En
Oaxaca, el grupo etnolingüístico mixteco
ocupa un extenso y variado territorio y se encuentra
internamente diferenciado en muchos aspectos. En este
texto mostramos la vigencia de una rica vida simbólica
sincrética que se reproduce aún en contextos
adversos, como los construidos por la migración
y las nuevas alternativas religiosas.

Tatamandones encargados del
ritual de pedimento de lluvia en el cerro Yuku Chakua
custodiando
a la Virgen de la Natividad. Santiago Jamiltepec, Oaxaca.
Foto: Denise Lechner Edelkind / Proyecto Nacional de
Etnografía de las Regiones Indígenas de
México (pnerim)
La
Mixteca contemporánea
El territorio del grupo etnolingüístico
mixteco ocupa en Oaxaca una superficie de 18 759 km2,
pero si se incluyera a los mixtecos de las regiones
fronterizas de los estados de Puebla y Guerrero, ocuparía
mucho más de 20 000 km2.
La región mixteca, al igual que otras de las
ocho regiones en que se ha dividido al estado de Oaxaca,
es pluriétnica. En ella conviven, junto con los
mixtecos, los chochos, los ixcatecos, los triquis, los
tacuates, los amuzgos y los “morenos” de
la costa. La tradicional delimitación geográfica
separa la Mixteca en Alta, Baja y de la Costa, que son
espacios de gran diversidad ecológica y con un
panorama económico y social heterogéneo.
En este variado espacio geográfico habitan agricultores
de clima frío, templado y cálido, pescadores,
pastores de cabras, jornaleros migrantes, artesanos,
comerciantes y un creciente sector de prestadores de
servicios. En las últimas décadas un número
significativo de mixtecos ha accedido a la condición
de profesores de escuela y muchos incluso a profesiones
universitarias.
Existen numerosas variantes lingüísticas,
cuya inteligibilidad depende principalmente de la frecuencia
de contactos entre sus hablantes. [Para la escritura
del mixteco recurrimos al alfabeto práctico desarrollado
por ellos mismos, utilizando pocos signos fonéticos
y sin consignar los tonos que pueden ser inferidos del
contexto por el hablante. La vocal alta central (entre
i y u) se grafica como + (i crucificada), correspondiente
a la E invertida del alfabeto fonético internacional.
La x se corresponde con la fricativa sh, ng
con la n velar, ty con la t palatalizada, y
el signo ‘ para el stop glotal. Los términos
se escriben de acuerdo con la variante de cada localidad.]
Como todas las lenguas nativas de México, el
mixteco sufrió con intensidad la compulsión
castellanizadora posrevolucionaria. Por otra parte,
la intensa dinámica migratoria de las últimas
décadas ha influido de forma notable en el aprendizaje
del castellano. El panorama actual de la lengua no es
homogéneo, aunque cuenta con un elevado número
global de hablantes. Hay también localidades
que se autoidentifican como mixtecas a pesar de haber
perdido la lengua. Es decir que el número de
mixtecos identitarios, de gente que puede invocar una
filiación mixteca y que eventualmente practica
la cultura, es sensiblemente mayor que el de los mixtecos
parlantes. El etnónimo que designa al conjunto
de los hablantes de la lengua mixteca es el de y+v+
davi, que refiere al pueblo o la gente de la lluvia.
Existe una clasificación geográfica basada
en el clima predominante en cada área, aunque
ello no se corresponde en forma estricta con subgrupos
lingüísticos o culturales: y+v+
davi ñuu i’ni = gente de los pueblos
calientes, y+v+ davi ñuu
vidi = gente de los pueblos templados, y y+v+
davi ñuu viji (o vixi) = gente
de los pueblos fríos, que se relaciona de manera
aproximada con la tradicional regionalización
antes mencionada.
En casi todas las localidades de la Mixteca Alta existen
lugares considerados sagrados o con algún especial
significado mítico o histórico, que configuran
una compleja geografía sagrada y con atributos
históricos. Así, en la Mixteca Alta, en
Apoala es muy visitado el río Yutsa to’on,
“río de los linajes”, donde creció
el árbol originario del cual se desprendieron
los mitificados linajes gobernantes. En Santiago Tilantongo
es venerada la zona arqueológica de Monte Negro,
lugar donde tuvo su asiento el señorío
de Oco Ñaña, Veinte Jaguares. En el límite
sur de la Mixteca Alta se encuentra el cerro Yucu Casa,
que es considerado el lugar donde está la entrada
al inframundo por gran parte de los pueblos de esta
región; sólo algunos y+v+
tatna (sacerdotes) son capaces de “abrir”
el lugar por donde ingresan los espíritus de
los muertos a la morada del inframundo.
ARTÍCULO
COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
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•
Miguel Alberto Bartolomé. Doctor en sociología
por la unam e investigador del Centro INAH Oaxaca, donde
se desempeña como antropólogo social y
etnólogo. Miembro del Consejo Académico
del Proyecto Nacional de Etnografía del INAH.
• Alicia Mabel Barabas. Doctora
en sociología por la unam e investigadora del
Centro INAH Oaxaca, donde se desempeña como antropóloga
social y etnóloga. Miembro del Consejo Académico
y coordinadora del Equipo Oaxaca, en el Proyecto Nacional
de Etnografía del INAH.