Este importante
manuscrito mixteco prehispánico se encuentra
actualmente resguardado en la Biblioteca Nacional
de Austria, en Viena, donde está clasificado
con su nombre en latín: Codex Vindobonensis
Mexicanus I, Al parecer, desde etapas muy tempranas
del contacto entre la antigua Mesoamérica y
Europa, el códice ya se encontraba en manos
de altos funcionarios de la corona española,
pero en realidad se desconoce cómo llegó
al viejo continente.
Al reverso de la página 2 del manuscrito se
ve un pequeño texto escrito en latín
que causó no pocos dolores de cabeza a varios
investigadores. El autor de dicho texto fue el humanista
alemán Johann Albrecht Widmanstetter, en el
que dice que el códice había sido obsequiado
por el rey Manuel I de Portugal al papa Clemente VII
y éste, al morir, lo heredó al cardenal
Hipólito de Medicis para que, posteriormente,
quedara en manos del cardenal de Capua, Nicolaus von
Schömberg.
No obstante, como ha demostrado atinadamente Maarten
Jansen, el autor del texto en latín no sabía
a ciencia cierta de dónde provenía el
códice, pues el rey Manuel de Portugal falleció
a finales de 1521 y muy difícilmente pudo haber
recibido el manuscrito de manos de los enviados de
Hernán Cortés, quienes llevaban la Segunda
Carta de Relación para entregarla directamente
al rey Carlos V. No fue sino hasta mediados de 1522
cuando el rey de España se entrevistó
con los emisarios de Cortés y quizá
pudo recibir el documento mixteco, pero no es nada
seguro. La Segunda Carta de Relación está
fechada el 30 de octubre de 1520 y ya para ese tiempo
Cortés había tenido contactos con la
Mixteca. Por otro lado, tampoco hay claras evidencias
de que el códice realmente haya sido uno de
los enviados por Cortés en su Primera Carta
de Relación, llamada Carta de la Justicia y
Regimiento de Veracruz (fechada en 1519), pues para
ese entonces los conquistadores únicamente
habían recorrido la península de Yucatán
y la costa del Golfo.
Todo parece indicar que tal vez el códice estuvo
en manos de hombres religiosos, pues el cardenal Adriano
Florencio de Utrecht (maestro de Carlos V y elegido
papa en enero de 1522 con el nombre de Adriano VI)
fue quien recibió primero a los enviados de
Cortés mientras se desempeñaba como
regente de España durante las ausencias del
rey. De esta manera, es probable que el códice
lo obtuviera Adriano VI y lo llevara consigo en su
viaje a Roma para tomar posesión del pontificado.
Sólo así se explicaría el hecho
de que el manuscrito estuviera en manos del papa Clemente
VII (sucesor de Adriano VI), sobre todo si consideramos
que las relaciones políticas entre Carlos V
y Clemente VII fueron siempre muy conflictivas.
Como quiera que haya sido, en 1534 Clemente VII le
heredó el códice a su sobrino Hipólito
de Medicis, pero éste no pudo disfrutarlo completamente
pues murió envenenado al año siguiente.
Un poco antes de morir Clemente VII, el cardenal de
Capua ofreció dos mil monedas de oro para la
protección del joven Hipólito a cambio
de recibir el manuscrito. En 1535, dicho cardenal
recibió su “herencia” de manos
del ejecutor del testamento de Hipólito tras
su fatal envenenamiento.
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