Nuevos datos sobre la historia del Códice Colombino han aparecido en recientes investigaciones que nos permiten reconstruir un poco más las vicisitudes que llevaron al documento a pasar por diferentes manos entre los siglos XVIII y XIX. Sabemos, gracias a los estudios pioneros de Mary Elizabeth Smith, que el códice aún pertenecía a los caciques de Tututepec hacia 1717, cuando el manuscrito prehispánico fue convertido en una especie de “mapa escrito” que sirvió como título de las tierras del señorío de Tututepec durante un litigio contra el pueblo de San Miguel Sola en la Mixteca de la Costa.
Nada sabemos del códice hasta que apareció en 1863 en poder de un importante abogado llamado Manuel Cardoso, originario de la ciudad de Puebla. Para 1869 un corredor o agente comercial llamado Primitivo Sobrino estuvo encargado de vender el documento después de la muerte de Cardoso y, al parecer, en ese mismo año el historiador Alfredo Chavero no sólo compró el ahora denominado Colombino, sino dos pictografías más: el Códice Dehesa y el Códice Ciclográfico, este último una falsificación de la época.
Finalmente, en 1891 Francisco del Paso y Troncoso, como representante del Museo Nacional y de la Junta Colombina de México, adquirió el documento que pertenecía a la valiosa colección de antigüedades del comerciante alemán José Dorenberg, quien había reunido, durante varios años, un conjunto muy importante de piezas arqueológicas. De acuerdo con los documentos que actualmente se resguardan en el Archivo Histórico del Museo de Antropología, la Colección Dorenberg fue adquirida por la cantidad de 7 500 pesos, de los cuales 4 000 fueron pagados por la Junta Colombina con los fondos que le había destinado el gobierno de Porfirio Díaz, y los 3 500 pesos restante, por el Museo Nacional.
Una parte de la historia conocida del Códice Colombino la debemos a Chavero quien, después de haber comprado los códices a la viuda de Cardoso, se los mostró a Manuel Orozco y Berra, aunque más tarde el propio Chavero no pudo conservar sus manuscritos, pues tuvo que venderlos al prestamista Francisco Iturbe. Poco tiempo después, Iturbe permitió a Chavero recuperar sus cosas con la condición de devolverle la cantidad recibida, pero los códices quedaron en manos de los corredores Rafael Lucio y José María Pérez. Finalmente, Pérez vendió dos códices en Puebla y uno en Veracruz. En Puebla, el Colombino fue adquirido por Dorenberg, y en Veracruz, Teodoro Dehesa compró el códice que hoy lleva su nombre. Pero ¿qué sabemos del códice en una etapa anterior? ¿Cuál es la historia del manuscrito hasta que lo poseyó Cardoso en 1863?.
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