
Foto: Marco Antonio Pacheco
/ Raíces
Poseedor de características
que lo hacen el más poderoso de los animales,
al jaguar se le asociaba con el gobierno. Los
señores, que solían proclamar una
relación mítica con el gran felino,
frecuentemente utilizaban elementos propios del
jaguar y en ocasiones se vestían como tales.
Es el caso de este gobernante representado en
un pintura mural de Cacaxtla, Tlaxcala, prácticamente
cubierto por una piel de jaguar y con garras en
lugar de pies.
Cultura olmeca-xicalanca. Epiclásico. Cacaxtla,
Tlaxcala. Edificio A, muro norte.
PRONTO ESTARA EN LÍNEA...
Hermoso pero mortífero,
el jaguar evoca las más intensas emociones
humanas. Fuerte y ágil, con un agudo sentido
del olfato y afiladas garras, se convirtió
en parangón de las virtudes masculinas,
identificado con cazadores y guerreros y, por
analogía, con la guerra y el sacrificio.
Asesino silencioso y furtivo, su habilidad para
ver en la oscuridad lo asocian con la brujería
y la magia, como alter ego de chamanes o espíritu
familiar de sacerdotes y reyes.
Tal vez fue su capacidad para cazar en tierra,
sobre los árboles y en el agua lo que le
valió el papel mítico de señor
de los animales y de patrono espiritual
de las fuerzas de la fertilidad. Otro rasgo igualmente
importante, que los pueblos indios de México
conocen bien, es que todos los animales son presa
del jaguar sin que él lo sea de ninguno.
Sólo los humanos matan al jaguar, lo que
podría explicar la creencia, ampliamente
difundida entre los indígenas americanos,
en la igualdad espiritual de ambos. Partiendo
de esa visión del mundo, cada hombre lleva
en su interior un jaguar y cada jaguar podría
ser a su vez un hombre disfrazado.
_________________________
Nicholas J. Saunders. Doctor en arqueología
por la Universidad de Southampton. Profesor del
Departamento de Antropología del University
College London, Londres.