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Diversas crónicas
del siglo XVI se ocupan de los mexica-tlatelolcas, si
bien hay que tener en cuenta que al formar parte originalmente
del grupo azteca-mexica, la gran mayoría de los
datos reportados por las crónicas comienzan a partir
del momento en que ocurre la separación entre unos
y otros una vez asentados en Tenochtitlan. Sin embargo,
tenemos algunas noticias de los tlatelolcas antes de su
llegada a la Cuenca de México. Fray Juan de Torquemada
proporciona información, en el libro segundo de
su Monarquía indiana, sobre los primeros pasos
de los futuros tlatelolcas en relación con un suceso
ocurrido una vez que parten de Aztlan. Refiere el fraile
cómo Huitziton ofrece dos bultos: en uno de ellos
se encuentra una fina piedra verde y en el otro, dos palos
para encender el fuego. El primero se le otorga a los
que más tarde conoceremos como tlatelolcas, mientras
que el otro se entrega a los mexicas.
Desde entonces empieza a haber cierta disputa entre los
dos grupos que años después, ya asentados
en Tenochtitlan, desencadenará la separación.
La disputa se prolongó durante la convivencia de
las dos ciudades, Tenochtitlan y Tlatelolco, y se manifestó
de distintas maneras: que si Tlatelolco se fundó
antes que Tenochtitlan; que si Tenochtitlan tuvo rey antes
que Tlatelolco o fue al revés; que si unos eran
cobardes y los otros más aguerridos, etc. Tlatelolco
destacó como ciudad comercial (quizá por
eso se le entregó la piedra verde, el chalchihuite,
que venía de lejanas regiones y servía,
entre otras cosas, como moneda), y Tenochtitlan se erigió
como cabeza de la Triple Alianza, una vez liberada de
Azcapotzalco, es decir, tuvo el poder político
y militar. Lo cierto es que la rivalidad entre ambas ciudades
los llevó a la guerra, que culminó en el
momento en que Axayácatl conquistó Tlatelolco
y ésta quedó sometida a los designios de
Tenochtitlan.
La
fundación de Tlatelolco
Varias son las fuentes históricas que relatan que
hacia 1337 un grupo inconforme decide trasladarse a un
islote al norte de la recién fundada Tenochtitlan.
El lugar escogido se conoce como Xaltelolco, “lugar
del montículo redondo de arena”, donde fundarán
la ciudad de Tlatelolco, “mon-
tículo redondo”. En el glifo que conocemos
de la ciudad se ve un montón de arena sobre el
que yacen un águila, un escudo, una lanza y una
macana, o en ocasiones se muestra a un gobernante sentado
sobre el montículo. Ambos casos se ven en las Ordenanzas
del señor Cuauhtémoc, mientras que en el
Códice de Tlatelolco se ve sólo al gobernante
sentado encima del cerrillo de arena. Una forma simplificada
muestra solamente el montículo, como se aprecia
en varios códices.
En las Ordenanzas del señor Cuauhtémoc
se describe el difícil inicio de Tlatelolco:
…vinieron a buscar su ciudad de Tlatelolco. Por
primera vez obtuvieron tierras vuestros abuelos, allá
donde fueron a mirar el lugar de descanso del águila
que era su guía, entre las cañas y los
tules, adonde habían ido ya, donde les había
parecido bien. Allá fueron para descubrir en
medio de las aguas lo que habrían de comer; por
primera vez empezaron a pescar con redes, y atraparon
diversas clases de animalillos, como pescados, moscos
de agua, rana y aves, y éste fue el descubrimiento
de los que al principio obtuvieron tierras, de los laguneros
cazadores. Allá comenzaron a levantar sus jacales,
a construir su ciudad, a tomar posición de su
ciudad; y nadie se apropiará de ella, porque
será la propiedad y la herencia de sus hijos
en el futuro.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
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Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas,
especializado en arqueología. Fue director del
Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional.
Profesor emérito del INAH. |