Del pequeño grupo de códices prehispánicos que sobrevivió a la conquista española, el Códice Laud es, quizá, uno de los que mayor perfección muestra tanto en el trazo como en el manejo de los colores. El artista-escribano que realizó el códice guarda una línea muy depurada, alcanza una gran precisión en los contornos de las figuras así como en la aplicación de los colores al plasmarlos de manera uniforme, lo que demuestra una virtuosa destreza del pintor cuya filiación étnica desconocemos.
Pero no solamente en la extraordinaria técnica pictórica se distingue este importante manuscrito: el Códice Laud tiene interesantes diferencias con el Códice Borgia, el Vaticano B o el Cospi, pues contiene secciones que no aparecen en los demás códices adivinatorios. En lo particular, el Códice Laud mantiene una estrecha relación con la parte ritual del Códice Porfirio Díaz o Códice de Tututepetongo, manuscrito proveniente de la región cuicateca situada en la parte norte del estado de Oaxaca.
El Códice Laud se encuentra actualmente en la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, Inglaterra, catalogado con el número 678. Durante mucho tiempo se le consideró un documento egipcio, pues el códice ha sido conservado dentro de un estuche de piel que tiene adherida una etiqueta que dice: Liber Hieroglyphicorum Aegyptorum MS, “libro manuscrito de jeroglíficos egipcios”. Una inscripción en latín colocada directamente sobre la cubierta del códice dice que perteneció al arzobispo de Canterbury, William Laud, en 1636.
Durante más de un siglo diversos especialistas han discutido la manera en que William Laud adquirió el documento en el siglo XVII. Nada se sabe sobre la historia anterior a esa fecha, ni de dónde exactamente pudo haber salido este extraordinario códice.
En 1905, Walter Lehmann lanzó la hipótesis de que el documento pudo haber sido obsequiado al arzobispo Laud por el entonces príncipe de Gales, más tarde conocido como Carlos I de Inglaterra, quien realizó un largo viaje a España en 1623 con la intención de acordar un matrimonio
con la infanta María, hija de Felipe III y establecer una alianza (Lehmann citado por Martínez Marín, 1961, p. 27).
Más tarde, Cottie Burland en 1966 sugirió que el manuscrito había pertenecido al ocultista John Dee, quien lo deja como herencia al arzobispo Laud en 1608 (Anders y Jansen, 1994: 28). Sin embargo, Ferdinand Anders y Maarten Jansen proponen que el códice llegó a manos de Laud a través de Thomas Howard, conde de Arundel, durante un viaje que éste realizó a Alemania y Austria en 1636.
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Manuel A. Hermann Lejarazu. Doctor en estudios mesoamericanos por la UNAM. Investigador en el CIESAS-D.F. Se especializa en el análisis de códices y documentos de la Mixteca, así como en historia prehispánica y colonial de la región. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. |