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LA religión mexica

ÍNDICE 91  
DOSIER: La religión mexica HIST. DE ARQUEOLOGÍA: El peregrinar la Piedra del Sol
Los mexicas ante el cosmos ARQUEOLOGÍA: El arte rupestre, Guanajuato
El mundo sobrenatural ANTROPOLOGÍA FÍSICA: El cuerpo humano
Los “2 000 dioses” de los mexicas PIEZA: Espina con inscripción de Comalcalco
Ochpaniztli. La fiesta de las siembras MITOS Y CUENTOS: Nuestro Abuelo el fuego
Historia sobre religión mexica DOCUMENTOS: Códice Madrid
La cosmovisión de los nahuas CONCURSO: La sangre y el oro

Ochpaniztli

la fiesta
de las
siembras
de los
antiguos
mexicanos

Michel Graulich

 

 

Para los antiguos mexicanos, ochpaniztli era la fiesta de las siembras, inicio de año, fiesta de renovación cuando se recreaba la tierra y se celebraba el nacimiento del dios del maíz.

 

 

 

En la fiesta de la veintena de ochpaniztli, “barrido”, se barría, se renovaba todo, y se pintaban los templos, para el inicio de un nuevo ciclo ritual. Por ello los representantes de las deidades plasmados en este manuscrito ostentan escobas en las manos, símbolo de esta fiesta. Fray Bernardino de Sahagún, Primeros Memoriales, f. 251v.

Reprografía: M. A. Pacheco / Raíces

Las fiestas de las veintenas y el calendario
Para interpretar el significado de las 18 fiestas de las veintenas (“meses” de 20 días), más los 5 días aciagos llamados nemontini, que conformaban el año solar, es necesario determinar en primer lugar si los mexicas utilizaban o no el bisiesto en su calendario. Al igual que Alfonso Caso y Eric Thompson, considero que jamás hubo bisiesto ni adaptación del calendario al año real. Tanto los mexicas como los mayas dejaron deliberadamente que su calendario se desfasara a fin de no afectar su concordancia con el calendario de 260 días y con los ciclos venusinos. A partir de los nombres de las veintenas, algunos de los cuales aluden a épocas precisas del año (principio o fin de la estación de lluvias, por ejemplo), se puede determinar la posición “original” de las veintenas. En efecto, entre la posición original de las veintenas y su posición en 1519 d.C. (cuando a su llegada, los españoles registran estas fechas y su correlación con el calendario occidental), el desfase fue de 209 días y, en consecuencia, se desarrollaron 836 años (cuatro veces 209) desde que ese calendario coincidía con el “año real”, hacia 680-683 d.C.
A partir de esta reconstrucción, se pueden analizar las fiestas de las veintenas que sí tenían una significación estacional pero que estaban desfasadas respecto del año real. Al deslizarse un día cada cuatro años, el calendario de las veintenas determinaba un año ritual, esotérico, que tenía la imagen perfecta del año real pero que le precedía siempre, de manera que podía influir en los acontecimientos mediante sus ritos. Por lo anterior, los sacerdotes reforzaban su dominio sobre el pueblo y en particular sobre los agricultores, quienes, como lo menciona fray Diego Durán, estaban obligados a dirigirse a ellos para saber en qué momento debían proceder a la siembra o a la cosecha.

La fiesta de ochpaniztli
En su origen, la fiesta se desarrollaba del 3 al 22 de abril y con el desfase, en 1519, del 1 al 20 de septiembre. En su concepción original, el año empezaba al principio de la veintena de ochpaniz-tli, nombre que significa “barrido”. En efecto, como suele pasar en muchos calendarios de otras regiones del mundo, durante el primer mes se procedía a una limpieza general, se barría, se renovaba todo, se pintaban de nuevo los edificios, etcétera. La temporada seca asimilada con el día se terminaba, el Sol y las estrellas se ocultaban, y penetraban la tierra para fecundarla. Así, de la tierra nacía el dios del maíz, quien era también Venus como Estrella de la Mañana. La vegetación renacía, era el principio de la noche asimilada con la temporada de lluvias.

ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Michel Graulich. Doctor en filosofía y letras por la Universidad Libre de Bruselas; profesor de arte y arqueología de Mesoamérica en la misma universidad. Autor de varios libros sobre esos temas.

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Alfredo López Austin
La cosmovisión mexica concebía que la realidad divina estaba traslapada en el espacio de las criaturas, se creía en una doble naturaleza del tiempo y del espacio.



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