios simbolismos que, gracias a su carácter
ritual y espectacular, se ha practicado por cerca
de diez siglos.
En 1938, luego de una serie de complicadas diligencias,
logramos que los huastecos del estado de San Luis
Potosí dieran nuevamente vida a la Danza
del Volador, que habían dejado en el olvido.
A continuación se describen las principales
fases de esta danza. En primer lugar, se llevan
a cabo ritos preparatorios, como continencia sexual,
ayuno, danzas nocturnas preliminares y, finalmente,
banquete con ofrendas dirigidas a los dioses, a
los difuntos y a los principales objetos de la ceremonia.
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Cierta
mañana, después de haber tomado algunas
prevenciones rituales, se procede a cortar el árbol
que habrá de servir como mástil; dicha
ceremonia se lleva a cabo con música. Posteriormente,
el tronco es cargado o arrastrado hasta la plaza del
pueblo. Se ata cerca de su punta superior una especie
de collar, compuesto por cuerdas y trozos de madera,
que es una pieza esencial, ya que brindará
más tarde un punto fijo de apoyo. De ese collar
prenden cinco cuerdas; cuatro de ellas servirán
para el descenso o vuelo de los danzantes,
mientras que la quinta, enrollada en varias vueltas
en torno al mástil, habrá de servir
como escalera.
El tronco es levantado con ayuda de horquetas y cuerdas
hasta que su base cae en el hoyo previamente cavado
para este fin, en cuyo fondo ha sido arrojado un pollito
vivo. Se procede entonces a sujetar el mástil
con cuñas y puntales. Ya sólo falta
colocar el mecanismo que lo hace girar: la primera
pieza es un cilindro hueco de madera, semejante a
un mortero invertido, que cubre la punta del mástil;
se ata a él un marco cuadrado compuesto por
tablas, coronado por cuatro arcos adornados con follaje.
Los danzantes trepan a dicho marco para sentarse en
él. Visten sus trajes usuales, pero llevan
un tocado de plumas rojas y portan alas de águila
falsas, atadas a sus muñecas mediante cordeles.
El capitán de la danza o kohal, ataviado
con una túnica roja y azul, sube a su vez para
sentarse en el bloque terminal. Mirando hacia el este,
empieza invocando a las deidades propicias: extiende
las alas en la dirección indicada y hace sonar
un silbato que imita la aguda voz de las águilas.
Luego se pone de pie en la punta del mástil.
Gira sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales,
presentando a manera de copa una jícara cubierta
con un lienzo blanco, así como una botella
de aguardiente; llenando su boca, vaporiza unos cuantos
tragos de aguardiente, lanzándolos hacia el
frente. Una vez efectuada esa ofrenda simbólica,
se pone su tocado de plumas rojas y, agitando las
alas, baila frente a cada uno de los cuatro puntos
cardinales. |