Las vasijas de cerámica
de Chupícuaro, Guanajuato, son policromas
y predominan los colores rojo, crema y negro,
y los diseños geométricos. MNA.
Foto: Boris de Swan / Raíces |
Mediante el recuento de los principales sitios
en la región del Bajío, en el que
se abordan los periodos de ocupación –desde
el Preclásico hasta el Posclásico–,
las características arquitectónicas
y los tipos cerámicos, entre otros aspectos,
se ofrece una síntesis de la historia prehispánica
de Guanajuato.
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En
territorio guanajuatense corre uno de los ríos
más importantes del país: el Lerma. Su
caudal es regulado en el presente por varias presas
en el curso de su largo recorrido desde Lerma hasta
Chapala, pero en la época prehispánica
fue un río de grandes crecidas en tiempo de lluvias
y de curso lento en secas. Alrededor de las planicies
del Lerma se levantan sierras entre las que se destaca,
al norte, la Sierra de Guanajuato, sede de una de las
operaciones mineras más importantes del país
desde la época de la Colonia. Por el poniente
emerge la Sierra de Pénjamo y por el oriente
la de Los Agustinos. En Guanajuato el Lerma es alimentado
por varios ríos, entre ellos el de La Laja, el
Guanajuato y el Turbio. A las planicies que se extienden
a lo largo de estos ríos, junto con las extensiones
análogas hacia Jalisco y Querétaro, se
les conoce como el Bajío, región que alcanzó
el mayor desarrollo en Guanajuato durante la época
prehispánica, en gran medida por la relativa
fertilidad de sus suelos y las posibilidades que el
sistema hidrológico ofrecía a una práctica
agrícola intensiva. En épocas modernas
se convirtió en el granero del país y
hoy es la región donde se encuentran los mayores
centros de población del estado.
Preclásico
En Guanajuato, las primeras evidencias de una ocupación
de agricultores plenamente sedentarios provienen del
sitio de Chupícuaro, la mayor parte del cual
se encuentra actualmente bajo las aguas de la presa
Solís, construida en el río Lerma. Fechas
recientes de radiocarbono remontan su ocupación
entre 400 y 100 a.C., en el periodo conocido como Preclásico
Tardío.
La cerámica que se encontró en este sitio
es muy distintiva: vasijas policromas en colores rojo,
crema y negro, con diseños geométricos,
acompañadas de figurillas huecas, usualmente
femeninas, con el cuerpo decorado con idénticos
diseños. Ese mismo material cerámico se
ha encontrado a lo largo del Lerma concentrado en pequeños
sitios, sin arquitectura monumental, siempre próximos
a la planicie de inundación del río. Se
trata de plataformas bajas, de planta rectangular, sobre
las que se habrían levantado estructuras de material
perecedero; son de grandes dimensiones, lo que sugiere
que se trata de residencias de familias extensas. La
distancia entre cada uno de estos sitios es grande,
lo suficiente para sospechar que en esa época
las comunidades no competían por el acceso a
los suelos fértiles y agua en abundancia; sin
embargo, en las excavaciones de salvamento hechas en
el sitio de Chupícuaro se encontraron entierros
de individuos decapitados, así como de cabezas
desprendidas, todo lo cual apunta en la dirección
de enfrentamientos, quizás de carácter
ritual.
Es posible, sin embargo, que desde esa época
estuviera en juego el acceso a recursos estratégicos,
específicamente la obsidiana, abundante en la
Sierra de los Agustinos y en Zinapécuaro-Ucareo,
ambos a corta distancia de Chupícuaro, y en el
extre-mo poniente del estado, en los depósitos
de las sierras de Abasolo y de Pénjamo. La pre-sencia
de obsidiana de estas regiones en Cuicuilco, D.F., sugiere
que desde fechas tempranas algunas de las poblaciones
a lo largo del Lerma participaron en una extensa red
de comercio, a la que aportaron obsidiana, actividad
comercial que, en principio, habría impulsado
y reforzado diferencias sociales. En apoyo de esta tesis
se presenta el hecho de que la distribución de
la cerámica de Chupícuaro es muy amplia:
vasijas idénticas en formas y decoración
se han encontrado en abundancia, por ejemplo, en el
sur de Querétaro; en la Cuenca de México
han aparecido asociadas a figurillas de ese mismo complejo
alfarero (H4 y de ojos rasgados). Asimismo, quienes
han analizado la obsidiana de Cuicuilco, han hecho notar
que en este sitio la obsidiana de “Occidente”,
concretamente de Zinapécuaro-Ucareo, es abundante,
mientras que la de la Sierra de las Navajas, Hidalgo
–supuestamente controlada por Teotihuacan desde
comienzos del Clásico– es muy escasa. De
ser correcta la idea de una red de comercio como la
planteada, entonces se ubicaría en esta época
la aparición en el sur de Guanajuato de las primeras
sociedades estratificadas.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN
IMPRESA
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Enrique Nalda. Arqueólogo y doctor en antropología.
Investigador de la Dirección de Investigación
y Conservación del Patrimonio Arqueológico,
INAH. Miembro del Comité Científico-Editorial
de esta revista.