El
Occidente de México es una sub-área
cultural de Mesoamérica poco conocida. En comparación
con otras regiones, de su vida prehispánica
hay escasa información. Los contados relatos
de acontecimientos relevantes ocurridos entonces en
la región provienen de las crónicas
u otros documentos escritos por conquistadores, misioneros
y viajeros. Sin embargo, los hechos que recogen provienen
sobre todo de la época de la conquista, es
decir, del momento mismo del encuentro entre los habitantes
indígenas locales y las huestes militares españolas.
Hacen falta, pues, los datos que nos permitirían
asomarnos con mayor conocimiento al pasado prehispánico
de esa área.
La arqueología es una disciplina que mediante
el estudio de los materiales excavados tiene la facultad
de poder asomarse al pasado y reconstruirlo en parte.
De aquí la importancia del proyecto de investigación
que en años recientes ha llevado a cabo la
Dirección de Salvamento Arqueológico
del inah en El Cajón, Nayarit. Este proyecto,
que tuvo su origen en la construcción de una
presa hidroeléctrica, contribuyó notablemente
al conocimiento del pasado cultural de la región.
Destacan especialmente los trabajos realizados en
el sitio La Playa, ubicado en la margen derecha del
río Grande de Santiago, donde se excavaron
múltiples tumbas de tiro con sus respectivos
entierros y ofrendas.
Entre los hallazgos de La Playa, con una antigüedad
de aproximadamente dos mil años, se encuentran
muchos objetos de barro, como vasijas, cajetes y esculturas
de animales y seres humanos. Entre estos últimos
hay jugadores de pelota, siameses, músicos,
ancianos, mujeres embarazadas y guerreros. Estas piezas,
tan diferentes a las de otras partes de Mesoamérica,
son un indicador arqueológico muy útil
para conocer ciertos aspectos relacionados con la
estratificación social y en general con la
vida cotidiana de aquella época en el Occidente
de México. Además, desde nuestro punto
de vista, constituyen quizá la única
posibilidad de acercarnos a las características
reales que identificaban a la sociedad prehispánica
de la región.
En este trabajo hacemos una comparación entre
los elementos iconográficos representados en
las esculturas de barro mencionadas y los “pintados”
o “borrados” que forman parte de las celebraciones
de la Semana Santa cora en la población de
Santa Teresa del Nayar. Nuestra intención es
proponer que el origen de algunos elementos de esta
celebración de tradición prehispánica
se remonta por lo menos a unos dos mil años
de antigüedad, a la denominada tradición
Tumbas de Tiro del Occidente de México.
Guerreros
de barro
Las piezas más numerosas excavadas en La Playa
son las de los guerreros. Sus representaciones en
Nayarit poseen un estilo propio: tienen, respecto
de otros sitios mesoamericanos, distintos rasgos faciales,
cuerpo más robusto, otra decoración
y pintura corporal. A estos guerreros nayaritas se
les puede identificar de pie o en cuclillas. Entre
los primeros, existen piezas de cuerpo cilíndrico,
a manera de vasijas trípodes, que llevan sombrero
o casco bicorne, algunas veces presentan tocado en
forma de cresta de gallo y visten una rígida
camisa protectora o peto. En opinión de algunos
investigadores, es posible que esta camisa haya sido
elaborada con gruesas capas de algodón para
amortiguar los golpes recibidos en combate. Dichos
guerreros se distinguen también por tener las
piernas gruesas y los brazos pequeños. En las
manos llevan un arma en forma de macana de madera.