arqueología mexicana
Arqueología subacuatica

ÍNDICE 105 La arqueología subacuática y las comunidades costeras
Nacimiento y desarrollo de la arqueología subacuática Tratamientos mortuorios en los cenotes
Naufragio del navío Nuestra Señora del Juncal (1631) La riqueza natural y cultural de Banco Chinchorro
El Galeón de Manila. La ruta transpacífica ARQUEOLOGÍA: Taxidermia y cautiverio de águilas
El brig U.S.S. Somers HISTORIA: Heráldica indígena. Iconografía tipo códice
Lagunas del Nevado de Toluca, estado de México ANTROPOLOGÍA FÍSICA: Rituales funerarios
Cenotes y cuevas inundadas de la península de Yucatán HISTORIA DE LOS CÓDICES:: Códice Vaticano A-Ríos
La arqueología subacuática y el poblamiento de América DOCUMENTO: Pintura, Relación Geográfica de Teutenango

El naufragio del navío Nuestra Señora
del Juncal (1631)

Flor Trejo Rivera


Flotas de la Carrera de Indias

A lo largo de más de dos centurias, el sistema de flotas de la Carrera de Indias tendió un largo puente de madera y velas entre España y el Nuevo Mundo. Aunque el barco era, en ese momento, el mejor invento logrado por el hombre, algunos navíos sufrieron percances durante su travesía. La arqueología subacuática estudia uno de los naufragios más conocidos del siglo XVII.

Las desgracias marítimas causadas por la naturaleza fueron inevitables en la ruta de las flotas de la Carrera de Indias; además, los ataques enemigos eran frecuentes. A fin de proteger los navíos, se determinó, a partir de 1520, que los viajes entre la metrópoli y el Nuevo Mundo debían realizarse en convoy. Arribo de la flota de la Nueva España al puerto de San Juan de Ulúa, 1622.
Tomado de Cardona, 1989. Digitalización: Raíces


Los restos de un naufragio constituyen la memoria del infortunio de un barco y la muestra del trágico destino de un puñado de tripulantes. Pero el momento en que las implacables aguas del mar devoran al navío, ese eterno instante, representa únicamente la culminación de una suma de circunstancias que llevaron al accidente. Interpretar esa pequeña fracción temporal para acceder a los vestigios del buque siniestrado, puede convertirse en uno de los retos más apasionantes de la investigación arqueológica. La Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH, desde 1995 lleva a cabo un proyecto de investigación sobre la flota de la Nueva España de 1630-1631 y su accidente en la Sonda de Campeche.
A lo largo de la ruta de las flotas de la Carrera de Indias fueron inevitables las desgracias marítimas. A partir de 1520, se determinó que los viajes entre la metrópoli y el Nuevo Mundo debían realizarse en convoy, a fin de protegerse de los ataques enemigos. En el caso de la flota de la Nueva España se trató de un grupo de embarcaciones mercantes, escoltadas por dos navíos de guerra, capitana y almiranta. Concebidos los despachos anuales, la escasez de barcos y de recursos para pertrecharlos provocó que, en la práctica, las flotas zarparan regularmente cada dos años. Con este dato podemos imaginar una cantidad significativa de velas surcando, a lo largo de 250 años, el vasto mar que une a ambos continentes. Los enemigos encarnizados de las flotas fueron, principalmente, el mal tiempo y los ataques de los adversarios de la monarquía católica. A los factores climáticos y estratégicos se agregaban otras circunstancias menos aleatorias, como el desconocimiento geográfico o la mala interpretación cartográfica de una ruta, navíos inadecuados o mal carenados para una larga travesía. La expresión “navegando se encomienda al viento y a las túmidas olas la hacienda y cosas. Y se pone la vida a tres o cuatro dedos de la muerte, que es el grueso de la tabla del navío”, repetida constantemente en los tratados y manuales de navegación, revela la fragilidad de la embarcación en un medio hostil, pero también descubre la osadía de los navegantes al romper la barrera entre lo desconocido y el reto de imponerse al mar.
Resulta inabarcable determinar a ciencia cierta cuántas embarcaciones sufrieron percances y accidentes durante la vigencia de la Carrera de Indias. Un conteo de los registros localizados en acervos históricos arroja una cifra de poco más de 200 naufragios ocurridos en el Golfo y el Caribe mexicanos. De lo expuesto, se desprende que el mayor número de incidentes ocurrieron a lo largo del siglo XVII.
El interés por recuperar los restos de embarcaciones existe desde que la posibilidad de acceder a ellos fue factible. Durante las centurias de intensa navegación entre Europa y las Indias, los ingenios y máquinas para recobrar los objetos sumergidos más valiosos, principalmente metales preciosos y artillería, fueron perfeccionándose. Sin embargo, con los recursos tecnológicos de la época sólo era viable el buceo a escasa profundidad.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Flor Trejo Rivera. Maestra en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH y especialista en la navegación de la Carrera de Indias de los siglos XVI y XVII.


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