arqueología mexicana

El jaguar en el
México prehispánico

ÍNDICE 72  
DOSSIER Tigres, tigrillos, leones y tecuanes
El icono felino en México El jaguar: espíritu de lo silvestre
Tras la huella del jaguar en Teotihuacan "El jaguar prehispánico. Huellas de lo divino"
Jaguares y pumas de Tula y Chichén Historias de saqueo. 1985
El simbolismo del jaguar en Mesoamérica MUSEOS: Oaxaca
El jaguar entre los mayas GUÍA DE VIAJEROS: Hidalgo
El jaguar en la cosmovision mexica CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO

ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

TRAS LA HUELLA DEL JAGUAR EN TEOTIHUACAN

María Elena Ruiz Gallut

Sol del inframundo, corazón del monte y día del calendario, el jaguar hace sentir su presencia en Teotihuacan: toma lugar en las procesiones, aparece ocupando el lugar de la cabeza en imágenes de personajes, se convierte en metáfora para ser signo y, finalmente, se humaniza.


En el arte teotihuacano los jaguares con frecuencia adquieren rasgos que los acercan a lo humano. Ya sea que se trate de felinos humanizados o de hombres disfrazados de jaguar, su presencia transmite un mensaje esencial. La legitimidad del gobierno se apoya en un discurso mítico en el que el gran felino ocupa un lugar central.
Hombre-jaguar. Clásico Temprano. Mural 7, Tetitla, Teotihuacan, estado de México. Reproducción en el MNA.

Foto: Marco Antonio Pacheco / Raíces

LA CIUDAD Y EL FELINO

Teotihuacan es la “ciudad de los dioses”, la de la geometría cósmica, donde el paisaje del pequeño valle envuelve los volúmenes masivos de sus dos grandes pirámides para conferirles la sacralidad de un entorno natural, hoy incomprendido y poco valorado. Es la que, a partir de sus calzadas que la seccionan en cuatro, se desdobla y multiplica en cientos de calles, plazas y patios, la que guarda para sí los nombres de sus gobernantes y nos muestra sólo un rostro fragmentado de su esplendor. En ella, una presencia participa en los discursos de la piedra labrada, en los muros pintados y los tiestos de cerámica anaranjada, en los entierros de dignatarios y personajes de alto rango: el jaguar.
Concebido por otras culturas mesoamericanas como corazón del monte y día del calendario, Sol del ocaso que se encamina al mundo de los muertos y noche vasta que, como su piel, se tachona de manchas para ser inconfundible, el jaguar cobra vida en Teotihuacan y se atreve en las paredes de recintos, se detiene en los umbrales, se corona con diademas y penachos de plumas preciosas, transforma su naturaleza animal para convertirse en hombre.

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María Elena Ruiz Gallut. Doctora en historia del arte; especialista en pintura mural teotihuacana. Investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.







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